Diversos frijoles en Sudán del Sur. La Biodiversidad es la base de un ecosistemas saludables. Crédito: CIAT / N. Palmer

 

En el Día Internacional de la Diversidad Biológica, hablamos de cómo la biodiversidad se puede potenciar para incorporar resiliencia en nuestros sistemas alimentarios y construir un futuro más saludable.

El aire que respiramos, los alimentos que consumimos y el agua que bebemos dependen de la biodiversidad, la base de ecosistemas saludables y funcionales. Existe un vínculo íntimo que vincula la diversidad biológica, la alimentación y la salud planetaria. La comida en nuestro plato depende de la disponibilidad de agua dulce y suelos saludables, que suministran nutrientes esenciales a las plantas, que a su vez constituyen el 80% de los alimentos que ingerimos y producen el 98% del oxígeno que respiramos. Sin plantas no habría organismos benéficos del suelo que redujeran el riesgo de plagas. Todas estas piezas interactúan en un fino equilibrio llamado ecosistema, que ha tomado su forma actual tras millones de años de evolución. Ahora más que nunca, mientras se desarrolla la pandemia del COVID-19, es evidente que aún dependemos completamente de nuestros ecosistemas naturales, a pesar de todos nuestros avances tecnológicos.

Esto significa que, para prosperar en el futuro y recuperarse de los impactos del COVID-19 en el corto plazo, debemos garantizar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad y sus numerosos nexos con las necesidades sociales, incluidos los alimentos que consumimos. Y, sin embargo, nuestra preciosa biodiversidad está en declive, con 1 millón de especies de animales y plantas en peligro de extinción, más que nunca antes en la historia humana.

El lema del Día Internacional de la Diversidad Biológica de este año, “Nuestras soluciones están en la naturaleza”, enfatiza la importancia de trabajar juntos a todos los niveles para construir un futuro saludable y sostenible, en armonía con la naturaleza.

Hora de reflexionar 

Los agricultores en Bihar, India, usan una increíble cantidad de diversidad. En esta imagen: mostaza, trigo y plátano. La forma en que producimos nuestros alimentos está perjudicando al planeta, pero la biodiversidad puede ser usada para hacer que nuestros sistemas alimentarios sean más resilientes. Crédito: Bioversity International / A.Gupta

La agricultura es el principal motor de la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad y, al mismo tiempo, no proporciona suficientes alimentos diversos y nutritivos. Más de un tercio de la superficie terrestre del planeta y casi el 75% de los recursos de agua dulce se dedican actualmente a la producción agrícola o pecuaria. A nivel mundial, los hábitos alimenticios se están volviendo más similares entre sí, dependiendo de unos pocos cultivos principales de cereales como el arroz, el trigo y el maíz, así como del azúcar y el aceite. Las dietas deficientes son la principal causa de enfermedades y muertes a nivel mundial.

Como resultado de esta homogeneización, miles de plantas de alimentos cultivados y silvestres ya no se utilizan, a pesar de su valor nutricional. La pérdida de esta variedad de plantas no es solo un problema nutricional. También perjudica la resiliencia de nuestros sistemas alimentarios frente a las plagas, las enfermedades y el cambio climático, dado que la diversidad genética es fundamental para mantener la estabilidad del ecosistema y apoyar la resiliencia a largo plazo de nuestros sistemas de producción de cara a diferentes crisis. A su vez, esto es esencial para aliviar la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria de manera sostenible.

La forma en que producimos y consumimos nuestros alimentos está claramente lastimando tanto a las personas como al planeta. Es hora de reflexionar. Afortunadamente, la agricultura puede convertirse en parte de la solución y se puede potenciar la biodiversidad para incorporar resiliencia en nuestros sistemas alimentarios.

La biodiversidad es parte de la solución

El COVID-19 está poniendo al descubierto las fallas de nuestros sistemas alimentarios actuales y nos está obligando a reflexionar sobre los cambios que necesitamos implementar para lograr un sistema alimentario que alimente adecuadamente a las personas y sostenga al planeta.

En este contexto, 2020 puede ser un año de reflexión y desafíos convertidos en oportunidades. Las discusiones en torno al Marco Mundial para la Biodiversidad Post-2020 nos brindan a todos la oportunidad de comprometernos y unir fuerzas para lograr sistemas alimentarios sostenibles y resilientes que beneficien a las personas y al planeta, a través de un mayor uso y conservación de la biodiversidad. ¿Cómo podemos lograr esto?

Medir

Ensayos de frijoles tolerantes a la sequía en Malawi. Mejorar el acceso a los datos sobre el estado de la agrobiodiversidad en todo el mundo puede provocar un cambio de comportamiento. Crédito: CIAT / N. Palmer

La biodiversidad agrícola – la riqueza de plantas, animales y microorganismos utilizados para la alimentación y la agricultura – a menudo se ve excluida de las pautas dietéticas, las políticas agrícolas y ambientales, las estrategias comerciales y los esfuerzos de monitoreo a nivel mundial. Mejorar el acceso a datos y conocimientos sólidos sobre el estado de la agrobiodiversidad en todo el mundo puede ocasionar un cambio de comportamiento y ayudar a reintroducir la agrobiodiversidad en nuestros sistemas alimentarios.

El Índice de Agrobiodiversidad representa un paso importante para habilitar marcos de políticas y constituye la primera herramienta que brinda a los formuladores de políticas, compañías e inversionistas un estándar acordado para medir la agrobiodiversidad en las dietas, la producción y los recursos genéticos, a fin de diseñar estrategias concretas para usarla de manera sostenible.

Proteger

Para comenzar a cambiar la curva de pérdida de biodiversidad, necesitamos mejorar los esfuerzos para conservar lo que queda de la diversidad genética mundial. Esto significa, por ejemplo, asegurarse de que haya suficientes fondos disponibles para sostener los bancos de germoplasma en todo el mundo. La Alianza de Bioversity International y el CIAT maneja bancos de germoplasma en Colombia y Bélgica, que salvaguardan plantas de 150 países para preservar la biodiversidad agrícola y arbórea para las generaciones futuras. Los bancos de germoplasma son un respaldo importante en caso de fenómenos naturales extremos y situaciones de emergencia, como la pandemia del COVID-19.

La Alianza cuenta además con una experiencia de décadas en la promoción de la conservación en finca y la conservación en la naturaleza. Gran parte de nuestra biodiversidad alimentaria es mantenida por pequeños productores de alimentos, incluidas las comunidades indígenas, a menudo a través de prácticas agroecológicas. Las variedades que producen los pequeños productores están bien adaptadas al clima y las condiciones del suelo locales. La Alianza adopta enfoques novedosos como la ciencia ciudadana para potenciar este conocimiento tradicional y ayudar a las comunidades a redescubrir y desplegar el potencial de los cultivos locales, olvidados y subutilizados.

El banco de germoplasma de la Alianza en Colombia contiene una de las mayores colecciones de frijoles, yuca y forrajes tropicales del mundo. Estas muestras se conservan, estudian y comparten. Crédito: CIAT / N. Palmer
Semillas aseguradas en el banco de germoplsma de Kawanda durante el genocidio de Ruanda. El banco de germoplasma de frijol de la Alianza en la estación de investigación de Kawanda, Uganda, recibe nuevas variedades de Colombia y protege los frijoles en África. Los investigadores usan los frijoles para producir variedades más resistentes. Crédito: CIAT / G. Herrero

Uso

Todas las regiones y culturas alimentarias tienen sus propias especies de alto contenido nutricional que actualmente están siendo descuidadas y subutilizadas y que se pueden volver a poner en el plato para aumentar la seguridad alimentaria, la nutrición y la resiliencia de la agricultura. Decenas de miles de cultivos alternativos pueden sustituir y complementar los tres cultivos – arroz, trigo y maíz – que actualmente proporcionan más del 50% de las calorías globales derivadas de las plantas. El sorgo, el mijo y la quinua son ejemplos de cereales que pueden crecer en entornos difíciles, tienen un alto contenido de nutrientes y tienen el potencial de aumentar sus rendimientos. Usar esta preciosa diversidad es la mejor manera de preservarla – ya que las semillas se comparten y multiplican.

Sin embargo, muchos agricultores no cuentan con suficientes incentivos para adoptar este enfoque, pues son impulsados por la demanda del mercado de variedades de cultivos de alto rendimiento más comunes. Además, las leyes de semillas y las políticas de recursos genéticos, en un esfuerzo por garantizar semillas de buena calidad, a veces han introducido legislaciones que inhiben la forma en que los agricultores pueden intercambiar y vender sus variedades. Para enfrentar estos problemas, la Alianza trabaja con varios países, desde Guatemala hasta Kenia y Sri Lanka, para incorporar la biodiversidad en las políticas agrícolas, mapear e incorporar los saberes tradicionales en las pautas dietéticas nacionales al tiempo que incrementa la conciencia de los consumidores sobre los beneficios de diversos alimentos.

Finalmente, es importante que reconozcamos que depende de todos nosotros proteger y utilizar nuestra biodiversidad.

Todos tenemos una función que cumplir, desde los gobiernos hasta las empresas y los consumidores, juntos podemos revertir las tendencias actuales haciendo elecciones alimentarias más conscientes y transformando la agricultura y los sistemas alimentarios. Esto incluye pasar a dietas más diversas y nutricionales accesibles para todos, reduciendo el desperdicio de alimentos y adoptando en la agricultura soluciones basadas en la naturaleza Juan Lucas Restrepo

Director General de la Alianza

Agricultores trillando quinua en Bolivia. Todas las regiones y cultivos alimentarios tienen sus propias especies nutricionalmente ricas que, a pesar de estar actualmente subutilizadas, pueden aumentar la seguridad alimentaria, la nutrición y la resiliencia. Crédito: Bioversity International / A. Camacho
Diversidad alimentaria del Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) en Yunnan, China. Crédito: Bioversity International / B. Samors

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