Vienen saliendo de casa desde 1967 y aunque están dispersas a lo largo y ancho de América Latina, tienen una particularidad: se apellidan CIAT. Se trata de 377 variedades de arroz que se han liberado en este lado del continente en los últimos 50 años y que llevan al Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en su ‘sangre’.

De acuerdo con una ardua investigación adelantada por el grupo de Datos, Información y Conocimiento del Centro, de 857 variedades de arroz que se han liberado desde los inicios del CIAT en 24 países latinoamericanos e islas caribeñas, el 44% son sus descendientes.
Según Fernando Correa, líder del Programa de Arroz, hay características que siguen siendo comunes a lo largo de estos 50 años de historia familiar: son plantas de baja estatura, no se caen por el viento, tienen altos rendimientos, buena calidad del grano y son resistentes a patógenos propios del trópico, entre otros rasgos distintivos.

Pero ¿de dónde viene este linaje?
Un año antes de que surgiera el CIAT, una nueva variedad de arroz en Filipinas, la IR8 liberada por el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI), había logrado lo inimaginable: evitar la muerte por hambre de miles de personas en Asia. Una planta semienana, de corta duración de crecimiento y de alto rendimiento había permitido pasar de 2 a 3 toneladas de producción de arroz paddy (en cáscara) por hectárea a una media de entre 4 y 6 toneladas en promedio, con potencial de rendimiento superior a las 9 toneladas, toda una revolución, la llamada ´Revolución Verde´. En noviembre de 2016, el IRRI celebró el 50 aniversario del lanzamiento oficial de la variedad de arroz que cambió el mundo.

El investigador Peter Jennings, quien lideró el trabajo de investigación de IR8, miró hacia América Latina. Cien kilos de la semilla milagrosa que viajaron desde Filipinas fueron suficientes para que desde la Federación Nacional de Arroceros de Colombia (Fedearroz) se diseminara en Colombia y luego por el resto del continente.

Fue entonces cuando el naciente CIAT encontró en Fedearroz y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) a los mejores aliados para desarrollar a partir de IR8 nuevas variedades de arroz. Metica 1, Tikal 2, Oryzica 1, Oryzica Llanos 4, Oryzica Llanos 5 y las Cica 4, 6, 7 y 8 y otras, se empezaron a sembrar en todo el área de arroz de riego en Colombia con un aumento del 50% en el promedio de rendimiento nacional.

“La liberación de IR8 permitió que los programas de mejoramiento de arroz en América Latina, en estrecha colaboración con el Programa de Arroz del CIAT, liderado en sus inicios por el científico Peter Jennings, evolucionaran logrando sacar al mercado variedades con un gran potencial”, asegura Fernando Correa. Y muestra de ello son las 487 variedades liberadas en América Latina que tiene en sus ancestros IR8.

El prodigioso papá

En las décadas de los 60 y 70 el fértil camino para el arroz en América Latina apenas empezaba. En la primera década de investigaciones se liberaron diez variedades. Luego, llegó la brillante etapa de mediados de los años 80 y 90, cuando el programa de mejoramiento de arroz del CIAT descubría genes, hacía cruzamientos, avanzaba, seleccionaba y enviaba el material a países latinoamericanos y del Caribe, su radio de acción. Fue tal la aceptación que en 20 años se alcanzaron a liberar 219 variedades basadas en parientes o cruces realizados por el CIAT.

El potente Brasil, con la mayor producción de arroz en América Latina (más de doce millones de toneladas) figura como el país que más ampliamente ha abierto sus puertas a la liberación de variedades a partir del germoplasma del CIAT: 79 variedades tienen el gen CIAT en su ADN, que representa el 42% de las semillas que se han liberado en ese país. Le siguen Colombia, con 59 variedades liberadas; Costa Rica, 30 variedades; Venezuela, 28, y Panamá, 24 variedades. Mientras tanto, en el Caribe, la presencia de variedades con ancestro CIAT la lidera Guyana, con 7; Cuba, 6 y República Dominicana con 5. En el estudio también se estima que más del 70% de las variedades liberadas en Centroamérica están relacionadas a germoplasma CIAT.

Según se señala en el libro ‘Siempre pioneros – CIAT: 50 años contribuyendo a la sostenibilidad alimentaria futura’, el cálculo más reciente de ocho países andinos y centroamericanos indica que el 63% del área de arroz en esos países está sembrada con variedades basadas en cruces realizados por el CIAT. Asimismo, destaca que, durante los últimos 50 años, los rendimientos promedio de arroz en finca en América Latina han aumentado a una tasa de 2,3% anual, por encima del porcentaje mundial de 1.5%.

Número de variedades liberadas origen CIAT en ALC

Una resistente red

En 1995 entró a la familia el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR). Brasil, Colombia, Venezuela y el CIAT, este último como socio estratégico, le dieron vida a esta red con el objetivo de mejorar la competitividad y la sostenibilidad de los sistemas de producción de arroz en la región.

El CIAT seguía investigando en mejoramiento genético, con énfasis en ampliación de la base genética del germoplasma y al descubrimiento de genes, con base en requerimientos como tolerancia a altas temperaturas, a baja radiación, a sequía, a nuevas enfermedades y como una invaluable herencia pasaba las líneas investigadas a FLAR o a los programas nacionales para su uso en cruzamientos. En los últimos 20 años, 76 variedades de arroz que se han liberado en América Latina tienen origen FLAR y CIAT.

Batiendo récords

Tener variedades de arroz “Made in CIAT” sembradas en campos latinoamericanos que pueden sobrepasar las medias regionales es motivo de orgullo familiar. Tal el caso de Perú, donde el 43% de las variedades liberadas tiene combinaciones genéticas de origen CIAT. Aunque el promedio nacional de producción es de 7,7 toneladas, por encima del promedio regional que está en 5 toneladas por hectárea, algunos agricultores en áreas costeras, como Piura y Arequipa, obtienen rendimientos hasta de 16 toneladas por hectárea —entre los más altos del mundo.

Para Eduardo Graterol, Director Ejecutivo del FLAR, la adopción de variedades modernas con alto potencial de desempeño y niveles aceptables de resistencia a plagas y enfermedades, junto con tolerancia a estreses ambientales, ha sido clave para alcanzar producciones de este nivel.

El compromiso del CIAT en la región no solo ha sido en la producción de variedades mejoradas, también en programas de capacitación. Los laboratorios y campos del CIAT han sido escenarios de aprendizaje para investigadores, técnicos y demás agentes de la extensión de organizaciones públicas y privadas.

El programa de arroz del CIAT seguirá apoyando a diferentes países de la región para fortalecer su capacidad y establecer mecanismos que aumenten la competitividad, a nivel de materiales genéticos (con investigaciones en especies silvestres, por ejemplo) y a través del programa de agronomía que está desarrollando el FLAR. Pues es claro que el sector arrocero requiere también mejores prácticas de manejo del cultivo que ayuden a alcanzar el potencial genético de las variedades mejoradas ya disponibles y en el futuro, de nuevos híbridos que el CIAT y FLAR están desarrollando a través del Consorcio Híbridos de Arroz para América Latina (HIAAL).

Sin duda la contribución de las “hijas” del CIAT en América Latina en los últimos 50 años y, más recientemente, de las “hijas” del FLAR, ha sido extraordinaria. Las nuevas variedades de arroz no solo deben incrementar el rendimiento y tolerancia a estreses, sino ofrecer una calidad de grano que esté acorde con las preferencias de los consumidores, tanto en los mercados internos como en segmentos de gran valor en el comercio internacional. Además, se deben proveer tecnologías que mejoren los ingresos y la sostenibilidad de los productores, independientemente del tamaño de sus fincas.

La investigación del Programa de Arroz del CIAT y el FLAR, y los cientos de investigadores que han contribuido en los avances en estos 50 años, así como la gestión de sus tecnologías a través de alianzas público-privadas, garantizará que el arroz producido en nuestro continente siga siendo un componente básico en la canasta familiar y a su vez, una fuente de ingresos que contribuya a reducir pobreza y migración rural, con una menor huella ambiental que en el pasado.

*Actualmente se adelanta un estudio para determinar cuáles de las 377 variedades liberadas, origen CIAT, ha sido adoptadas por los agricultores en América Latina y el Caribe y su impacto económico en cada país.

Tras el rastro de CT

Más de tres meses tardó el equipo del programa de Datos, Información y Conocimiento del CIAT en recopilar la información para determinar el número de variedades origen CT (CIAT) que se cultivan en América Latina y el Caribe. El grupo, liderado por Arturo Franco y Carolina García, recurrió a la base de datos Breeding Management System (BMS), del software Integrated Breeding Platform (IBP), que brinda  acceso a herramientas y servicios de última generación para modernizar los programas de mejoramiento de plantas en todo el mundo, y de la cual CGIAR forma parte.

Allí, bajo una estricta minería de datos, los ingenieros empezaron a descifrar el árbol genealógico de variedades liberadas de arroz en la región. Se necesitó también el apoyo de investigadores del CIAT y de FLAR, y de organismos internacionales como la FAO para ir armando el rompecabezas.

“Empezamos a ver que la participación de genes CIAT era cada vez más importante en las variedades que se tienen registradas como liberadas en América Latina y el Caribe. Y aunque hubo variedades a las le perdimos el rastro por no tener suficiente información, el resultado es que tanto IR8 como variedades CIAT han tenido un importante protagonismo en el desarrollo del arroz en la región”, dijo la ingeniera de sistemas Carolina García.

La plataforma BMS también tiene información de variedades liberadas de yuca, fríjol y forrajes tropicales. Aunque se estima que muchas de estas variedades también tienen descendencia CIAT, todavía no se ha hecho el estudio para saber con certeza cuántas variedades llevan orgullosas el apellido CIAT.

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