Recientemente mi colega Silvia Pineda y yo entrevistamos al doctor William Roca, especialista en fisiología celular y citogenética de plantas y científico emérito del CIAT que, siendo uno de los gestores de la Unidad de Investigación en Biotecnología, se refirió al camino que se recorrió en el CIAT para lograr establecer dicha unidad. En su relato me llamó la atención la constante alusión a las condiciones de trabajo que propiciaron el intercambio de conocimientos, el diálogo de saberes y el aprendizaje colaborativo a través de redes. Por esto, comparto algunos apartes de la entrevista en mención, que constituyen una reflexión valiosa para las estrategias actuales de gestión de conocimiento en proyectos de investigación agrícola para el desarrollo.

“Previo a la creación de la BRU (Biotechnology Research Unit) en el CIAT se organizaban cursos de capacitación y surgió una entidad llamada IPRO, que era una organización internacional de investigación celular que financiaba cursos internacionales organizados por el CIAT en diferentes partes. Esto con el objetivo de cubrir las necesidades de los países de América Latina y el Caribe de tener mayor acceso a la información científica, tecnológica y a los desarrollos que se estaban descubriendo en el área de biotecnología. En esa época tocaba fotocopiar todos los artículos para distribuirlos porque no existía la facilidad del internet.

En 1985 se crea la BRU. Con esto, el CIAT fue el primer centro del CGIAR en dar el paso formal hacia la biotecnología, construyendo los conceptos primero dentro del Centro mismo y luego por fuera. En 1987 se realiza un encuentro de IPRO en Tucumán, Argentina. Allí se discutió cómo la gente que trabajaba en este comienzo de la biotecnología podía organizarse a nivel regional, y así acceder a la información. Era gente joven que quería tener conocimiento. De allí surgió la necesidad de tener una organización.

cultiv10Otro hito importante fue la publicación en 1991 del famoso librito ‘Cultivo de tejidos en la agricultura’. El CIAT lo vendía a un precio muy económico y lo enviaba rápidamente a diferentes partes con el objetivo de que los estudiantes lo fotocopiaran. Fue fundamental ese apoyo institucional para difundir los contenidos del libro”.

Después de estos inicios, la biotecnología se posiciona en el CIAT como un tema transversal para ampliar la investigación de forma estratégica. Así, la BRU empieza a tener mayor relación con todos los programas del Centro. En el relato del dr. Roca corren los primeros años de la década de los noventa…

“Los que integrábamos la BRU supimos que ésta era algo que no nos pertenecía y que allí había herramientas para desarrollar tecnologías en toda la institución. Tenía que salir de las cuatro paredes de los laboratorios. Esto se dio gracias a dos factores principales: El primero, la apertura de la BRU a trabajar en forma colaborativa con los programas. Unos años antes los programas eran pequeñas islas y en las revisiones anuales se peleaban como si fueran organizaciones de otros países. Poco a poco empezamos a invitar a los científicos del CIAT, algunos querían hacerlo y otros no, pero la idea era que los demás vieran la bondad y la utilidad de estas tecnologías.

El otro factor fue el momento en que estas técnicas salieron de la BRU a los programas y, empezando con el programa de fríjol, los fitopatólogos, fitomejoradores y entomólogos comenzaron a crear y a usar esas tecnologías en sus laboratorios. El mecanismo que facilitó este intercambio y penetración de la BRU dentro del CIAT fue que eran tecnologías no costosas y cuando estos profesionales necesitaban los equipos iban a la BRU a hacer uso de los mismos”.

Al mismo tiempo que la BRU se “descentralizaba” en el CIAT, ampliaba sus relaciones a nivel internacional, vinculándose a la REDBIO (Red Latinoamericana y del Caribe para Biotecnología Agropecuaria y Forestal) y participando en la creación y fortalecimiento de las redes de biotecnología en yuca y fríjol, a través de una asociación con la cooperación internacional holandesa, alemana y canadiense. A partir de allí, el dr. Roca destaca que “el común denominador ha sido la fuerte participación de la BRU en el  tema del fortalecimiento de capacidades”. En este sentido, indagamos con el dr. Roca, que actualmente representa a la red Internacional REDBIO de biotecnología en el Perú, la importancia del factor humano en este aspecto del intercambio de conocimientos.

“En el equipo de entonces estábamos con la filosofía de mentes y puertas abiertas pues en muchas partes del mundo querían estudiar esto de la biotecnología porque era algo nuevo. Lo importante de esta tecnología es la integración con otras tecnologías tradicionales. Recuerdo una vez que me preguntaron cuál sería el mejor biotecnólogo y yo le dije que era el fitomejorador, el fitopatólogo o el fitotecnólogo… el que comienza a utilizar estas herramientas para sus propios objetivos de mejoramiento o de patología o lo que sea, ese es el mejor biotecnólogo. Eso ayudó porque gustó la idea de la integración de la biotecnología con las tecnologías tradicionales y que se conviertan en una sola cosa es cuestión de tiempo y evolución. Esto fue fundamental en la penetración de este tema en Colombia y América Latina.

Establecer los proyectos e integrar las biotecnologías con las tecnologías tradicionales fue otro hito bien importante, y que dio uno de los mejores resultados porque cuando el fitomejorador iba al campo y miraba sus plantas, que eran producto de estas tecnologías, él realmente le encontraba el sentido a esto. Es fundamental eso de ver para creer. También fue vital tener las puertas abiertas de los laboratorios a todo aquel que quería tener acceso. Esto requería tener una mentalidad especial porque a muchos colegas investigadores les cuesta brindar algo de su tiempo en explicaciones o cosas así detalladas porque están muy ocupados. Nosotros intentábamos tener una buena actitud y conversábamos con todos. Después eso tenía su premio pues ese uso del tiempo era beneficioso para todo el grupo”.

William Roca, presidente de REDBIO, y Rubén Echeverría, director general del CIAT, firmaron una nueva alianza para disminuir brechas de ciencia y tecnología en América Latina y el Caribe en diciembre pasado.

William Roca, presidente de REDBIO, y Rubén Echeverría, director general del CIAT, firmaron una nueva alianza para disminuir brechas de ciencia y tecnología en América Latina y el Caribe en diciembre pasado.

El dr. William Roca toca en su narración temas transversales en el panorama actual de la gestión de conocimiento: la retención de conocimiento, el fortalecimiento de capacidades, el trabajo en red, la divulgación de contenidos y la integración interdisciplinaria para compartir procesos de investigación. Pero, más allá de estos temas de gran importancia, es de resaltar la actitud abierta y positiva del dr. Roca y su equipo en esta historia, lo que permitió una apertura a nuevos conocimientos en el CIAT. Esto me recuerda una lectura[1] reciente donde se comenta la necesidad de implementar la gestión de conocimiento como un ejercicio que promueve cambios con un enfoque:
  • Del ‘yo se’ al ‘nosotros sabemos’.
  • Del ‘conocimiento es mío’ al ‘conocimiento es nuestro’.
  • Del ‘conocimiento es propiedad’ al ‘conocimiento es compartido’
  • Del ‘conocimiento es una ventaja personal’ al ‘conocimiento es una ventaja para la organización’.
  • Del ‘conocimiento de otros es una amenaza’ al ‘conocimiento compartido es una ayuda’.
  • Del ‘admitir que no se algo es una debilidad’ al ‘admitir que no se algo es el primer paso hacia el aprendizaje’.

Finalizo con ese primer paso. Un primer paso que requiere encontrar puertas y mentes abiertas.

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