Parece un día cualquiera. Los 18 trabajadores de este laboratorio del CIAT con sus batas blancas y muy concentrados cumplen con su tarea: algunos cuentan semillas, otros, ayudados por una gigantesca lupa remueven las que están perforadas o quebradas y algunos más las empacan al vacío en bolsas metalizadas. La última verificación es la de identidad. Las que pasan la prueba visual se comparan con las fotos de la semilla original guardadas en un computador. Todo es silencioso, salvo en algunos momentos en que dos máquinas hacen lo propio.

Por los ‘ojos de águila’ de estos trabajadores pasan alrededor de cien mil semillas cada día. Antes de llegar allí han tenido un riguroso proceso en campos experimentales y en otros laboratorios donde han pasado filtros de control de calidad, pureza y sanidad. Son 80 personas las que trabajan para que las semillas permanezcan vivas al menos hasta dentro de medio siglo. Algunas podrían llegar a vivir hasta los 900 años.

Pero este no es un día cualquiera. Dos cajas azules aguardan en un típico mesón de laboratorio. Poco a poco van llegando los invitados especiales a este ‘ritual de despedida’. Es el primero del año, el número doce en la historia del programa de Recursos Genéticos desde que el CIAT trabaja bajo el Tratado Internacional sobre los Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura y empezó a enviar su colección de semillas de fríjol y forrajes tropicales a la Bóveda Global de Semillas, en la lejana Svalbard, a mil kilómetros del Polo Norte. El CIAT forma parte de ese esfuerzo global para que las personas tengan acceso a los alimentos, en cantidad y calidad, por los siglos de los siglos, la llamada seguridad alimentaria.

En un costado está el científico Daniel Debouck. No pierde mirada a las dos cajas azules. Según el investigador, quien con su equipo ha estado al frente de manera acuciosa de este envío, “Si uno quisiera documentar el movimiento de las semillas a través de estos últimos 500 años, en estas dos cajas está todo el material para una estupenda clase con estudiantes”.

Y es que la diversidad caracteriza este material. Son 323 variedades (muestras vegetales), un total de 31.550 semillas de fríjol, que están listas para iniciar su viaje hacia el Polo Norte. Algunas de estas variedades ya ni siquiera crecen en los campos de sus países de origen. Las desaparecieron.

A la cita también llegan representantes del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Un certificado fitosanitario de exportación da fe de que las semillas salen del país libre de plagas y enfermedades. También acompañan la misión investigadores del programa, personal de seguridad del CIAT y de DHL, la empresa transportadora que tiene la tremenda responsabilidad de entregar sanas y salvas a las viajeras semillas en el aeropuerto de Gardermoen, en Oslo, Noruega.

Aunque en este envío no están presentes las autoridades antinarcóticos, como es costumbre, el procedimiento se hace: de ambas cajas se toman muestras aleatorias de semillas. Suena un clic cuando se quiebra alguna pepita de fríjol para confirmar que esta carga está limpia.

También se escucha un clic, muchos clics de una cámara de fotos. Es Leonardo Caproni, italiano, estudiante de último año de doctorado de la Universidad de Perugia. Con su cámara registra cada movimiento. Está muy emocionado, no puede creer que está en el lugar donde se salvaguardan 46 especies de fríjol de las entre 70 y 90 especies que hay en el mundo y menos aún, que está en el momento justo cuando la materia prima de sus estudios viaja al Polo Norte para no regresar.

Una travesía que dura de cuatro a cinco días. Palmira – Bogotá – Miami – Cincinnati – Leipzig – Copenhagen – Oslo. Allí, personal del Centro de Recursos Genéticos Nórdicos reúne las cajas para el viaje final a la bóveda luego de sobrevolar el océano Ártico.

Diez años de la joya de la corona

Además de alcanzar la copia de seguridad del 94% de su colección de fríjoles y del 92% de forrajes en Svalbard, el banco de recursos genéticos del CIAT celebra también la quijotesca idea del Gobierno de Noruega de hace diez años de convertir una vieja mina en un depósito de semillas para la humanidad.

Por eso la también llamada ‘Bóveda del fin del mundo’ o ‘Arca de Noé de las semillas’, está de fiesta. En la bóveda, a 120 metros de profundidad en una montaña del archipiélago noruego de Svalbard, se guardan más de un millón de muestras de semillas llegadas de casi todos los países del mundo.

Y el CIAT ha sido protagonista en esta historia de conservación desde el mismo momento de la inauguración de la bóveda el 26 de febrero de 2008. Tres semanas antes de darse apertura al centro de almacenamiento de semillas más grande del mundo, el CIAT envío 21.698 muestras de fríjol y 9.213 muestras de forrajes tropicales totalizando 30.911 materiales. Este número ubicó al CIAT en la tercera posición, entre las veinte instituciones que inicialmente pusieron en custodia las semillas en Svalbard. Hoy, diez años después, el banco de germoplasma del CIAT ha enviado un total de 35.789 materiales de fríjoles y 20.284 materiales de forrajes tropicales originarios de 141 países.

Al frente de esta joya de la corona está la fundación Crop Trust, la organización internacional que trabaja para conservar la diversidad de cultivos de forma permanente y que financia a los bancos de germoplasma más importantes del mundo, entre ellos, el del CIAT.

“Es un momento de celebrar que el sistema está funcionando. Lo que comenzó hace diez años hoy día es un elemento clave en todo lo que tiene que ver con la seguridad alimentaria a nivel global, y en el CIAT estamos muy orgullosos de formar parte de esa misión”.

Peter Wenzl

Líder del Programa de Recursos Genéticos del CIAT .

Este lunes es la conmemoración de las ‘bodas de Aluminio’ del banco de semillas de Svalbard, que ha recibido en esta primera apertura del año (lo hace solamente tres veces) 70.000 muestras de semillas procedentes de todo el mundo. Allí, a menos 18 grados centígrados, están las dos cajas azules selladas y marcadas con los rótulos CIAT 167 y CIAT 168. No se pueden perder la fiesta.

Un nuevo hogar para el futuro

Para contribuir a la conservación de la biodiversidad de los cultivos vitales, el CIAT, a través del proyecto Semillas del Futuro, lidera la construcción de un banco de germoplasma de última generación para la conservación y distribución de fríjol, yuca, forrajes tropicales, y sus parientes silvestres.

El banco y las nuevas instalaciones del complejo científico servirán para:

-Aumentar la capacidad de conservación y distribución de colecciones.

-Identificar cualidades nutricionales y de resiliencia al cambio climático de las diferentes variedades, para contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional a nivel mundial.

-Sensibilizar sobre la importancia de la conservación de la biodiversidad, para fomentar el espíritu científico en las nuevas generaciones de Colombia y el mundo.

Vea el video del nuevo banco de germoplasma

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