Steve Beebe (der.), líder del programa de fríjol del CIAT, guía a colegas de Centroamérica y África en un invernadero experimental en la sede del CIAT en Palmira, Colombia.

El punto de no retorno del cambio climático puede todavía estar a 1 grado centígrado de distancia. Sin embargo, eso es poco consuelo para las personas cuyas vidas ya han sido volcadas drásticamente por un clima más cálido. Estas personas incluyen a productores y consumidores de una de las fuentes proteínicas más importantes en los países de bajos ingresos: el fríjol común, un alimento de primera necesidad en las dietas de las tierras altas de Centroamérica hasta las vastas extensiones de África subsahariana.

A causa del calentamiento y un clima impredecible, los campos de fríjol están siendo abandonados o están disminuyendo su productividad. Al hacerlo, se están sumando a la creciente lista de víctimas del clima que van desde la malnutrición y la inseguridad alimentaria hasta las migraciones y los disturbios sociales.

El fríjol, que ya constituye un cultivo de necesidad básica para cientos de millones de personas en los países de bajos ingresos, es señalado hoy por hoy como un reemplazo rico en hierro para la carne en las dietas de los países adinerados. Si continúan las tendencias actuales de las dietas – y otras nuevas se ponen de moda – el mundo va a tener que resolver cómo producir mucho más fríjol en un planeta más caliente y más hambriento.

Afortunadamente, hay científicos ya trabajando en un proyecto de alcance mundial para lograr que el fríjol común sea más resistente al calor. El secreto está en su ancestro silvestre, el fríjol tepario, que ha sido cultivado durante al menos 2.500 años en regiones calientes, áridas del suroccidente de los Estados Unidos y México. Los investigadores ya están trabajando para aprovechar los genes responsables de la resistencia al clima del fríjol tepario – conocido como Phaseolus acutifolius – e incorporarlos mediante técnicas de mejoramiento en el fríjol común, o Phaseolus vulgaris.

Celestina Xerinda, Fitomejoradora de fríjol en el Instituto de Investigación Agrícola de Mozambique (IIAM)

Celestina Xerinda, Fitomejoradora de fríjol en el Instituto de Investigación Agrícola de Mozambique (IIAM)

“Los suelos de baja fertilidad han sido un problema por largo tiempo, pero antes no habíamos abordado el factor calor”, afirma Celestina Xerinda, fitomejoradora de fríjol en el Instituto de Investigación Agrícola de Mozambique (IIAM), refiriéndose a las prioridades de investigación de su institución. “Bajo este proyecto, esperamos desarrollar una variedad que sea tolerante al estrés calórico porque se están empezando a registrar temperaturas muy altas y los genotipos actuales (usados por los agricultores en Mozambique) no son tolerantes al calor”.

En Mozambique, una nación del suroriente africano con una población de unos 30 millones de personas, el fríjol es la segunda fuente más importante de proteína para la mayoría de las personas después de la carne, según comenta Xerinda. El calor está exacerbando una “serie compleja de problemas” que enfrenta el sector agrícola, comentó durante una reunión reciente de colegas en el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) (en la actualidad, parte de la Alianza de Bioversity International y el CIAT), como parte de un Proyecto sobre Parientes Silvestres de los Cultivos liderado por el Crop Trust (el Fondo para los Cultivos).

 

Desempeño “extraordinario”

Adelmaro Clará Melara vive a 14.000 km de distancia de Xerinda, pero ha observado la misma historia en desarrollo. Como fitomejorador e investigador en El Salvador, trabaja con agricultores cuyos campos están sucumbiendo al calor.

“En muchas zonas del país, la gente ha dejado de sembrar fríjol debido a la sequía”, dijo Clará, agregando que las enfermedades, la humedad y los eventos meteorológicos extremos cada vez más están causando dolores de cabeza a los agricultores en este país pequeño centroamericano. Y, al igual que Xerinda, está evaluando el fríjol común cruzado con P. acutifolius en El Salvador para intentar revertir la tendencia.

El fríjol se ve afectado cuando las temperaturas nocturnas no bajan de 20 grados centígrados. Las altas temperaturas de día por encima de 35 grados también afectan el desarrollo de la planta. Incluso las mejores prácticas de manejo – incluido el riego y la siembra de fríjol al lado de plantas de maíz para aumentar las zonas sombreadas y más frescas para el fríjol – no siempre pueden compensar la afectación.

Steve Beebe,Ccientífico senior en el CIAT y líder del Programa de Fríjol del Centro.

Steve Beebe, Científico senior en el CIAT y líder del Programa de Fríjol del Centro.

“Cuando hablamos de cambio climático, obviamente la inestabilidad de la lluvia será un tema mayor a considerar. Pero se puede manejar, hasta cierto punto, el déficit de agua con un mejor manejo del suelo, y en algunos casos con suerte, a través del riego”, comenta Steve Beebe, científico senior en el CIAT y líder del Programa de Fríjol del Centro. “Pero cuando se habla de altas temperaturas, cosa que vamos a tener año tras año, no hay alternativa frente a la tolerancia genética a las altas temperaturas – excepto cultivar en otros ambientes”.

Pero eso podría llevar a una mayor deforestación, un factor determinante para el cambio climático. Despejar las tierras más frescas para el cultivo de fríjol no es una solución deseable.

Investigaciones recientes muestran que el P. acutifolius puede ser más productivo en casi cualquier tipo de ambiente cálido. Beebe cree que la tierra agrícola que es tradicionalmente demasiado húmeda o demasiado caliente para el cultivo de fríjol podría ser una nueva frontera para los productores de fríjol.

“Todavía hay mucho que no entendemos sobre el P. acutifolius”, dijo Beebe, agregando que existen investigaciones promisorias sobre híbridos teparios estudiados en entornos calientes con variables ambientales que van desde alta humedad, baja humedad, sequía y diferentes tipos de suelos.

“El fríjol tepario muestra los mejores resultados casi en todo”, comentó. “Siempre supimos que era bueno. Creo que estamos empezando a apreciar lo bueno que es”.

Anticipando el cambio

Xerinda, Clará, Beebe y otros fitomejoradores de fríjol se reunieron recientemente en la sede principal del CIAT en Colombia para discutir esta investigación y estandarizar los protocolos para ayudar a comparar sus avances entre continentes y ecosistemas. La reunión fue una actividad del Proyecto de Parientes Silvestres de los Cultivos (CWR) liderado por el Crop Trust, que parte de años de investigación en el CIAT para lograr variedades de fríjol más robustas usando técnicas de mejoramiento.

La iniciativa tiene el propósito de beneficiar a pequeños agricultores en Colombia, Honduras y Mozambique, que empezaron a evaluar nuevos materiales en 2019.

Juan Carlos Rosas, Director de investigación en la Universidad Agrícola Panamericana Zamorano

“Se espera que podamos evaluar rápidamente estos materiales… y acelerar el proceso de poner variedades de fríjol resistentes al calor a disposición de los agricultores si encontramos materiales que tengan las ventajas que estamos buscando”, dijo Juan Carlos Rosas, director de investigación en la Universidad Agrícola Panamericana Zamorano, socio del proyecto.

Unos resultados rápidos serían bien recibidos en el vecino Costa Rica, en donde las regiones frijoleras siguen estando justo por debajo del umbral de temperatura, afirmó Néstor Felipe Chaves. En 2015, con un evento suave de El Niño, Chaves visitó campos de fríjol en el país que mostraron los signos reveladores de noches demasiado cálidas – floración irregular y baja producción – que él reconoció por su investigación en sequía y altas temperaturas en el CIAT.

Néstor Felipe Chaves, Universidad de Costa Rica

“El área de producción justo ahora está al límite”, comentó Chaves, quien hizo su investigación de doctorado en el CIAT y ahora trabaja en la Universidad de Costa Rica. “No se presentan muchos otros problemas, pero si las temperaturas suben uno o dos grados, vamos a tener serios problemas”.

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