Rachel Kinyua sostiene pasto recién cortado y lo muestra a Uwe Ohmstedt, de la Alianza, en su finca.
Foto: Christian Zapata.

“Tuve una mala experiencia al ordenar unas semillas de pasto que anunciaban en Facebook.  Lo que obtuve fue una mezcla de Mulato y una variedad desconocida que no respondió bien en mi parcela. Frustrada, decidí arrancar ese pasto”.

Es fue la experiencia de Rachel Kinyua antes de conocer al equipo del Proyecto piloto de especies de pasto Brachiaria y Panicum para mejorar la producción ganadera, una colaboración entre el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), ahora parte de la Alianza de Bioversity International y CIAT y la Organización Holandesa de Desarrollo (SNV) en Kenia. Recuerda haber sido engañada en Facebook, en su búsqueda de pasto de calidad para sus vacas, pero ello también resultó ser el comienzo de una historia de éxito para Rachel.

Rachel Kinyua es una de las productoras exitosas de leche en el condado Meru que ha trabajado con el proyecto conjunto de la Alianza y SNV desde marzo de 2018, sembrando forrajes mejorados de la Alianza, los cuales producen un mejor rendimiento, son más apetecibles y nutritivos para el ganado y han demostrado responder mejor ante estrés biótico y abiótico, además de mejorar la productividad del ganado en términos de leche y carne.

Madre de dos hijos, Rachel creció en una familia que practicaba agricultura de subsistencia. Cuando se casó, decidió explorar la producción de hortalizas, pero el retorno no era lo suficientemente bueno. En 2016, decidió dedicarse a la producción de leche y se dio cuenta de que era mucho más rentable.

Poco después de su mala experiencia, Rachel comenzó a trabajar con Fredrick Muthomi, un agrónomo del proyecto, y ella fue una de las productoras que recibió semillas gratis para probar. Ávida por obtener más de su emprendimiento lechero, decidió sembrar varios tipos de pasto: Kikuyú mejorado, Panicum, Brachiaria y variedades de la leguminosa forrajera Desmodium. Durante el inicio del proyecto de forrajes mejorados, un equipo de la Alianza y SNV, liderado por Solomon Mwendia (de la Alianza), estableció el primer grupo de forrajes en la finca de Rachel en marzo de 2018. Se sembraron parcelas pequeñas de 5 x 10 m de híbridos de Brachiaria (Mulato II, Cayman y Cobra), leguminosas Desmodium y Vicia. Dado que Vicia es un cultivo anual, no tuvo buena recepción entre los productores, incluida Rachel. En vista del mejor desempeño de los híbridos, el 19 de noviembre de 2018, Rachel decidió establecer los cultivares Brachiaria y Panicum en parcelas más grandes de 10 metros cuadrados.

Fredrick aconseja sembrar diferentes tipos de pasto, como estrategia de mitigación de riesgos en caso del ataque de alguna plaga y también es bueno para la formulación de raciones.

“Panicum se comportó mejor que Brachiaria, porque me di cuenta que rebrota más rápido después del corte”, dice ella.  Además menciona que las variedades Cobra y Cayman también respondieron mucho mejor que Mulato II. Rachel está satisfecha con el producto que obtuvo del pasto, pues logró cuatro cortes solo en ese año.

Rachel inició con su emprendimiento de siembra de pasto en una pequeña parcela y, una vez satisfecha con los cultivares de Panicum, decidió usar divisiones para ampliar una operación que ahora cubre más de la mitad de su campo. También ha cultivado algo de leguminosas Desmodium, las cuales dice que tienen un contenido de 22 % de proteína y son muy buenas para las vacas.

“La dificultad con Desmodium es la biomasa, aunque la calidad es buena, uno tiene que combinarla con otros forrajes”, aclara Fredrick.

Ingresos por venta de leche

Actualmente, Rachel posee 15 vacas en total (seis de las cuales se encuentran en ordeño). “Quisiera tener 10 en ordeño y 10 novillas para hacer un total de 20.  Deseo construir otro establo para ubicar allí a las novillas”, dice.

De las seis vacas lecheras, obtiene 160 litros de leche en un día y vende a 34 chelines kenianos el litro a la sociedad cooperativa de productores de Nyaki, la cual se encuentra afiliada a la Sociedad Cooperativa de Leche del Sindicato de Meru.

“Estoy satisfecha con el rendimiento, porque no obtenemos suficiente cuando dependemos de riego. Además, pasamos por una sequía severa entre el año pasado y una buena parte de este año”, comenta.

Rachel utiliza el pasto que cosecha como alimento fresco para sus vacas.  “Una vez intenté ensilarlo y era bueno, pero lamentablemente no me queda excedente después de alimentar al ganado”, dice.

Energía limpia

Gracias al buen volumen de alimento, sus vacas han aumentado la cantidad de estiércol producido.  Rachel ya no usa leña en su cocina, sino biogás. Seis cubetas de estiércol mezclado con 12 cubetas de agua producen suficiente gas para poder cocinar todo el día.

“Estoy contenta con el gas, porque no emite humo; ya no tengo que ir a buscar y cargar leña en la espalda. Además, mis sufurias (ollas) se mantienen limpias y me ahorra tiempo y dinero”, manifiesta.

Rachel y su esposo, de pie detrás de la planta de biogás. Foto: Christian Zapata.

Transformación de la comunidad

La pasión de Rachel por la producción lechera también se vio compensada cuando personal del proyecto la contactó en 2018 y le solicitó que fuera capacitadora de productores, luego de notar su enfoque profesional y éxito en el negocio. Con gusto aceptó el desafío y construyó un aula que acoge a 50 productores en su propiedad.

Por una modesta cuota de KSH 500 (USD 5) al día, los productores reciben té, almuerzo y la capacitación que ella imparte sobre gestión lechera en módulos (alimentación y nutrición, manejo de pastos, estabulado, cría de terneros, higiene y técnicas de ordeño, producción de heno y ensilaje).

“Sé que muchas personas, sobre todo los jóvenes, van a ser autosuficientes después de acudir a la capacitación. Esa es mi meta con la juventud. Me es grato comprobar que los jóvenes demuestran interés en la producción agraria después de recibir la capacitación”, comenta.

Rachel está casada con el Sr. Joseph Kinyua, que tiene un empleo formal. Al reconocer la pasión de ella, dice “me siento muy orgulloso de mi esposa. Ha convertido la producción lechera en un oficio importante y ahora hasta los vecinos reconocen el trabajo que realiza”. No tiene ningún reparo en manifestar su apoyo al trabajo que ella hace, señalando que, a causa de su trabajo, “ahora recibimos visitantes de tierras lejanas que quieren aprender de nuestra finca”, agrega.

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