Un viaje de campo a la Reserva Natural El Hatico, familia Molina Durán, cerca de Palmira, Colombia, para tomar mediciones de carbono en una zona de bosque tropical, como parte de un taller realizado por el CIAT sobre REDD+. Foto: Neil Palmer / CIAT

Este artículo fue primero publicado en Mongabay

El acuerdo de paz el año pasado en Colombia ha desencadenado una variedad de opiniones. Una de las más sonadas proviene de algunos defensores ambientalistas que temen que el acuerdo agudice la deforestación y reduzca aún más el área para las especies en peligro.

¿Por qué razón?

“El conflicto armado es bueno para evitar la deforestación”, es lo que muestra un tuit de la Rainforest Foundation Norway, citando a Pablo Negret, un investigador doctoral de la Universidad de Queensland, hace un par de días.

Negret habló con Mongabay para un artículo sobre el paujil de pico azul – un ave en grave peligro que solamente se encuentra en los bosques de Colombia – y sus oportunidades de supervivencia tras el acuerdo de paz al que se llegó el año pasado entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, o FARC.

Yo también solía ser parte del grupo de personas que se preocupaba por las implicaciones del acuerdo de paz para los bosques de Colombia. Creía que el conflicto armado de hecho sí contribuía a la conservación de los bosques – y punto.

Hoy por hoy, tengo una perspectiva diferente. Incluso, iría más allá y diría que es más bien un error decir algo tan amplio como “el conflicto armado es bueno para evitar la deforestación” en Colombia.

Digo esto después de realizar estudios profundos sobre la relación del conflicto armado y la deforestación en este país latinoamericano. Junto con mis socios de investigación, descubrimos que varios factores determinan la extensión de la deforestación en Colombia.

En un estudio, encontramos que los bosques sirvieron a ciertos propósitos para los grupos armados en Colombia, como guaridas y sitios para el cultivo de coca, entre otros. Aquí, según el propósito, las tasas de deforestación – o el porcentaje del área forestal total perdida durante un período de tiempo – eran diferentes, aunque es correcto que en algunas de estas zonas esas tasas eran más bajas comparadas con las más estables. Sin embargo, eso no significa que la superficie total de la deforestación, medida en hectáreas, sea pequeña en las regiones afectadas por el conflicto o realmente más pequeña comparada con sus contrapartes más estables.

Estos hallazgos me llevaron a examinar en profundidad la situación. Junto con otros investigadores, hicimos un estudio de seguimiento, que analizó las conexiones entre la cubierta forestal, el conflicto armado y la deforestación por municipio. El estudio muestra distintas etapas en el proceso de la pérdida de bosques en Colombia y que los municipios afectados por el conflicto armado no han sido necesariamente menos afectados por la deforestación.

Por ejemplo, descubrimos que en los municipios con mayores zonas de cultivo de coca, también había más conflicto y más deforestación (lo cual denominamos “municipios forestados parcialmente inestables”), en comparación con municipios que eran más estables y tenían más bosques (o “municipios forestados estables”). La gráfica a continuación muestra esta tendencia (ver B):

La línea naranja, que indica la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “forestados parcialmente inestables”, asciende a medida que el área para el cultivo de coca aumenta. Mientras que la línea verde, que denota la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “forestados estables”, desciende a medida que el área de cultivo de coca se extiende. La línea naranja amarilla es para la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “no forestados estables” o aquellos que tienen menos áreas forestadas y bajos índices de conflicto. La línea verde amarilla indica la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “forestados parcialmente estables”, o regiones afectadas por la deforestación pero con bajos índices de conflicto.

Como he argumentado en varios estudios y artículos, existen maneras de lograr que el acuerdo de paz de Colombia funcione para salvar los bosques e incluso revertir la degradación forestal.

Una manera es la titulación colectiva de tierras. En el estudio de seguimiento que mencioné anteriormente, encontramos que en municipios con mayores zonas comunes de bosque – en donde el Estado ofrece títulos colectivos de tierras a las comunidades locales – se había reducido el conflicto, los bosques eran más densos y las familias disfrutaban de una mejor calidad de vida en comparación con los municipios con menos o ninguna zona común de bosque.

El gráfico anterior muestra eso también (ver E y F): la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “forestados parcialmente estables”, como lo indica la línea verde amarilla, asciende cuando existen más zonas comunes de bosque. Igualmente, la probabilidad de que los municipios sean clasificados como “forestados parcialmente estables” desciende a medida que el grado de las necesidades básicas insatisfechas se amplía.

Adicionalmente, algunas agencias de investigación y de donantes están explorando el uso de financiación destinada al clima para acelerar los esfuerzos de construcción de paz y al mismo tiempo promover la producción alimentaria sostenible, o la agricultura sin necesidad de talar árboles.

Existen tienen diversas opiniones acerca del acuerdo de paz de Colombia. El conflicto armado puede haber contribuido a preservar algunas partes de los bosques. Para otras partes, la historia es totalmente diferente. Y se cae en un error al querer verlo de otra manera. Tal como están las cosas, el nexo entre conflicto y bosques, y los resultados de ese nexo, no se han podido establecer y todavía están por verse.

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