La desnutrición sigue siendo un problema grave para muchas personas en África oriental. Los consumidores en situación de pobreza están dispuestos a pagar un suplemento de precio por alimentos más sanos, lo cual indica una nueva estrategia para mejorar la nutrición a gran escala.

Ugandeses y kenianos de hogares pobres de las zonas urbanas están dispuestos a pagar un suplemento de precio por harina más nutritiva, según lo demuestra una investigación reciente. El estudio, encabezado por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), aborda las deficiencias de conocimiento sobre consumidores de barrios marginales urbanos y su interés por comprar alimentos enriquecidos con nutrientes.

“Lo que motivó a efectuar este estudio son las altas tasas de desnutrición de África, especialmente en asentamientos urbanos informales”, dijo Christine Chege, científica de CIAT y autora principal del estudio. “Producir alimentos nutritivos asequibles para esta categoría de consumidores, sobre todo mujeres y niños, que son los más afectados por la desnutrición, podría ayudar a cambiar la historia”.

Aunque los consumidores de asentamientos urbanos informales en la denominada base de la pirámide (BdP) tienden a gastar alrededor del 60 % de sus ingresos en alimento, frecuentemente siguen padeciendo desnutrición. Enriquecer los alimentos básicos con materias primas ricas en vitaminas, hierro, zinc y minerales constituye una forma de hacer frente a la desnutrición. Los investigadores evaluaron si las familias pobres que viven en las capitales de Uganda y Kenia (Kampala y Nairobi) estaban dispuestas a pagar más por harina para polenta más nutritiva, un componente clave de su dieta diaria. El estudio se publicó en Food Policy en agosto de 2019.

“El consumo de papilla se encuentra generalizado para complementar la alimentación infantil y está ampliamente extendido entre madres lactantes y mujeres embarazadas”.

Los resultados demuestran que cerca del 94 % de los consumidores en ambos países pagarían un suplemento de precio por harina para polenta más nutritiva; de ellos, los kenianos, con mayor poder adquisitivo, están dispuestos a pagar un precio mayor, en comparación con los ugandeses. Sin embargo, en Uganda, donde la polenta posee mayor importancia en la dieta, alrededor del 64 % de la gente pagaría al menos 50 % más por una harina mejor.

En Uganda, informar a la gente sobre los beneficios nutritivos de la harina es importante para convencerlos de pagar el suplemento de precio, según la investigación. Para los kenianos, los mayores beneficios nutritivos no son un argumento importante de venta de la harina enriquecida. Sin embargo, estos últimos cuentan con un mayor poder adquisitivo para comprar un producto más caro.

Los científicos observaron que las cabezas de familia de mayor edad pagarían más que jefes de familia más jóvenes. Lo mismo ocurre con hogares con hijos menores, pues conocen mejor qué nutrientes necesitan las criaturas para su desarrollo.

Posibilidades normativas

El estudio demuestra que la dieta original de los consumidores es muy importante para determinar si comprarán alimentos más nutritivos. Las personas que ya consumían una harina para polenta más nutritiva (con mijo y otros ingredientes, aparte de maíz) se mostraron más abiertas a pagar un precio mayor, pues ya conocen algunos de los beneficios de consumir mejores alimentos. En Kenia, la harina mejorada contenía maíz, frijol, banano, calabaza de color naranja, zanahorias y hojas de amaranto; en Uganda, esta incluía maíz, soya, amaranto, frijol y hojas de moringa.

La harina mejorada para polenta de mayor precio cuenta con el potencial de tener éxito en los mercados de Uganda y Kenia, pues solo el 3 % de los consumidores necesitarían que se les hiciera un descuento para poder comprarla, según observaciones de los investigadores. El estudio concluye que esta apertura hacia una mejor nutrición permitiría a los formuladores de políticas promover exitosamente el consumo de una dieta más diversa entre las personas en situación de pobreza del área urbana. Una mayor demanda de alimentos enriquecidos también estimularía la demanda de materias primas individuales provenientes de la agricultura, que se utilizan para el producto enriquecido, lo cual traería mayores ingresos para los agricultores, pero también tendría el potencial de mejorar su nutrición mediante el consumo de dichas materias primas.

“En África, es necesario ir más allá de tener el estómago lleno y pensar más en qué se puede hacer para evitar el hambre oculta, como las deficiencias de micronutrientes o la sobrealimentación”. “Proporcionar información sobre nutrición a los consumidores, con respecto a qué alimentos son nutritivos y qué necesitan consumir, contribuirá enormemente a reducir los problemas de desnutrición. Si a los consumidores se les brinda información correcta sobre nutrición, estarán dispuestos a pagar incluso un poquito más por alimentos nutritivos; además, pueden esforzarse por verificar qué tipo de alimento consumen, siempre que los alimentos estén a su disposición y puedan acceder a ellos.

Christine Chege

PDF: Nutritionist, (CIAT-Kenya)

Agradecimientos

Los autores agradecen el financiamiento del Ministerio Federal Alemán para el Desarrollo y la Cooperación Económica (BMZ), de Alemania, a través del proyecto número 15.7860.8-001.00 “Cadenas de valor funcionales para la seguridad alimentaria y nutricional de poblaciones vulnerables en África oriental”, a cargo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). Los autores también quieren agradecer a la Organización de Investigaciones Agropecuarias de Kenya y a la Organización Nacional de Investigaciones Agronómicas (NARO) de Uganda por su cooperación y apoyo durante el trabajo de campo y a Mario Mazzocchi y dos revisores anónimos de esta revista, por sus comentarios constructivos.

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