Durante 37 años, el equipo del laboratorio de nutrición y fisiología de plantas (LNFP) del CIAT ha realizado trabajos de análisis químicos en los diferentes proyectos relacionados con los cultivos de forrajes, fríjol y los suelos asociados a ellos.

El equipo que trabaja en el laboratorio está conformado por Gonzalo Borrero, su coordinador, Diana Patricia Higuita, Rosa Elvira Brand y Aracely Vidal, encargadas de dar asistencia en la realización de los análisis químicos nutricionales tanto en tejido vegetal como en suelos.

Dichos análisis son solicitados por los investigadores que realizan pruebas para determinar la efectividad o influencia del tratamiento que aplican en los ensayos, según la línea de investigación.

Por otra parte, integrantes del equipo de nutrición y fisiología también interactúan con los miembros del laboratorio al cual llegan todas las muestras para análisis.

Entre ellos, está José Polania, asociado de investigación del programa de frijol que trabaja en procesos de resistencia a la sequía y al calor para hacer selección de variedades que se adapten a estas condiciones; Mariela Rivera, investigadora asociada que se enfoca en la compactación del suelo midiendo la resistencia y los mecanismos de la raíz para absorber nutrientes y su desarrollo.

Adicionalmente, Jaumer Ricaurte, investigador asociado, realiza ensayos con frijol y forrajes estudiando la problemática de los suelos ácidos (pH bajo con altas concentraciones de hierro y aluminio, con baja disponibilidad de fósforo para ser absorbido por la raíz de la planta. El pH es una propiedad que influye en los procesos químicos, disponibilidad de nutrientes, procesos biológicos y actividad microbiana).

En el caso concreto de inundación trabajan Juan Andrés Cardoso, investigador postdoctoral, y Juan de la Cruz Jiménez, investigador. Ellos miden procesos fisiológicos producidos por el estrés al que son sometidos los cultivos por el exceso de agua.

Del mismo modo, Norma Barbosa, asistente de investigación del programa de fríjol, se encarga de la fijación de nitrógeno evaluando el mecanismo de formación de nódulos que se adhieren a la raíz y ayudan a la captura del nitrógeno atmosférico para que la planta mejore su nivel de nutrición.

Jacobo Arango, jefe del laboratorio de forrajes, y Jonathan Núñez, asistente de investigación de este programa, realizan un trabajo importante al observar el mecanismo denominado “inhibición de la nitrificación biológica” o INB (BNI, como se le conoce en inglés), que opera en las raíces de una gramínea tropical empleada para la alimentación pecuaria, reduciendo marcadamente la conversión del nitrógeno a óxido nitroso aplicado al suelo como fertilizante y que posee enorme potencial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los investigadores se encargan de enviar al laboratorio (LNFP) las muestras, que pueden estar representadas por tejido (raíz, tallo, semillas, hojas o planta completa) y suelos de los sitios donde se realizan los ensayos.

Sin lugar a equivocaciones

Para alcanzar buenos resultados, el laboratorio mantiene sus procesos bajo control y no se admiten equivocaciones. Las muestras de tejido se procesan en los molinos y son tamizadas a 1 o 2 milímetros y colocadas en tubos de ensayo. Los suelos se secan al medio ambiente posteriormente, se homogenizan y se tamizan a 1 o 2 milímetros  según la solicitud del análisis y se empacan en cajas de cartón previamente numeradas.

Ya listas las muestras se ingresan al laboratorio con la hoja de registro donde se adjuntan datos de número de muestras, quién la recolectó, cuándo, de donde viene y se identifican con un código interno y se ubican para el análisis solicitado.

Para asegurar la veracidad de los resultados en cada análisis realizado de manera  conjunta con las muestras, se analizan 4 patrones que sirven de modelo de comparación de resultados.

Luego de analizada la muestra, se realizan cálculos y se envían los resultados a las personas correspondientes.

Del mismo modo, se archivan todos los datos del laboratorio por seguridad como parte del compromiso de calidad y buenas prácticas de laboratorio (BLP).

Se hace énfasis en el uso  de los implementos de seguridad, la capacitación del personal en cuanto a los riesgos y manejos de reactivos, control de uso diario y chequeo de equipos y la implementación del sistema globalmente armonizado (SGA) de almacenamiento y codificación  de reactivos, para unificar criterios dentro de la organización, labor realizada con el apoyo del área de Salud, Seguridad y Medio Ambiente.

Un grupo en constante crecimiento

Los integrantes de nutrición y fisiología del CIAT se apoyan desde el año 2012 en el desarrollo de charlas que incluyen autoevaluación para la identificación de puntos críticos y el establecimiento de planes de acción para el mejoramiento continuo. Anualmente se trabajan temas de buenas prácticas de campo y de laboratorio, comunicación interna y trabajo en equipo, para mejorar la interacción entre sus integrantes.

“Más que una obligación, es una necesidad que constantemente los miembros de los equipos reciban actualización y retroalimentación frente a sus funciones para que cada uno sepa exactamente lo que debe hacer, dado el avance de la tecnología y las nuevas metodologías en su campo”.

Gonzalo Borrero

Coordinador laboratorio de nutrición y fisiología de plantas (LNFP) del CIAT.

Aunque como en todos los equipos de trabajo multidisciplinarios se presentan algunas dificultades de coordinación, para el año 2016 el laboratorio se ha trazado el objetivo de darle amplio sustento científico a cada uno de los proyectos que se trabajen a través del análisis de suelos y plantas.

En estos años de avance y mejora, vale la pena resaltar el liderazgo del doctor Michael Peters en el programa de forrajes y del doctor Idupulapati Rao, y el trabajo mancomunado de un equipo de investigadores que todos los días ponen su experticia y conocimiento a favor del cumplimiento de la misión del CIAT.

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