A las 7 de la mañana subimos a la camioneta. Ya el sol estaba pegando fuerte. Para mí, el aire era más limpio, como si la habitual presencia de smog hubiera sido filtrada.

Estábamos en Yurimaguas, Perú, en los llanos de la Amazonía. A tres horas de Tarapoto por carretera, a través de las montañas, o 3 días por barco desde Iquitos.

Fui con el proyecto Paisajes Sostenibles para la Amazonía del CIAT. En este proyecto, los investigadores trabajan con los productores en dos sitios de la Amazonía (Yurimaguas y Caquetá), para promover opciones productivas más sostenibles.

El proyecto consta de muchos componentes. Durante mi tiempo en los dos sitios del estudio, asistí a un taller sobre suelos, observé la toma de muestras de carbono en una vitrina forrajera, presencié cómo un grupo de estudiantes evalúa la biodiversidad y los stocks de carbono en los paisajes, y hablé con los investigadores que implementan las encuestas socio-económicas.

Pero sobre todo, visité las fincas del proyecto que adoptaron sistemas nuevos y escuché a los productores involucrados.

El primer día, fuimos a 6 chacras (como se les llama a las fincas en Perú), y con cada productor charlamos un rato. La semana siguiente, estuvimos en el otro sitio del proyecto, en Caquetá, Colombia. En total, visitamos 35 fincas. En Caquetá, hubo más distancia para recorrer, y las ‘chacras’ se reconvirtieron en ‘fincas’, pero las visitas fueron parecidas y también las charlas: los temas cubrieron los nuevos sistemas productivos, las implementaciones del proyecto, las áreas de conservación, y, especialmente, los arbolitos.

Los árbolitos son muy importantes. Cada finca tiene franjas sembradas con árbolitos de varios tipos, escogidos especialmente en un proceso de co-diseño entre los productores y los investigadores. Hoy están chiquitos e indefensos, pero algún día, van a ser árboles grandes: cercas vivas de las fincas, sombra para el ganado, restauración para el suelo, protección para el agua, fuentes de ingreso, secuestro de carbono, provisión de oxígeno, y más.

Estaba sorprendida porque nunca había escuchado sobre los árboles, o su rol, en el proyecto. Conocía más sobre el rol de las coberturas o el trabajo con los suelos. Esto tiene sentido: los árboles son jóvenes, y con ellos se necesita mucho tiempo para ver los efectos finales. Pero creo que los efectos finales serán impresionantes e importantes en esos paisajes carentes de alivio del sol.

Muchos de los productores también aprovechan estas franjas para sembrar alimentos para comer o vender, como yuca, plátano, maíz, y cacao. También, los productores tienen bancos de proteínas para el ganado y huertos caseros para la familia.

Otra cosa que me impactó por su importancia fueron las áreas de conservación de los bosques restantes. Los productores tienen un acuerdo para conservar al menos tres hectáreas de bosque restante. El área exacta fue seleccionada teniendo en cuenta consideraciones como fuentes de agua que necesitan protección y el tipo de bosque (primario/secundario).

Y por último, los pastos. La siembra de los pastos está tan poco avanzada en Perú, que la diferencia con Colombia me sorprendió. En Perú, pisábamos fácilmente pastos no mucho más altos que el suelo. Mientras tanto, en Colombia, a veces necesitábamos vadear por pasto que alcanzaba hasta la cintura.

Entendí que la diferencia entre el progreso del pasto en los dos sitios tiene mucho que ver con la habilidad de traer y usar un tractor antes de sembrar. El suelo en estas regiones está tan degradado que es muy difícil hacer las plantas crecer sin este trabajo de arar la tierra. Y aprendí a ver la diferencia entre buenos pastos y malos pastos para las vacas.

En los dos sitios, los productores nos compartieron sus historias, sus experiencias, y sus ideas. Descubrí que para mí, los detalles pequeños son los realmente reveladores del proyecto, por eso quiero compartir algunos de ellos.

En Yurimaguas, una productora nos dijo que siempre había querído sembrar cacao, que muchos quieren hacerlo pero no pueden, y sin embargo el proyecto lo hizo posible para ella. También en Yurimaguas, otro productor nos reveló que no le importaba ceder por ahora su pastura porque, “ahora las vacas ni siquiera pueden producir (leche) por el calor”. El último día, un productor de mayor edad, rodeado por sus hijos, sus nietos y sus cachorros jugando en el suelo, nos comentó que todo este trabajo no era para él, sino para las generaciones que vienen.

En Caquetá, le preguntamos a un productor joven, quien trabaja con su padre en la finca, ¿por qué el ganado necesita sombra?, a lo que él respondió, “Todos nosotros necesitamos la sombra… Ellos necesitan lo mismo: sombrío, agua, y comida”.

Otro productor jocosamente nos dijo, “Toda esta tierra era ‘un llano’, YA NO servía para nada, pues los suelos se degradaron y no había pastos”. La esposa de un productor nos dijo cortésmente que ella estaba muy feliz de que su marido estuviera sembrando árboles; más tarde el equipo, entre risas, nos dijo que era la esposa quien quería los árboles y que ella empujó a su esposo a participar en el proyecto.

Fotos de los productores con equipos del proyecto

Hablando de los equipos y estudiantes locales del proyecto, es impresionante ver su trabajo. Ellos trabajan muchísimo con los productores y se pueden apreciar las relaciones estrechas entre ellos. Un productor hizo un poema para el proyecto, con el título de “Katalina”, para la Katalina que trabaja con el proyecto en esta parte de Caquetá.

Finalmente, otros productores hablaron de los cambios en la biodiversidad que se habían notado con las nuevas coberturas y mejores suelos. En una finca, un parche de árboles en una piscina de su área de conservación, se volvió el nuevo hogar de centenares de aves. Otro productor dijo que antes nunca había mariposas, ahora su finca está llena de ellas.

Para terminar, uno de los elementos más conmovedores fue la pasión con la cual muchos de los productores hablaban de su trabajo en el proyecto y de la conservación. Muchos estaban orgullosos hasta el punto de volverse competitivos con este trabajo. En Caquetá, un productor nos habló con exasperación de sus vecinos nuevos, quienes compraron la parcela de al lado y de inmediato empezaron a tumbar el bosque: “Ellos no entienden de esto”, nos dijo.

Los productores del proyecto, quienes dependen y conviven con la ganadería, sufren el impacto en sus cosechas, notan las fuentes de agua reducidas y las estaciones recientemente alteradas producto de un sol demasiado fuerte.

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