El Programa de investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS, por sus siglas en inglés) empezará su segunda fase en 2017, y América Latina es una de sus cinco regiones de acción. Aprovechando la presencia de Bruce Campbell, Director de CCAFS, en la sede principal del CIAT, jóvenes investigadores tomaron la palabra en el seminario llevado a cabo el jueves 17 de noviembre, para compartir preguntas claves y enfoques retadores aprendidos hasta ahora en la primera fase de CCAFS.

Teniendo en la audiencia a Brian Keating, Director del Programa Bandera en Agricultura Sostenible de CSIRO y Presidente del Panel Científico Independiente de CCAFS, el seminario comenzó por identificar, a través de una encuesta en línea, los seis retos principales en agricultura y cambio climático para América Latina.

  • Generación de evidencia acerca de la efectividad de la agricultura sostenible adaptada al clima (ASAC), teniendo en cuenta condiciones específicas de contexto
  • Uso de nuevos enfoques para apoyar la toma de decisiones por parte de agricultores
  • Enfoques innovadores para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero generados por la producción pecuaria, sin disminuir la productividad
  • Entendimiento del rol del sector privado en la amplia adopción de la agricultura sostenible adaptada al clima en el sector agrícola
  • Apoyo al proceso de formulación de políticas sobre cambio climático que incluyan la dimensión de género
  • Apoyo a los agricultores para reducir los riesgos climáticos

Siguiendo este orden, Nadine Andrieu, especialista del CIRAD, ubicada en el CIAT, sobre sistemas productivos, inició su presentación lanzando una pregunta sobre las condiciones que promueven la adopción de prácticas de ASAC a nivel de finca. Para responder a este cuestionamiento, compartió los resultados de talleres y diagnósticos participativos realizados en uno de los Territorios Sostenibles Adaptados al Clima (TeSAC)  localizado en el noroccidente de Popayán, Cauca, para identificar fuentes de información sobre ASAC.

Los resultados indicaron que hay tres tipos de agricultores: aquellos que creen en el cambio climático y sus efectos, y están adoptando prácticas ASAC; aquellos que creen en el cambio climático pero permanecen pasivos, y aquellos que no creen en el cambio climático.

Estos diferentes tipos de agricultores y sus interacciones llevaron a dos resultados: por un lado, las redes sociales determinan la percepción de los agricultores sobre el cambio climático y la adopción de prácticas ASAC. Por el otro, la introducción de prácticas ASAC está asociada con cambios a nivel de finca.

“Las prácticas de ASAC pueden mejorar las sinergias entre los pilares de ASAC: productividad, adaptación y mitigación, pero están vinculadas con otros cambios a nivel de finca que pueden llevar a la complementariedad entre los pilares”, concluyó Nadine.

La segunda prioridad identificada fue el uso de nuevos enfoques para que los agricultores tomen decisiones mejor informadas, y para el fortalecimiento de los servicios de extensión en América Latina. Un tema en el que un “ageekcultor” como Daniel Jiménez tiene algo que decir.

Teniendo en mente las ventajas de la agricultura sostenible adaptada al clima, Daniel y su equipo de Big Data proponen un enfoque diferente que fluye de abajo hacia arriba, usando modernas tecnologías de información, y funcionando como un complemento que provee información observacional de los campos comerciales.

“Se trata de una democratización de la información y de poner herramientas en manos de los agricultores, para una mejor toma de decisiones cuando estén pensando en qué, cuándo y dónde cultivar”, explica Daniel al tiempo que resalta su experiencia con la Federación de Productores de Arroz (Fedearroz) en el análisis de los principales factores, específicos por sitio, que limitan la producción arrocera en Colombia.

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuir al desarrollo de la Acción Nacionalmente Apropiada de Mitigación (NAMA, por sus siglas en inglés) de ganadería en Costa Rica y Colombia es el doble objetivo que Jacobo Arango y Ngonidzashe Chirinda están abordando desde un enfoque diferente: ¿cómo pueden los forrajes tropicales beneficiar al ambiente?

Es así como cuentan con dos opciones: una, el proceso de inhibición biológica de la nitrificación, que ofrece tres escenarios (bajo, alto y mixto) facilitando que el nitrógeno permanezca por más tiempo en el suelo, dependiendo de la variedad mejorada de forraje con que se esté alimentando el ganado. Otra, la recolección en tiempo real de datos de la concentración de gases de efecto invernadero, que son tomados a bajo costo, mediante el uso de equipos como GASMET DX4040, dispositivo adaptado de la industria a la agricultura, analizador multigas portátil con tecnología de infrarrojo capaz de medir, directamente del suelo y en forma simultánea, 25 tipos de gases, entre ellos el óxido nitroso, proporcionando resultados confiables en un lapso de tiempo que va de 5 segundos hasta 5 minutos, máximo. Es decir, generando los datos para alimentar un inventario de gases, que a su vez resulta ser un componente crucial para la preparación de los NAMA, para una ganadería sostenible.

La cuarta prioridad fue entender el rol del sector privado en la amplia adopción de la agricultura climáticamente inteligente en el sector agrícola. Teniendo esto en mente, Mark Lundy puso sobre la mesa una pregunta que desvela al sector privado: ¿cuánto costará invertir en el cambio climático?

Resolver este interrogante puede ser motivado desde diferentes puntos de entrada como riesgo hídrico, estabilidad del suministro, reputación, deforestación, conflictos comunitarios, micro-clima y complicidad legal. Con base en su experiencia, Mark señaló la importancia de una mejor coordinación no solo dentro del sector privado, sino también en relación con el sector público, para diseñar enfoques complementarios para enfrentar, ajustar y transformar, y así responder a las necesidades de adaptación de las cadenas de valor.

Formular políticas de cambio climático para América Latina, más incluyentes en términos de género, es la quinta prioridad que ha llevado a Tatiana Gumucio, joven investigadora del CIAT, a establecer un enfoque de tres pilares que incluye fortalecimiento de capacidades, productos de conocimiento y alianzas. Este enfoque busca generar información fácil de entender, para que los formuladores de políticas en verdad puedan incluir género en planes de acción para su concreta implementación.

Ejemplos concretos de investigación participativa en cambio climático y agricultura, incluyendo un diagnóstico de género, se han llevado a cabo en equipo con el Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) de Perú, al igual que una política institucional en género que está siendo desarrollada en Trifinio, una región comprendida entre Guatemala, El Salvador y Honduras.

Por último, pero no por eso menos importante, Julián Ramírez tomó la palabra para hablar acerca del apoyo a los agricultores para reducir los riesgos climáticos. Un tema en el que él y su equipo están trabajando en tres actividades principales: predicción climática a escala de estaciones, predicción de rendimientos y evaluación de las necesidades de información de agricultores y servicios de extensión, para adaptar el servicio climático.

Julián compartió su experiencia con Fedearroz y la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales (Fenalce) para un mejor entendimiento de los límites de la predictibilidad y la identificación de cuánta información puede proveerse en realidad en cuatro departamentos dedicados al cultivo de arroz y maíz, mediante el uso de modelos estadísticos de predicción.

El seminario finalizó con un debate liderado por Andy Jarvis, Director del Área de Investigación en Análisis de Políticas, acerca de aspectos relacionados con la evaluación de impacto en la región de América Latina, en la que CCAFS viene trabajando desde 2013, buscando alcanzar un propósito doble: influenciar la formulación de políticas, generar evidencia que facilite la adopción de la agricultura sostenible adaptada al clima y contribuir con su escalamiento para aumentar la resiliencia de los medios de vida de la población rural, al tiempo que se mitiga el cambio climático.

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