Comienza el tercer ciclo de cultivo de yuca de los ensayos que están llevando a cabo virólogos del Área de Investigación en Agrobiodiversidad del CIAT, en las localidades de Corozal, Sucre y Palmira, Valle del Cauca. Los resultados preliminares de esta investigación que comenzó en 2013, sobre degeneración de semilla vegetativa –un problema que afecta principalmente a pequeños agricultores en países en desarrollo con poco acceso a semillas limpias- no se hacen esperar.

La degeneración de material de siembra es un problema latente que limita la productividad. A diferencia de los cultivos propagados por semilla sexual, en donde muchos patógenos se filtran en el proceso de producción de la semilla. En la propagación vegetativa, los propágulos (plántulas que son capaces de producir plantas adultas tras su enraizamiento) mantienen los patógenos y estos se acumulan con ciclos sucesivos del cultivo. “Hasta ahora la observación nos ha mostrado que con cada ciclo, las plantas se van infectando con nuevos virus, afectando su productividad y rendimiento” explica Mónica Carvajal, viróloga del Área de Investigación en Agrobiodiversidad del CIAT.

Bajo el marco del Programa de Investigación de CGIAR en Raíces, Tubérculos y Plátano (RTB, por sus siglas en inglés), Mónica, junto a otros científicos de centros de investigación como el Centro Internacional de la Papa (CIP), Bioversity International y el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) trabajan en estrecha colaboración con la Universidad de la Florida, para aportar datos concretos que alimenten y validen un modelo que podría contribuir al desarrollo de un sistema de apoyo para toma de decisiones. Así como facilitar que los agricultores puedan predecir la degeneración de semillas y ver el éxito de ciertas estrategias de manejo en diferentes áreas geográficas para cultivos de papa, plátano y yuca.

La realización de estos ensayos ha requerido de un acercamiento integrado como estrategia para el manejo de la degeneración de semillas vegetativas, involucrando diferentes tácticas como son el uso de variedades resistentes, material de siembra limpio y manejo del agricultor en el sitio. Los tres ciclos de esta investigación se han desarrollado simultáneamente en Corozal, Sucre y en la sede del CIAT en Palmira, Valle, proporcionando así condiciones agroecológicas diferentes en cada localidad, y utilizando variedades con distintos niveles de susceptibilidad a la enfermedad de cuero de sapo.

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Esto ha facilitado “comprobar cómo es la acumulación de virus en ciclos sucesivos y entender cómo ciertas combinaciones de patógenos virales en algunas variedades de yuca, bajo determinadas condiciones ambientales, van afectando el rendimiento del cultivo” destaca Mónica. Gracias a estos ensayos, se han reforzado convenios como el que tiene el CIAT con la Asociación de Productores de Yuca de la Costa Norte (ANNPY), para conocer más y mejor las necesidades de los productores.

“Ellos mismos reconocen que las variedades que están usando cada vez son menos productivas. Siempre han tenido que enfrentar problemas sanitarios, razón por la cual están muy interesados en los resultados de este trabajo”, explica Mónica, quien se prepara para compartir estos y otros resultados en el marco de dos eventos de talla internacional: el 13 Simposio Internacional sobre epidemiología de virus en plantas (IPVE, por sus siglas en inglés), a realizarse en junio en Aviñón, Francia; y el XVII Congreso de interacciones moleculares planta-microbio (IS-MPMI, por sus siglas en inglés), que se llevará a cabo en julio en Portland, Oregón, Estados Unidos.

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