Autores del blog: Ashly Arévalo, José Luis Urrea, Jacobo Arango, Juan A. Cardoso del Programa de Forrajes Tropicales del CIAT; Claire Horrocks y Jennifer Dungait del Centro de Investigación Rothamsted Research.

El suelo es más que un soporte para las plantas: es un sistema vivo con innumerables interacciones entre los minerales, microorganismos, agua, plantas y aire; cuando hay un adecuado balance entre todos estos componentes, tenemos una productividad sostenible de los cultivos en términos económicos y sobre todo ambientales.

Cuando esta interacción se desequilibra, los suelos comienzan a degradarse, reducen su productividad e incluso dejan de prestar servicios ecosistémicos tan valiosos como el secuestro de carbono y preservación del ciclo del agua, entre otros. Es por eso que es tan preocupante que la degradación de suelos en el mundo esté aumentando a una tasa estimada de 5 a 7 millones de hectáreas cada año, esto equivale a un poco más de la mitad de la superficie de Nicaragua, el país más grande de América Central.

Por años, la ganadería se ha considerado como una de las actividades que más ha influido en estos procesos de degradación de suelo, debido a la deforestación, cambios en el uso del suelo y la compactación, que ocurre al destruirse la porosidad natural de la superficie ante la presión del pisoteo de un bovino de cerca de 400 kilos.
Actualmente, el enfoque que busca dar respuesta al reto de recuperar suelos degradados y/o conservar el suelo y a la vez mejorar la producción ganadera, es la siembra de forrajes mejorados (pasturas y leguminosas) de la mano con un adecuado manejo agronómico, el cual incluye prácticas y métodos como sistemas silvopastoriles, fertilización, pastoreo racional, rotaciones, entre otras; dichas prácticas de manejo permiten a los suelos desarrollar cualidades de buena salud como son: el aumento de la materia orgánica, buena estructura del suelo, una mayor profundidad de infiltración debido a la largas raíces de los forrajes, protección contra erosión del suelo, el uso eficiente de nutrientes y una mejor actividad biológica.
Para evaluar estos indicadores de salud de suelo, se pueden realizar análisis exhaustivos de laboratorio, pero implican inversiones significativas que los pequeños productores no siempre están en capacidad de hacer; es por eso que en el CIAT, en colaboración con el centro de investigación Rothamsted Research, buscamos mecanismos para adaptar estas tecnologías de manera más simple y a más bajo costo, de modo que pudieran ser usadas por los propios agricultores para evaluar el efecto de diferentes variedades de forrajes tropicales y su manejo sobre la salud de su propio suelo.
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¿Qué alternativas tienen entonces los productores para evaluar la salud de los suelos de sus fincas?

Dos de los métodos conocidos para el estudio de indicadores de salud de suelo son los análisis de la estabilidad de los agregados del suelo (agrupación de partículas de arena, limo y arcilla que se unen con geles de diferente origen vegetal, animal y microbiano), y la evaluación de la actividad microbiana, pues en general, un suelo más sano tendrá una buena estabilidad de sus agregados y una comunidad microbiana más activa.

Muestras de suelo tamizadas en el cedazo

Prueba de estabilidad de agregados en húmedo

La prueba se llevó a cabo colocando las muestras de suelo en una especie de cedazo (colador) hecho a mano con una tela muy tupida, con una luz de malla de 0.05 mm (ver figuras). El suelo seco dentro de este cedazo se sumergió en agua durante 10 minutos para probar la estabilidad de sus agregados. Esto simula lo que podría suceder durante un evento de lluvia intensa después de un período de clima seco. Si los agregados son suficientemente estables, se mantienen en el colador dejando pasar pocas partículas más pequeñas que la luz de malla. Si por el contrario se pierde una cantidad significativa de suelo a través de la malla, esto indica que el suelo sería más propenso a la pérdida causada por erosión.

Ejemplo de prueba de estabilidad de agregados de suelo

La muestra de la izquierda es de un suelo desnudo (sin plantas) y la de la derecha es de un suelo sembrado con Brachiaria humidicola. En este video (acelerado 6 veces), se aprecia claramente cómo los agregados con pastura mejorada son más estables que los de un suelo sin plantas.

Las muestras de suelo que no tenía plantas mostraron agregados mucho menos estables, indicando una menor calidad de suelo. Esto sucedió también en los parches sin plantas que deja la forma de crecimiento en macollas propio de los pastos Mulato y Mombasa y comparando entre los forrajes el suelo cultivado con CIAT 679 fue el más estable.

Por otra parte, comparamos agregados de suelos donde crece Brachiaria humidicola de diferentes edades y suelo sin plantas; para ello tomamos agregados de aproximadamente 1 cm de diámetro que posteriormente secamos al aire a temperatura ambiente para sumergirse en agua usando una malla de 2mm y probar su estabilidad al agua, durante los primeros 5 minutos y puntuamos la estabilidad de los agregados de acuerdo al grado de desmoronamiento o inestabilidad (video).

Evaluación de la actividad microbiana con bolsas de té

Existe un método muy sencillo para evaluar esta actividad microbiana que incluso puede ser utilizada por los agricultores para evaluar la actividad microbiana del suelo al ver qué tan rápido los microorganismos pueden descomponer bolsas de té (materia orgánica). Para la evaluación, en los mismos campos de 100m2 enterramos a 8 cm de profundidad bolsas de té verde (más fácil de descomponer) y de té rooibos, que por su mayor contenido de lignina (un carbohidrato estructural de las plantas) se descompone lentamente.

Bolsa de té descompuesta por los microorganismos del suelo

Los resultados de la prueba de la bolsa de té fueron interesantes tanto para el té verde y el té rooibos: en los suelos con forraje, la descomposición de las bolsas de té era más rápida, lo que sugiere que las comunidades microbianas son más activas que en suelos desprovistos de plantas, pues hay mayor contenido de materia orgánica, lo que además da una mayor capacidad de los suelos a responder a una nueva fuente de nutrientes.

Además, se ha demostrado que las mayores concentraciones de materia orgánica del suelo generalmente están relacionadas con las condiciones ambientales y una mejor salud del suelo, lo que sugiere una población microbiana más activa y mayores reservas de nutrientes que tienen el potencial de estar disponibles para la absorción de la planta.

Estos hallazgos fueron corroborados con una evaluación de la concentración de materia orgánica del suelo evaluando las muestras en los laboratorios del CIAT por medio del método de pérdida por ignición. Este efecto del forraje sobre la concentración de materia orgánica del suelo muestra aumento del contenido de materia orgánica respecto al suelo sin plantas y los parches entre las macollas de las plantas en las parcelas de Mombasa y Mulato, que tiende a ser más pobre la cantidad de materia orgánica en el suelo.

En conclusión, el uso de estas evaluaciones sencillas permitirían al productor conocer la calidad de sus suelos de primera mano, sin hacer grandes inversiones de dinero, para una pronta toma de decisiones con ayuda de la observación diaria que tienen del estado de las pasturas y de la productividad animal, de modo que puedan manejar mejor sus potreros con una mayor recuperación de las pasturas por ejemplo, en la intensidad de pastoreo, menor tiempo de pisoteo de los animales en un mismo potrero, lo que se traduce a futuro en suelos más productivos en el tiempo.

Reconocimientos

Este estudio se realizó en el marco del Programa de Investigación de CGIAR (CRP por sus siglas en inglés) Livestock, y su eje temático ‘Ganadería y medio ambiente‘. Estudios similares se realizan en Colombia y Costa Rica en el marco del Proyecto LivestockPlus, apoyado por el Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS).

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