Sin duda, no fue un amor a primera vista. Gonzalo Rovira se había preparado para esa primera gran cita. Sus años de experiencia le auguraban que las cosas funcionarían, sin embargo, cuando la tuvo en frente se sintió intimidado.

Su nombre era “R”, una plataforma ampliamente usada por científicos y estadísticos para análisis de datos. Y a ella tenía que ‘confesarle’ toda su historia. Una historia que se remonta a 20 años, tiempo durante el cual se ha encargado de recopilar información sobre fechas de siembra, inicio de riego, aplicación de herbicidas, altura de taipas, variedades, rendimientos y otros tantos datos arroceros.

Rovira, ingeniero agrónomo, Gerente del Departamento Técnico del molino agroindustrial arrocero Coopar, S.A., de Uruguay, celosamente guarda esa información en incontables filas y columnas de Excel. Gracias a esta popular herramienta ha podido procesar datos de más de 20.000 hectáreas y entregarles a sus dueños, los socios de Coopar, información valiosa para que ellos optimicen su producción.

“Le estábamos sacando provecho a la información, pero sabíamos que detrás de esos datos había mucho más”, dice Gonzalo, quien es el ‘motivador’ del grupo de cinco técnicos encargados de capturar la información entre un buen segmento de productores arroceros uruguayos. Una agenda o un pedazo de papel, no hay excusa para dejar de registrar lo que ha alimentado la base de datos de Coopar durante dos décadas.

Rovira y 25 colegas más de empresas productoras de arroz, molineros y centros de investigación de Uruguay, Argentina, Chile, Brasil y Colombia se reunieron durante una semana en Treinta y Tres, capital arrocera del país gaucho en el ‘Taller de análisis de grandes volúmenes de datos comerciales de arroz”.

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El objetivo era difundir y promocionar el uso de las nuevas técnicas de análisis de información en la agricultura. Y los invitados a esta fiesta de grandes volúmenes de datos o Big Data tenían como misión llegar hasta las entrañas de los datos de uno de los más importantes alimentos para América Latina.

Natalia Queheille, asesora técnica de la Asociación de Cultivadores de Arroz, de Uruguay, fue una de las asistentes. Son 18 años de información que están condensados en numerosas hojas de cálculo. Luego de una cuidadosa depuración y lo que los expertos llaman una minería de datos, la ingeniera agrícola y su colega Fernando Pérez, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay, empezaron a encontrar relaciones desconocidas entre esos datos que se combinaban con extraños códigos y símbolos. Los mismos guiones, asteriscos, iguales, corchetes y puntos que separaban números y que tanto intimidaron a Gonzalo en su primer encuentro con esta herramienta.

Captura, almacenamiento y análisis de datos estratégicos

Big Data se ha convertido en una tendencia tecnológica que busca ofrecer un nuevo enfoque a la hora de tomar decisiones en la agricultura, gracias a la combinación de información a gran escala que sale de los lotes de los productores con la investigación científica. Pero ¿esta herramienta llega en el momento justo a la agricultura?

Erick Fernandes, asesor de programas de Cambio Climático, Agricultura y Bosques del Banco Mundial, cree que sí.

“Antes, la tecnología no era nuestra mejor aliada. Ahora ésta nos permite juntar y analizar información, que sumada a la disponibilidad de centros de investigación científica y al interés de productores de compartir sus datos nos lleva a buscar la manera de defender los sistemas de producción, que es una preocupación no solo de América Latina, sino global”, dijo Fernandes.

Daniel Jiménez, Agrónomo y Científico de Datos del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, con sede en Colombia, coincide con el representante del Banco Mundial.

“Los métodos que utilizamos con Big Data basados en inteligencia artificial y aprendizaje automático, antes no se podían procesar con los computadores. Ahora, tenemos esa oportunidad y más personas creen que esta información, a pesar de no ser controlada por nosotros, puede ofrecer una alternativa muy grande para tomar decisiones en la agricultura, con sistemas de producción más resilientes frente al cambio climático”, dijo el investigador.

Campeones en recopilación de datos

La información que llevó al taller Big Data en arroz, Daniel Kruger, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA Corrientes, Argentina, es un tesoro. Una de las tres bases de datos del Instituto conserva información climática de hace medio siglo.

Kruger, experto en agricultura extensiva, protección y manejo de cultivo de arroz, aunque reconoce que esa información requirió de una cuidadosa depuración al no existir un ´protocolo´ de captura, le da el valor que merece.

“Cuando se tienen datos climáticos y de manejo de diez campañas para atrás es muy importante porque podemos identificar lo que ha ido pasando en el campo y pronosticar a futuro”, asegura Kruger, quien ya conocía a “R”, pero el taller le permitió descubrir todo su potencial.

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Uruguay, Chile y Colombia también son pioneros en la recopilación de bases de datos de manejo y rendimiento e información climática. Los registros de las industrias, productores y de los institutos nacionales de investigación muestran capturas de más de 35 años.

Iniciativa con sello colombiano

Los primeros análisis de grandes volúmenes de datos que adelantó el CIAT se hicieron en campos colombianos. Un hito fueron las 1.800 hectáreas de arroz en la costa norte del país que se salvaron de ser arrasadas por el verano gracias a que los agricultores siguieron las indicaciones de los expertos: dejar de sembrar ese semestre.

Investigadores del CIAT reunieron un gran número de datos compartidos por la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), incluyendo información de la Encuesta Nacional Arrocera (ENA), un conjunto de datos de monitoreo de la cosecha y resultados de experimentos en la fecha de siembra de arroz. También aprovecharon los pronósticos agroclimáticos generados en el marco del Convenio ‘Clima y sector agropecuario colombiano’ y datos meteorológicos proporcionados por Fedearroz y el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM).

Utilizando la metodología Big Data analizaron los datos y llegaron a conclusiones. Este trabajo investigativo obtuvo uno de los dos premios del Desafío Climático Big Data, otorgados por las Naciones Unidas en septiembre de 2014. La ONU reconoció el trabajo colaborativo entre el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, (MADR), Fedearroz y el CIAT para menguar los impactos del cambio climático en la producción arrocera mediante aplicaciones prácticas de herramientas de Big Data.

Luego vino otro reconocimiento de parte del Banco Mundial: Retos de la innovación, que en el 2014 tuvo como tema central Big Data para el desarrollo.

La experiencia colombiana que se enfocó inicialmente en clima, quiere fortalecerse con información de suelo y manejo agronómico para ser replicada en América Latina.

“Las organizaciones agrícolas están listas para recibir este tipo de herramientas, por lo tanto, tenemos, el CIAT, más la comunidad de usuarios de esta técnica que está emergiendo, una gran responsabilidad para lograr el despliegue en tiempos. En eso la colaboración de organizaciones como el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR) y el Instituto Internacional de Investigaciones para el Clima y la Sociedad (IRI, por sus siglas en inglés) son claves”, dijo el investigador Sylvain Delerce, del equipo Big Data del CIAT.

Pero el sueño Big Data quiere traspasar fronteras latinoamericanas. “Estamos discutiendo la posibilidad de hacer un evento entre América Latina y África para divulgar los trabajos que se adelantan en la región y mostrar cómo Big Data puede ayudar a los gobiernos en sus sistemas de planificación e inversión para la agricultura”, aseguró Holger Kray, economista agrícola principal del Banco Mundial.

Mientras pasaban las horas y los fríos días de invierno en el taller de Big Data, realizado en las instalaciones del INIA, en Treinta y Tres, Gonzalo Rovira empezaba a encontrarle el encanto a “R”. Al final de la jornada, el ingeniero de 59 años y “R” ya eran uno. A su regreso al molino, seguirá motivando a sus técnicos y agricultores para que compartan sus datos después de cada zafra y poder hablarles de cuáles variedades se adaptan mejor, cuáles características del clima, del suelo o del manejo tienen mayor impacto en el rendimiento y con ello, encontrar tendencias y dar alertas, pero ahora acompañado de la valiosa compañía de “R”.

*El taller de análisis de grandes volúmenes de datos comerciales de arroz fue organizado por el CIAT, el FLAR, INIA Uruguay, el INTA de Argentina, y el IRI. Contó con el apoyo del Banco Mundial.

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