“El Valle es valle, lo demás es loma”, dice un popular refrán que usamos mucho en el suroccidente colombiano para referirnos a la singularidad del Valle del Cauca. Lo que ignoramos quienes usamos ese dicho son dos cosas: primero, que esa frase en realidad viene de una canción compuesta por Omar Geles, no al Valle del Cauca, sino a Valledupar; y segundo, que en realidad, el Valle del Cauca tiene más ‘loma’ de lo que imaginamos.

El término ladera hace referencia al declive de una montaña, un monte o una altura en general, y el Valle del Cauca posee una zona de Ladera con una extensión de 970.702 hectáreas (DNP, 2014). Estas zonas de ladera tienen una característica principal que hace que organizaciones como el CIAT y la Universidad Nacional de Colombia se fijen en ella: están habitadas por productores a pequeña escala, los más vulnerables; y además, requieren muy buenas prácticas de manejo y conservación.

En este marco surgió el proyecto de regalías conocido como “Incremento de la competitividad sostenible en la agricultura de ladera en todo el departamento, Valle del Cauca, Occidente”, implementado desde el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia y el CIAT. Este proyecto busca conectar la ciencia y la tecnología con el campo, para generar riquezas y condiciones de equidad en la agricultura de ladera, lo cual abarca desde la preproducción hasta la distribución de tres productos seleccionados: piña, aguacate hass y mora silvestre.

Esta vez el turno es para los productores de piña, y por eso han sido convocados a un taller de articulación de acciones para la cadena de la piña del Valle del Cauca. Si de competitividad se trata, la articulación es fundamental para una cadena, pues, volviendo a los dichos populares, ‘una sola golondrina no hace verano’. Enfrentar los retos de mercado (tanto nacional como internacional) requiere coordinación, comunicación, esfuerzo conjunto, una visión compartida; y para eso fueron convocados el pasado viernes 9 de febrero 21 productores de piña en las instalaciones del CIAT.

El propósito era volver conjuntamente sobre las problemáticas que previamente fueron identificadas por los investigadores en estudios y publicaciones previas, para validar su vigencia y construir, a partir de allí, un plan estratégico que refleje todas las voces de la cadena y les permita a los actores establecer prioridades, reconocer su papel dentro del alcance de esas metas conjuntas, y hacer compromisos para que la cadena, en su conjunto, pueda avanzar.

Los desafíos son muchos, y articularse no es fácil. Se requiere disposición para salir de la zona conocida y acercarse a otros; se requiere coraje para atreverse a pensar distinto a como hemos pensado siempre y probar nuevos caminos; se requiere generosidad para no pensar solo en nosotros; y se requiere constancia para perseverar aún en medio de las dificultades que entraña el trabajar con otros. Sin embargo, como el premio por coordinarse es grande, vale la pena el esfuerzo.

Con los resultados de este taller: la definición de los cuellos de botella de la cadena de la piña en el Valle con productores pequeños y grandes, el equipo implementador procederá a construir las agendas de investigación, que estarán orientadas a sanar las brechas tecnológicas de esta cadena.

Panorama de la piña

En solo dos años (entre 2014 y 2016) la exportación de piña colombiana aumentó de 3.209 a 15.183 toneladas. En promedio, en el Valle del Cauca (segundo productor de piña en Colombia) entre el 30% y el 35% de la piña oro miel (MD2) es de calidad exportable. El consumo de piña por persona en Estados Unidos, principal importador de este producto, es de 6 libras al año; mientras que en Colombia este consumo por persona en el 2016 fue de 11,6 kg al año, casi el cuádruple.

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