Finca en Ruiru, en las afueras de Nairobi. Crédito: NMG. Fuente: businessdailyafrica.com

Autores: Job Kihara, Rosemary Nzuki

En África oriental, el apoyo a la agricultura urbana y periurbana ayudaría a enfrentar los efectos de la crisis por COVID-19.

Desde el brote de COVID-19 en Wuhan, China a finales de 2019, la enfermedad se ha propagado por todo el planeta, infectando a más de cuatro millones de personas y cobrando más de 300.000 vidas.

Aunque la pérdida de vidas humanas es lo más devastador de todo, la pandemia ya está causando un colapso económico en el ámbito mundial. Sus graves consecuencias perjudicarán más a las economías pobres. Las ciudades y poblaciones donde la gente habita y trabaja en las cercanías se encuentran entre las más afectadas, en vista de la forma en que se propaga la enfermedad.

Los confinamientos, impuestos como una de las maneras de frenar la propagación de la enfermedad, han dado lugar a una recesión económica en la que un gran número de personas han perdido su trabajo. En Kenia y Etiopía, por ejemplo, miles de personas del sector turismo se encuentran sin trabajo: conductores, personal de mantenimiento y limpieza, guías turísticos y guardias de seguridad en centros vacacionales, de repente se encontraron sin ganar lo que recibían antes de la pandemia.

Otros que dependen de un ingreso diario, como aquellos que venden maíz tostado a la orilla de la carretera en Nairobi y los vendedores callejeros en Addis Ababa, quedaron sin nada que comer los días que no venden lo suficiente. En tanto un número considerable de personas ha debido ajustarse a un salario reducido, otros que tienen la suerte de seguir recibiendo el salario completo de repente se encuentran pasando más tiempo en casa, debido a las restricciones de circulación.

Los residentes urbanos ahora enfrentan una inminente crisis alimentaria en la medida en que las autoridades desconectan a las ciudades de las áreas rurales para contener el virus y proteger a la población de la tercera edad que habita en las áreas rurales. Aunque el transporte de alimentos desde el área rural está permitido como un servicio especial, se espera un incremento en los precios.

Las restricciones a la circulación, y casos severos de confinamiento, han reducido significativamente el transporte. Esto quiere decir que existe un triple problema: el virus que está causando muerte y caos, un mayor número de personas encerradas en casa sin trabajo y una potencial crisis alimentaria en los poblados, porque es poco lo que se trae del área rural.

En los países de África oriental, aún se debe hacer frente a las consecuencias de las precipitaciones e inundaciones anormales del año pasado, que destruyeron cultivos, seguidas de un brote de langostas que según las previsiones volverá con más fuerza en este ciclo de cultivo. Entonces, ¿cómo hacen los países de la región para abordar los múltiples riesgos que se les vienen en cascada?

Aunque la fraternidad médica está luchando en primera línea, el apoyo a la agricultura periurbana es otra área que se beneficiaría de un plan para contrarrestar los efectos devastadores descritos anteriormente.

Banco comunitario de semillas en Wokaya, Etiopía. El establecimiento de un sistema inmediato de semillas garantizaría que cada barrio cuente con viveros o proveedores que produzcan y vendan plántulas. Crédito: Bioversity International

Un recorrido por ciudades como Nairobi muestra un panorama de cultivos creciendo en todas partes (lotes vacíos, aceras, patios, etc.) y la crianza sobre todo de pollos. Sin embargo, todo está siendo subutilizado pues solo se está efectuando en una pequeña porción de terrenos disponibles o solo una parte de las oportunidades se está explorando. Incluso así, son primordialmente los habitantes urbanos sin trabajo o en condiciones de suma pobreza (la mayoría no tiene derecho a los terrenos) y unos pocos de la clase media y alta que lo hacen como pasatiempo, además de un pequeño grupo de otras empresas de agronegocios.

La crisis del COVID-19 está desafiando este modelo al agregar una gran cantidad de personas que están perdiendo su trabajo y que recién habían comenzado a establecerse como habitantes permanentes de la ciudad mediante tenencia de la tierra y colonización. Es probable que una gran parte de ese grupo se muestre firme y permanezca en los extensos suburbios de la ciudad, en lugar de regresar a las áreas rurales.

Con una implementación adecuada, la agricultura periurbana podría representar una importante vía para salvar las brechas de suministro de alimentos y contribuir a la tan necesitada creación de empleos, lo cual tiene potencial de absorber una importante parte de la población que se encuentra total o parcialmente sin trabajo o que simplemente tiene más tiempo para estar en casa.

Otro beneficio sería la reducción de la enorme cantidad de residuos urbanos, pues estos  se convertirían en fuentes de nutrientes para la agricultura urbana. De alguna manera, los cientos de miles distribuidos a lo largo de todo el paisaje urbano constituyen una especie de colaboración masiva o crowdsourcing, no de datos, sino de alimento y gestión de tratamiento de residuos.

Existen muy buenos ejemplos de agricultura urbana y periurbana exitosa donde algunos grupos incluso gestionan redes de agricultores. Sin embargo, esto sucede solo en lugares aislados y su impacto general aún es mínimo.

En este momento debe darse una revitalización de la agricultura urbana y periurbana. El apoyo a las redes existentes para que amplíen su alcance y que exporten sus décadas de experiencia a otras partes del área urbana aumentaría dicho impacto. Además, aunar el conocimiento que actualmente se encuentra esparcido permitirá un mayor acceso y su aprovechamiento.

Un ejemplo sería comenzar una plataforma virtual periurbana en la que los habitantes de las ciudades puedan tener acceso y aprender sobre las tecnologías disponibles para cultivar en espacios pequeños. En ella se debería incluir el tema del tratamiento de residuos para que los desechos orgánicos domésticos se conviertan en compost y se utilicen en la producción.

Establecer un sistema inmediato de semillas garantizaría que cada barrio cuente con viveros o proveedores que produzcan y vendan plántulas, porque está claro que no todos deben producir sus propias plántulas en espacios pequeños.

Los Centros CGIAR y sus socios también pueden brindar apoyo en la aplicación de sistemas avanzados de observación de hiperresolución de la tierra para mapear, caracterizar y recomendar conforme a la aptitud de enclaves para agricultura periurbana.

Ello es clave en la sensibilización con respecto al potencial de la agricultura urbana y para orientar la inversión estatal en todas las etapas, como identificación de sitios aptos, abastecimiento de semilla y otros insumos, además de cadenas de valor relevantes, por medio de análisis geoespaciales. Con ello no solo se comprendería la oferta, sino se definiría la demanda y fuentes de mercado.

Ha llegado el momento de rediseñar la economía urbana y periurbana para crear ciudades multifuncionales que provean de múltiples beneficios. En última instancia, ¡podríamos crear una población saludable a partir de poblados sucios! En relación con la salud humana, las personas con un sistema inmunitario débil son altamente susceptibles a COVID-19 y enfermedades similares. Afortunadamente, el objetivo de la agricultura ha sido principalmente producir vegetales de alto valor (nutritivo), lo cual es bueno para la salud humana y para reforzar el sistema inmunitario.

Artículo originalmente publicado en businessdailyafrica.com

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