A menudo las vacas son representadas como seres malvados: cuatro patas, cuatro estómagos, máquinas productoras de gases de efecto invernadero, masticándose los bosques y destruyendo el planeta.

No es sorpresa que la idea de un sistema de producción pecuaria climáticamente inteligente suene paradójico. No obstante, me aseguraron, que podría darle una mirada yo mismo.

Para ello, nos dirigimos al Cauca, departamento montañoso y agreste de Colombia. Después de unos cuantos picos y bajadas, llegamos al Patía – un valle angosto en donde los retos se han convertido en el día a día desde hace muchos años, desde vivir de cerca el conflicto armado hasta frecuentes sequías.

Patía es además un microcosmos del problema que plantea la ganadería en Colombia. Con cerca de 23 millones de bestias, el país tiene tantas cabezas de ganado como Australia tiene habitantes, que pastorean en un área del tamaño de Alemania. Con un promedio de un animal por 1.4 hectáreas, es bastante tierra para no tantas vacas.

También es la receta para una calamidad ambiental. La degradación de tierras debido a la producción pecuaria es generalizada, se han talado bosques para expandir nuevas áreas de pastoreo y la ganadería es responsable de casi todas las emisiones de gases de efecto invernadero de origen agropecuario del país.

Pero para un lugar como Patía, las alternativas son pocas.

Casi todos aquí dependen del ganado –hay 35.000 cabezas. Y a pesar del deslumbrante panorama – afloramientos sorprendentes y neblinas flotantes en las montañas – existen señales que indican que la tierra ya no puede continuar a ese ritmo. Despojadas de árboles y vegetación, lenguas de suelo erosionado juntan las laderas sobrepastoreadas, y las praderas agotadas y pisoteadas abundan. No hace falta decir que, para mí, nada de esto parece en particular inteligente respecto al clima.

Hasta que llegamos a la finca de Noelí.

Un hombre grande con una sonrisa igual de grande, Noelí proviene de una familia de tradición ganadera. Hasta 2007, al igual que sus padres, abuelos y vecinos, dejó que su ganado pastoreara los pastos silvestres que brotan cada año. Pero estos pastos no eran particularmente nutritivos o resilientes cuando no llegaba la lluvia. La productividad y las ganancias eran bajas.

Luego todo cambió.

Activos en su asociación de productores, los científicos de la Universidad del Cauca y del CIAT le preguntaron a Noelí si estaría dispuesto a ensayar el silvopastoralismo – un sistema de pastoreo rotativo que combina gramíneas forrajeras nutritivas, hierbas, arbustos y árboles.

Además de la promesa de aumentar la productividad tanto del ganado como de la tierra, los sistemas silvopastoriles pueden también capear la sequía, ayudar a restaurar suelos degradados y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con la cría de ganado.

Noelí no lo pensó dos veces para aceptar.

Para establecer el sistema, dividió sus tierras en seis parcelas. En una sembró Brachiaria, una gramínea de hoja ancha nativa de África que crece en matas a la altura de la rodilla. Es más nutritiva y tolerante a la sequía que las delgadas gramíneas silvestres. Su sistema de raíces profundas además ayuda a acumular carbono en el suelo, estabilizándolo y protegiéndolo de la erosión.

Más fácil de digerir y más nutritiva que las gramíneas silvestres, el ganado que se alimenta con Brachiaria es más productivo, lo que genera menos emisiones de metano por kilo de carne o litro de leche. Afortunadamente, a las vacas además les agrada su sabor.

En todo caso, el sistema es mucho más que un simple pasto.

En una parcela adyacente, Noelí sembró canavalia, una leguminosa resistente a la sequía que se conserva en el banco de germoplasma del CIAT. Además de ser una fuente sabrosa de proteína para el ganado, fija nitrógeno atmosférico, contribuyendo a la fertilidad del suelo y reduciendo la necesidad de usar fertilizante. En parcelas adicionales, sembró otros forrajes nutritivos, junto con arbustos de leguminosas y unos árboles extra para alimento animal o sombra o ambos.

Ahora bien, esta es la clave: Noelí traslada el ganado de parcela en parcela casi cada cinco días, haciendo una rotación completa en toda la finca cada 30 días, más o menos. Para el ganado es como una cena nutritiva de seis platos diferentes que dura todo el mes, con Noelí, como el atento jefe de comedor.

El período de descanso permite que las parcelas pastoreadas se recuperen en un ciclo que – con buen manejo – puede continuar productivamente durante 10–15 años.

Los resultados de alguna manera explican la gran sonrisa de Noelí: actualmente, sus 20 vacas pastorean en cinco hectáreas – más de cinco veces la densidad de carga promedio en Colombia. Obtiene casi el doble de cantidad de leche de cada vaca, y sus animales alcanzan el peso de sacrificio en dos años en lugar de en cinco. Los ingresos extra le han permitido enviar a su hijo a la universidad; espera convertirse en veterinario.

Noelí nos cuenta que cuando hubo una sequía fuerte en Patía en 2012, muchos agricultores perdieron ganado por deshidratación e inanición. El ganado de Noelí – fortificado con una buena dieta a base de gramíneas resilientes al calor – sobrevivió.

En términos de inteligencia climática, esto sí está mejor.

¿Pasturas más verdes?

Justo saliendo de la serpenteante carretera Panamericana que atraviesa Patía, el CIAT y Unicauca están realizando pruebas en una serie de forrajes para uso en sistemas silvopastoriles como el de Noelí. Desde el lado equivocado de una cerca eléctrica, varias vacas miran con anhelo las hojas frondosas de algunas gramíneas mejoradas.

Los ensayos también han atraído el interés de personas. Jhon Freddy Gutiérrez del CIAT me cuenta que la ubicación al costado de la carretera es intencional, para mostrar los forrajes al lado de las gramíneas silvestres que luchan al final de una larga temporada seca. Ha recibido muchas solicitudes de gente de la localidad interesada en averiguar más. Ya son alrededor de 200 los productores en Patía que están ensayando el silvopastoralismo o los forrajes mejorados que son la base del sistema.

“Los productores en Patía están dispuestos a cambiar la manera en la que manejan su producción de ganado; saben los beneficios de la cría de ganado con prácticas mejoradas y eco-eficientes; tan solo les hacen falta las distintas clases de apoyo que requieren para implementar los sistemas”.

Nelson Vivas

Líder, Grupo de Nutrición de Ganadería y Forrajes, Universidad de Cauca, University of Cauca

“Lo que a menudo hace falta en el debate en torno a la ganadería es que es el sistema de producción el que está fallando, no los animales. Con el sistema correcto, puede producir más, ganar más y mejorar el medio ambiente al mismo tiempo”.

Michael Peters

Líder Programa de Forrajes Tropicales, CIAT, CIAT

El Gobierno de Colombia priorizó los sistemas silvopastoriles en sus planes para enfrentar el cambio climático, que fueron presentados a las Naciones Unidas el año pasado. Estos llamaron la atención al hecho de que aumentar la productividad reduce la necesidad de que los productores busquen nuevas áreas para el pastoreo. Esto a su vez alivia la presión sobre los bosques, con el potencial de enormes ahorros en emisiones por “deforestación evitada”.

El Gobierno espera introducir el silvopastoralismo en unas 6 millones de hectáreas en el país.

Pero – lo siento, siempre hay un “pero” – el silvopastoralismo no es del todo nuevo en Colombia. Ya se ha ensayado en diferentes partes del país durante años, pero nunca había realmente “despegado”. ¿Por qué razón?

El asunto es que los sistemas pecuarios no empiezan y terminan en la entrada de la finca. Existen muchos factores externos que pueden evitar que incluso los productores más entusiastas participen. Esta es la propia paradoja del silvopastoralismo, y algo que los científicos de Unicauca y el CIAT están tratando de resolver.

Esta es una muestra de lo que saben hasta ahora:

Para empezar, los productores necesitan dinero en efectivo para comprar las semillas de forrajes. Si no tienen efectivo, necesitan pedir prestado. Pero, a menos que tengan títulos formales de las tierras – que muchos de ellos no tienen – van a pasar muchos trabajos para conseguir un préstamo. Incluso si tienen dinero para semillas, puede que no las encuentren disponibles. Además, en algunas áreas, los precios de las tierras son tan bajos que para los productores tiene más sentido financiero simplemente comprar más tierra y perseverar con los sistemas tradicionales.

Adicionalmente, el nuevo sistema puede resultar en cierto modo un choque cultural para algunos productores. La producción pecuaria tradicional en Patía no requiere de mucha intervención (obtener tierra-agregar vacas-irse); el silvopastoralismo requiere de un cuidado constante.

Estas y otras situaciones podrían conspirar para mantener la idea del silvopastoralismo exactamente como eso: una idea. Abordar estas situaciones requerirá de un trabajo serio.

Aunque, probablemente nunca se ha dado un mejor momento para ensayar. Cincuenta años de conflicto armado en Colombia ha traído una enorme inestabilidad en las zonas rurales. La creciente probabilidad de la paz significa que muchos productores – y prestamistas – puedan empezar a pensar seriamente en invertir a largo plazo por primera vez en generaciones. Si esas inversiones pueden lograr que los sistemas pecuarios sean más productivos, resilientes y sostenibles, los retornos en términos del medio ambiente podrían ser enormes.

“El silvopastoralismo podría jugar un rol importante en lograr que la producción pecuaria sea más inteligente respecto al clima y en cambiar la imagen ambiental negativa del sector. Podría ayudar a los productores en los trópicos a aumentar sosteniblemente la producción, mitigando y adaptándose a su vez al cambio climático”.

Peter Laderach

Climate Change Scientist, Científico de Cambio Climático, CIAT y Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS)

“Los forrajes nutritivos y productivos son la base de sistemas pecuarios más sostenibles. Es fantástico ver la versatilidad de diferentes forrajes conservados y estudiados en el banco de germoplasma del CIAT en Cali, que continúan marcando una diferencia en las vidas de pequeños productores, a través del silvopastoralismo”.

Daniel Debouck

Líder del Programa de Recursos Genéticos, CIAT, CIAT

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El programa “Desarrollo y uso de recursos forrajeros para sistemas sostenibles de producción bovina para el departamento del Cauca” es financiado por el Gobierno de Colombia a través del Sistema General de Regalías.

 Este trabajo está vinculado al Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) y el Programa de Investigación de CGIAR sobre Ganadería y Pesca.

 El trabajo anterior y actual del CIAT sobre gramíneas forrajeras mejoradas en la región es financiado por el Gobierno de Alemania, a través del Ministerio Federal para la Cooperación Económica y el Desarrollo (BMZ).

 Trabajo adicional en la región ha recibido el apoyo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y Colciencias.

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Llamado a la Acción

  1. Poner a prueba e introducir los sistemas silvopastoriles en otras regiones de Colombia y América Latina, específicamente para ayudar a rehabilitar las tierras que han sido degradadas debido a prácticas de ganadería insostenible. Actualmente, casi el 80% de las praderas en la región se encuentran degradadas.
  1. Estudios de factibilidad de silvopastoralismo en África – existe un gran potencial para el establecimiento de los sistemas en muchas partes de los trópicos húmedos y subhúmedos, en particular en África. Estos podrían ayudar para que los productores pecuarios contribuyan sosteniblemente a la revolución ganadera del continente.

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