El primer inventario de proyectos de restauración en toda América Latina y el Caribe muestra en dónde yace el potencial para la mitigación del clima y brinda una brújula para alcanzar las ambiciosas metas del Reto de Bonn mediante la restauración de bosques

La restauración de tierras en América Latina y el Caribe (ALC) está aumentando el ritmo, pero ampliar los proyectos será crucial si la región quiere cumplir sus compromisos bajo el Reto de Bonn, que busca restaurar 350 millones de hectáreas de tierras degradadas o deforestadas en todo el planeta hacia el año 2030. Un nuevo estudio liderado por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y la Universidad de Wageningen aporta un primer mapa de proyectos de restauración en América Latina y demuestra su potencial para mitigar el cambio climático a través de la restauración de la cobertura forestal.

Los investigadores evaluaron la ubicación, las metas y las actividades de 154 proyectos en ALC, empezando así una base de datos para guiar a los profesionales en la ampliación de la restauración. Mapearon proyectos bajo cinco iniciativas que trabajan en pro de las metas del Reto de Bonn – la Iniciativa 20x20, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el Programa de Inversión Forestal (FIP) y proyectos locales independientes – en conjunto con el mapeo del aumento potencial de biomasa que la restauración forestal podría lograr en los diversos ecosistemas de la región.

 

“Le estamos pidiendo mucho a la tierra, para producir alimento para otro par de billones de personas. Además, no queremos perder más bosques. Necesitamos lograr más de la tierra que tenemos. El reporte de 1.5 °C del IPCC dejó claro lo rápido que debemos evacuar el carbono de la atmósfera. Para lograrlo, hay que hacer algo respecto a las emisiones de las tierras”.

Louis Verchot

Coautor del estudio y líder del tema de investigación de Restauración de Paisajes en el CIAT

En ALC, muchos de los proyectos en curso o planeados están ubicados en regiones en donde existe un alto potencial para lograr mayor biomasa, como los ecosistemas forestales tropicales y subtropicales en las riberas de la cuenca amazónica, el sureste de Brasil y Centro América. Si bien todos los proyectos pueden aportar más biomasa forestal para la captura de carbono, los resultados muestran que el MDL, FIP y proyectos locales cuentan con la mayor capacidad para hacerlo. Los proyectos del nivel local además se enfocaron en áreas con alto potencial de captura de carbono, y los proyectos del MDL se enfocaron en esfuerzos de siembra forestal. Los proyectos asociados con la Iniciativa 20x20 apuntaron a un conjunto diverso de metas en un rango más amplio de paisajes y se enfocaron menos en la captura de carbono.

Aunque todos los proyectos buscan principalmente aumentar la cobertura vegetal, recuperar la biodiversidad y servicios ecosistémicos fundamentales, la restauración tiene muchas facetas en toda ALC, lo cual impacta la cantidad de carbono que una zona restaurada podrá capturar, así lo demuestra el estudio. La regeneración natural es la opción más popular para restaurar la vegetación, así como la regeneración asistida y las siembras mixtas. El FMAM, el FIP y los proyectos locales de restauración prefirieron este enfoque de sumidero de carbono, de bajo costo, señalan los investigadores. Estos proyectos “pueden contribuir ampliamente a la mitigación del cambio climático”, asegura el estudio.

“La regeneración natural es un método de restauración costo-efectivo”, dice Verchot. “No se requiere invertir en producción de plántulas y siembras. Por otro lado, tienes lo que tienes. En las tierras degradadas, tienes especies pioneras; podría tardar décadas recuperar la mezcla de especies que había antes de ser perturbadas”.

Las tierras áridas fuera del foco de la restauración

El estudio es el más reciente sobre el tema de Verchot y sus colegas, incluido un artículo publicado este año que creó una tipología de restauración de tierras en América Latina y el Caribe. El estudio clasificó tres tipos principales de restauración, siendo las principales variables definitorias: el área del proyecto en restauración, la cantidad de financiamiento recibido, la fuente de financiamiento y los esfuerzos de monitoreo.

Solamente el 25 por ciento de los proyectos de restauración encuestados en América Latina se enfocan en las tierras áridas degradadas, según muestra la investigación, a pesar de su exposición a la desertificación, la pérdida de biodiversidad, la inseguridad alimentaria y el cambio climático. Visualizar el potencial de la región para lograr más vegetación que almacene carbono puede ayudar a los desarrolladores de proyectos a precisar qué tierras áridas degradadas requieren restauración. Los donantes y mecanismos de financiamiento que aportan fondos para los proyectos tienen una gran influencia sobre las metas y actividades, de acuerdo al estudio.

“Una variedad de proyectos y actividades contribuirá a lograr las metas del Reto de Bonn y a restaurar grandes cantidades de tierras degradadas”, concluyen los autores. Sin embargo, para tener éxito, necesitamos abordar el problema desde su raíz. Los proyectos de restauración de gran escala, primero que nada, deben entender los factores que impulsan la deforestación y la degradación de los bosques, así como el clima ecológico y social en el que suceden, de manera que manejemos mejor nuestras tierras y evitemos tener que restaurarlas en el futuro.

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