Imagen: Productores de Tef en un campo en Etiopía, Foto: Aemiro Wodleyohannes

El Tef, un grano básico nativo de Etiopía, se encuentra en riesgo, pues pronto el 80 % de su producción se verá afectada por las altas temperaturas si no se protege. Por primera vez, científicos han mapeado miles de las variedades del cultivo para acelerar los esfuerzos por salvarlo.

El Tef, un grano ancestral originario de Etiopía, es un alimento básico para 50 millones de personas en el país. También está aumentando su popularidad en todo el mundo, promovido como superalimento por no contener gluten y ser rico en fibra y proteína, además de su bajo contenido de azúcar.

El teff se usa para hacer el tradicional injera de pan plano etíope. Crédito: G.Smith

Sin embargo, los dramáticos incrementos de la temperatura que se proyectan en Etiopía para 2070 podrían obligar a los agricultores a cultivarlo solo en áreas montañosas a latitudes más altas, con lo cual se reduciría la producción en una época en que el alimento ya es escaso y la población aumenta.

Pero el tef tiene secretos escondidos en su ADN. Por primera vez, los científicos han mapeado la enorme diversidad del grano, que consiste en 3850 tipos conocidos. Cada uno cuenta con características o “rasgos” únicos que les permiten hacer frente a las condiciones ambientales.

El estudio se publicó en Agriculture, Ecosystems & Environment.

Según el lugar en que se cultiven, las variedades pueden ser tolerantes al calor o la sequía o producir más grano. Ahora, esa información ha sido identificada por los investigadores y almacenada en “pasaportes” individuales para cada tipo, que pueden utilizarse para generar variedades más resilientes.

Desde el momento en que uno sabe qué contiene el grano, puede acelerar el mejoramiento de tipos en particular, por ejemplo, se pueden combinar tipos de rendimiento bajo cultivados en áreas cálidas con tipos altamente productivos cultivados en áreas templadas para obtener un grano altamente productivo, tolerante al calor.

Carlo Fadda

Cautor de la Alianza de Bioversity International y CIAT

“La comprensión de esta masiva diversidad genética dentro del tef ofrece una enorme probabilidad de desarrollar variedades naturalmente resilientes al clima, dentro de un marco temporal menor, de 5 a 10 años, en comparación con cientos de años que toma en estado silvestre”, dijo Fadda.

El grano puede soportar temperaturas extremas desde 2 a 38 °C; algunos tipos pueden desarrollarse con una precipitación anual de 2000 mm; otros solo toleran 542 mm. Existen tipos de color rojo, café y blanco, cada uno con un contenido de nutrientes y sabores que se utilizan para preparar diferentes platillos.

“Ningún otro país que cultive este grano cuenta con este nivel de diversidad genética, lo cual hace que Etiopía sea singular”, dijo Fadda. “Esta diversidad puede utilizarse para aumentar la producción para la demanda local o incluso para exportar, a pesar de las condiciones climáticas”.

Etiopía produce más del 90 por ciento del tef de todo el mundo y, como país de origen, cuenta con la mayor diversidad de tef del planeta. En el país, la producción de tef involucra a aproximadamente 7 millones de hogares y abarca unos 3 millones de hectáreas.

Su creciente popularidad ha dado lugar a su cultivo en Australia, China, India, Sudáfrica y los Estados Unidos.

Potencial para exportación

Tierras de cultivo etíopes. Crédito: G.Smith

Los científicos llevaron a cabo un estudio exclusivamente en Etiopía, sin exportar una sola semilla. Entre los autores se encontraban investigadores del Instituto de Ciencias de la Vida de la Escuela Superior Santa Ana de Pisa, Italia, y el Instituto Regional de Investigación Agraria Amhara (ARARI, sus siglas en inglés) de Bahir Dar, Etiopía.

“Algo notable del tef es que Etiopía no se encuentra entre los grandes exportadores de tef en el mundo. Esto se debe a múltiples razones; una de ellas es el hecho de que el cultivo del tef aún no se encuentra al nivel de los medios modernos de producción”, comentó Ermias Abate Desta, coautor de ARARI.

“Si Etiopía cumpliera con reglamentos internacionales de acceso y beneficios compartidos (p. ej., el protocolo de Nagoya), se beneficiaría de la expansión del tef como cultivo mundial, porque cuenta con un enorme reservorio de rasgos de tef que no se encuentran presentes en ninguna otra parte del mundo”, agregó.

La investigación en tef es parte de una interacción más amplia entre Bioversity, la Escuela Santa Ana e instituciones etíopes, en la que se incluyen otros cultivos. La investigación se centra en pequeños productores agrarios en Etiopía.

Comparado con cultivos de importancia mundial, el tef se encuentra poco estudiado y se considera un cultivo “huérfano” o subutilizado. Pero la investigación en tef está atrayendo la atención de instituciones y científicos internacionales, incluidos los de la Escuela Santa Ana de Italia.

La investigación en curso busca caracterizar la diversidad genética de una colección básica de variedades locales de tef (o variedades seleccionadas por agricultores que han evolucionado a lo largo de generaciones) y a comprender mejor su potencial agronómico en relación con los rasgos que interesan a los agricultores.

Esto incluye mejoramiento de nuevas variedades de tef con mayor rendimiento, resistencia a plagas, clima y otros tipos de estrés abiótico y otros rasgos deseables para los agricultores locales.

“Esas interacciones conllevan esfuerzos públicos y privados de mejoramiento, así como organismos nacionales e internacionales interesados en la conservación de la agrobiodiversidad del tef a raíz del cambio climático”, comentó Matteo Dell’Acqua, coautor de la Escuela Santa Ana.

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