Una oportunidad para que Cali coma mejor

En la rapitienda Los Toños 2, en el barrio Siloé, al oeste de Cali, Juan Antonio Gómez ofrece a los vecinos verduras, hortalizas y todas las frutas frescas propias del trópico. En una de las zonas más deprimidas de la ciudad, el 40% de las familias que llegan a esta tienda compran al día y lo que esté más barato. Llevan lo que les alcance con $3.000 o $4.000. Otras familias optan por compras semanales, que no superan los $15.000.

El propietario de esta concurrida tienda barrial surte el negocio seis veces por semanas con alimentos que trae de la plaza de mercado de Santa Elena y la central de abastos de Cavasa.

“Tratamos de traer lo que esté más barato en la plaza para que la gente tenga la posibilidad de comprar”, dice el administrador de Los Toños 2, quien con una rapidez que asombra, pesa, suma y envuelve.

A tres cuadras de allí está Merca Fruver Siloé, donde compra Carmen Castillo. Ella solo consume lo natural. “A mí no me da pereza cocinar y además, las defensas las dan la comida buena y no la chatarra”, dice esta mujer que no supera los 55 años.

Los Toños y Marca Fruver se han convertido en los principales proveedores de alimentos sanos y de primera necesidad del tradicional sector de Siloé.

Sin embargo, la imagen no es la misma en muchas de las doce mil tiendas que se estiman hay en la ciudad, que dejan ver que los alimentos procesados han ganado un importante espacio entre las góndolas y vitrinas de estos negocios, donde anteriormente los alimentos naturales eran los protagonistas.

Una investigación liderada por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) sobre el sistema alimentario de la ciudad, encontró que la comida industrializada es protagonista en la mesa de los caleños. Embutidos, enlatados, paquetes y bebidas azucaradas tienen un sitial especial en los hogares, tanto de los estratos bajos como altos de la ciudad.

La inclusión de alimentos industrializados en la dieta de los caleños, sumada a otros hábitos alimentarios inadecuados, ha hecho que el 53,9 % de la población con edades entre los 18 y 64 años tengan exceso de peso, según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, que realizó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en el 2010.

En paralelo al sobrepeso y la obesidad, en Cali también prevalece la malnutrición por carencia de nutrientes, es decir, se manifiesta la doble carga nutricional, afectando especialmente a los niños menores de 5 años.

Según cifras conocidas por el CIAT, en Santiago de Cali hay indicadores significativos de desnutrición aguda con un 4%; esta es una alteración por deficiencias alimentarias; y retraso en talla con 6,79%, lo que indica que ha habido carencia de alimentos durante su vida.

“Hace falta mayor aplicación y seguimiento a políticas agrícolas y de seguridad alimentaria y nutricional para promover la disponibilidad y el acceso a los alimentos sanos en la ciudad”, dijo Guy Henry, coordinador de la iniciativa estratégica Sistemas Alimentarios Sostenibles del CIAT y líder del proyecto ‘Cali come mejor’.

El proyecto ‘Cali come mejor’ es una iniciativa que tiene como reto analizar el sistema alimentario de Cali para generar estrategias dirigidas a optimizar su funcionamiento, beneficiando a los consumidores y a los campesinos de escasos recursos. Asimismo, busca movilizar a los actores del sistema alimentario y sacar adelante la Política Pública Municipal de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Santiago de Cali que fue planteada en el año 2009, pero que aún no ha sido aprobada por el Concejo de la ciudad.

El estudio sobre el sistema alimentario de Cali, especialmente sobre consumo y que abarcó a familias con características sociales y económicas similares, permitió establecer, además de la influencia de los alimentos industrializados en las familias, cuáles son los hábitos alimentarios, quién toma la decisión de lo que se consume en los hogares y qué determina esa decisión.

La mayoría de las personas entrevistadas saben qué alimentos deben consumir para tener una vida saludable. El desayuno, por ejemplo, es considerado la comida que no puede evitarse por ningún motivo y sobre todo, debe ser la más balanceada. Mientras en la cena se percibe cierta informalidad y consumo de gran variedad de alimentos, incluso, en todos los grupos estudiados se identificaron personas que la omiten porque no la consideran necesaria.

“Los jóvenes aprenden a sembrar y a cosechar alimentos sanos y esa experiencia la pueden llevar a sus hogares. De esta manera se puede trabajar en cambiar la percepción que tienen de que las frutas y las verduras son alimentos poco agradables y costosos”

Guy Henry

Líder del proyecto ‘Cali come mejor’

“Aunque la cocina doméstica es de gran importancia en todos los grupos socioeconómicos, a medida que se aumenta el nivel de ingresos, su práctica se reduce debido a los cambios en la organización en el hogar, incluyendo las transformaciones del rol de la mujer en la casa”

Jenny Peña

Investigadora del CIAT

Sin embargo, el cambio en la dieta está determinado por factores económicos y sociales. Para los estratos 1, 2 y 3, la disponibilidad del dinero influye en la decisión de qué comer.

“El sistema alimentario en Cali funciona porque hay disponibilidad constante de alimentos variados, procedentes de diferentes regiones, e incluso, de otros países. El problema radica en que no hay acceso permanente de alimentos entre la población más vulnerable que permita una dieta balanceada y suficiente para la necesidad nutricional”, dijo Ruby Castellanos, nutricionista y dietista, de la Secretaría de Salud Pública de Cali, entidad que coordina la Mesa Municipal de Seguridad Alimentaria.

Para Jenny Peña, investigadora del CIAT, quien participa en el estudio ‘Cali come mejor’: “La falta de recursos económicos no le permite a la gente tener una alimentación diaria completa, con calidad y variada. Se sabe que consumir verduras y hortalizas es saludable, pero las personas las perciben como costosas. Por eso, comer salchichas con papa que vale dos mil pesos, o comida de sobre, se presentan como una buena opción, frente a un arroz con verduras que puede costar lo mismo”.

Entre tanto, en los estratos 4 y 5, pese a tener los recursos para comprar alimentos de mejor calidad y estar convencidos de que “no hay como la comida de la casa”, la falta de tiempo para prepararlos permite la entrada de productos procesados que requieren menos preparación, pedir a domicilio o tomar la decisión de comer por fuera de casa.

 

Para la nutricionista Ruby Castellanos, además del factor económico, la falta de educación nutricional también impera en la decisión al momento de comprar y preparar los alimentos.

El estudio ‘Cali come mejor’ incluyó a familias con niños y jóvenes entre los 10 y 14 años para determinar cómo se inician los hábitos saludables en esas edades.

“Las nuevas generaciones se encuentran fuertemente influenciadas por el consumo de la comida ultra procesada donde incide la preferencia por el sabor, la alta disponibilidad, las presentaciones y también el entorno que ofrece diversidad de alimentos a bajos precios”, asegura la investigadora Jenny Peña.

Al rescate de la tradición

La estrategia para que Cali coma mejor, incluye entre otras iniciativas, buscar alianzas para tratar de construir circuitos más cortos en la cadena para que los alimentos lleguen más baratos y en mejor calidad al consumidor final. Por eso las tiendas de barrio, junto con los mercados móviles se convierten en grandes aliados en la cadena para influir en la población en su decisión de elegir el menú del día ofreciendo verduras y hortalizas de calidad y a precios asequibles.

“Se deben establecer mecanismos para que el Estado tenga gobernabilidad en el control de los precios de los alimentos, para que lleguen a precios justos a la población más vulnerable”, dijo Castellanos.

Otro frente de acción planteado por la iniciativa ‘Cali come mejor’ está dirigido a establecer las huertas escolares como una plataforma de aprendizaje.

Pese a ser una mala noticia que los embutidos, enlatados, paquetes y bebidas azucaradas estén presentes en la dieta de los caleños, esto también se presenta como una oportunidad para trabajar de la mano con quienes están detrás de la fabricación de estos alimentos: la industria.

“Estos resultados deben ser conocidos por las grandes industrias para que se comprometan a trabajar en un futuro en producir mejores alimentos, con menos conservantes, aditivos, azucares y sales, que tanto daño le están haciendo a la gente”, asegura Guy Henry.

Para Henry, el objetivo es buscar que las industrias regulen la publicidad de alimentos dañinos para la salud, en la transparencia en la información nutricional que viene en los etiquetados y los controles gubernamentales para hacerles seguimiento.

Los resultados de la primera etapa del estudio ‘Cali come mejor’ -que duró dos años- se llevaron a la mesa SAN (Seguridad Alimentaria Nutricional) de la Alcaldía de Cali, conformado por las secretarías de Salud, Educación y Bienestar Social; la Universidad del Valle, la Universidad Nacional, la Universidad Autónoma de Occidente y la Universidad Icesi; el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF); la Unidad de Asistencia Técnica (Umata), la central de abastos Cavasa, plazas de mercado, asociación de tenderos, diferentes organizaciones sociales y ONG.

En total son 40 entidades que buscan encaminar a la ciudad bajo una política de seguridad alimentaria que les permita a los más de dos millones de habitantes contar con alimentos variados, nutritivos, asequibles y a precios justos; tener una ciudad que no viva entre el déficit y el exceso, sino lograr una Cali que se alimente mejor.

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Este proyecto ha sido posible gracias a la financiación de la Fundación Ford y el apoyo científico del Centro Francés de Investigación Agronómica y Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIRAD).

En línea con el mundo

El proyecto Cali Come Mejor busca impulsar la Política Pública Municipal de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Santiago de Cali, y que ésta siga los lineamientos del Pacto de Política Alimentaria Urbana.

Esta iniciativa, conocida como Pacto de Milán, logró que alcaldes y representantes de 123 ciudades del mundo, incluidas Bogotá y Medellín, firmaran en octubre de 2015 en Milán, Italia, una acta, en el que entre otras cosas, se comprometían a “Trabajar para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, resilientes, seguros y diversificados, para asegurar comida sana y accesible a todos en un marco de acción basado en los derechos, con el fin de reducir los desperdicios de alimentos y preservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, mitigar y adaptarse a los efectos de los cambios climáticos”.

“Queremos que Cali se una a ese compromiso de muchas ciudades que le apuestan a sistemas alimentarios sostenibles y a la promoción de dietas saludables. La ciudad no está sola en este esfuerzo y podemos aprender de las buenas prácticas que se están llevando a cabo en el mundo, teniendo en cuenta el contexto de ciudad”, señaló Guy Henry, experto en sistemas alimentarios del CIAT.

Llamado a la acción

-El proyecto ‘Cali come mejor’ buscará seguir respaldando la promoción y facilitación al diálogo entre los múltiples actores para guiar la formulación de políticas públicas en favor de un sistema alimentario sostenible para Cali.

-‘Cali come mejor’ también seguirá apoyando e incentivando las intervenciones concretas que faciliten el acceso a alimentos saludables en las zonas urbanas y rurales de la ciudad. Un ejemplo de ello son las huertas comunitarias y escolares y los mercados campesinos. Estas intervenciones se llevarán a cabo con el respaldo de las instituciones que han trabajado en estas iniciativas.

-El proyecto ‘Cali come mejor’ se podrá replicar en otras ciudades del país donde existe la necesidad de adoptar un marco de acción a fin de potenciar el desarrollo de aptitudes y capacidades que fomenten el consumo y producción sostenibles en los sistemas alimentarios.

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