Centroamérica está enfrentando la peor sequía de los últimos 30 años. El fenómeno de El Niño se sumó a los efectos del cambio climático en el Corredor Seco, zona comprendida por Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, donde más de 3.5 millones de personas están luchando por rescatar sus cosechas ante la falta de lluvias y el aumento de plagas y enfermedades. Esta zona, caracterizada por condiciones climáticas inestables, está viendo un aumento dramático de la pobreza y la inseguridad alimentaria. Tras la pérdida de cosechas por cuatro años consecutivos, resulta cada vez más difícil para las comunidades productoras lograr un rendimiento que les permita alimentar a sus familias y comercializar sus cosechas. Estos factores obstaculizan directamente el desarrollo socioeconómico, a la vez que pueden promover la migración de poblaciones rurales hacia centros urbanos en busca de alternativas de vida.

Para afrontar los problemas productivos y socioeconómicos que surgen a partir de esta crisis ambiental y social, la región demanda un abordaje estratégico, a fin de brindar a las familias productoras del Corredor Seco insumos para adaptar eficazmente sus medios de vida y mitigar los efectos del cambio climático a los cuales se encuentran expuestos.

Partiendo de esta necesidad, un nuevo estudio liderado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), en conjunto con el CIAT, utilizó modelos climáticos y de cultivos para realizar la evaluación más completa hasta la fecha sobre los impactos que se manifestarán hacia 2050 debido a los efectos del cambio climático en mil municipios de Centroamérica.

Los hallazgos del estudio pronostican complejos efectos para la región, sumándose a la creciente evidencia que es urgente implementar medidas de mitigación y adaptación para las poblaciones locales. Claudia Bouroncle, investigadora de CATIE y líder del estudio, expresa especial preocupación por el Corredor Seco de Centroamérica, donde el mapa agrícola podría ser completamente redefinido.

“A medida que aumentan las temperaturas, habrá alteraciones en los ciclos de lluvias y se verá afectada la aptitud de los granos básicos y cultivos comerciales producidos actualmente en la zona”, explicó Bouroncle. “Esto presenta dificultades a las familias productoras para hacer la transición hacia otros cultivos mejor adaptados a las nuevas condiciones climáticas de la región. Si los agricultores tienen que cambiar de cultivos, esta importante decisión implica inversiones financieras y riesgos significativos. Muchos no tendrán los medios para lograr el cambio”.

Estas nuevas condiciones climáticas pondrán presión sobre los recursos naturales y la biodiversidad local, particularmente bosques, suelos y fuentes de agua, mientras las familias productoras buscan maneras de compensar la reducción de los rendimientos de sus cosechas ante condiciones climáticas cada vez más impredecibles.

“Hay problemas por falta de agua, y por falta de equipos para sacar agua para algunos productores”, expresó Melvin Ramos, agricultor de la comunidad de Jutiapa, Departamento de El Paraíso, Honduras. “Muchas personas han perdido gran parte de sus cosechas a causa de la sequía, y ahorita estamos en riesgo de perder un pozo en nuestra comunidad. Esto afectará a más de mil personas que dependen de ese pozo”.

Por otra parte, aun cuando las familias productoras logran excedentes de alimentos en sus cosechas, enfrentan obstáculos para negociar su inclusión en las cadenas de valor. Esto limita su acceso a mercados, innovación tecnológica y el desarrollo de estrategias de adaptación al cambio climático. A la vez, la falta de opciones de financiamiento oportuno limita la competitividad y sostenibilidad de sus fincas.

Trazando un plan para rescatar la producción agrícola del Corredor Seco

“Es esencial rescatar la producción agrícola del Corredor Seco y minimizar la posibilidad de una crisis ambiental y productivo-económica”, expresó Carlos Zelaya, consultor del CIAT. “Las familias productoras deben tener acceso a herramientas que informen su proceso de toma de decisiones, tanto a nivel de finca como a nivel comunitario, que les permitan responder con rapidez y eficacia ante la variabilidad climática y fenómenos climáticos extremos cada vez más impredecibles”.

Como respuesta a esta necesidad, CIAT a través del Programa de Investigación del CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS, por sus siglas en inglés) y de la mano con UNAG, Heifer International y ARSAGRO, creó un sistema de monitoreo climático y alerta temprana a través del proyecto “Innovaciones tecnológicas para construir medios de vida resilientes en familias campesinas del Corredor Seco Honduras y Nicaragua”, financiado por el BID a través de FONTAGRO. El objetivo de este sistema consiste en entrenar a las organizaciones locales sobre el manejo de las estaciones de monitoreo, a fin de que continúen el manejo independiente de las mismas a largo plazo. Con base a estos insumos, las familias productoras de la región están desarrollando capacidades para enfrentar estos desafíos, mediante la diseminación de innovaciones tecnológicas y el desarrollo de estrategias de adaptación resilientes ante el cambio climático.

El proyecto consiste en una red de 45 estaciones de monitoreo meteorológico ubicadas en distintas comunidades de Honduras y Nicaragua, las cuales alimentan datos climáticos en tiempo real a un sistema de información abierto que se encuentra a cargo de un consorcio binacional de organizaciones que reúne esfuerzos y experiencia técnica para el desarrollo e implementación de innovaciones tecnológicas. A través del entrenamiento de técnicos de las organizaciones socias sobre la operación y el mantenimiento de las estaciones, así como sobre el análisis y la interpretación de datos para informar procesos de toma de decisiones, esta información sirve como base para empoderar a organizaciones y comunidades a tomar la adaptación de sus actividades productivas en sus propias manos, fortaleciéndolas según sus necesidades particulares.

“Esta escuela de campo investigativa nos ha llegado como ‘anillo al dedo’. Usualmente hemos recibido escuelas de campo productivas, no investigativas. Este sistema arroja datos muy interesantes y lo bueno es que vamos a aprender a procesarlos. A partir de ese procesamiento de datos podemos tener un cambio, y vamos a ver reflejado el impacto positivo en la parte productiva. Nos va a ayudar a obtener conocimientos para reducir los riesgos en nuestra producción”.

Juan Ardón

Productor de la comunidad de La Montañita, Municipio de Danlí, Honduras

¿Cómo funciona el sistema?

Las estaciones meteorológicas miden, de forma automática y constante, variables del tiempo como la temperatura, humedad relativa, presión atmosférica, velocidad y dirección del viento y radiación solar. Con el software asociado, el sistema elabora gráficos y estadísticas de fácil lectura. Seguidamente, estos datos son incorporados en la elaboración de predicciones meteorológicas, mientras que la transmisión de datos por internet permite visualizar la información desde cualquier parte del mundo.

Los talleres de capacitación inician con la instalación de las estaciones meteorológicas en las parcelas de las familias productoras, quienes se ocupan del cuidado de la estación. Los técnicos reciben entrenamiento sobre cómo limpiar los componentes de la estación, las revisiones periódicas que deben realizar y cómo cambiar las baterías. Por otro lado, también se facilita un entrenamiento para configurar la transmisión de datos a través de internet, cómo descargar los datos y cómo generar gráficos a partir de los mismos.

¿Dónde se están monitoreando las condiciones climáticas?

En Nicaragua, el proyecto está monitoreando las condiciones climáticas en dos departamentos: Estelí (municipios de La Trinidad, San Nicolás, Condega y Pueblo Nuevo) y Madriz (municipios de San Lucas, Las Sabanas, Telpaneca, Cusmapa y Totogalpa). Paralelamente, se están monitoreando las condiciones del departamento de El Paraíso en Honduras (municipios de Potrerillos, Moreceli y Danli). Esta área se caracteriza por una distribución y frecuencia de lluvias irregulares, con períodos cortos de alta intensidad seguidos de prolongadas sequías, lo que ocasiona altos riesgos en el aprovechamiento del agua en las actividades agrícolas.

Paralelo al monitoreo de clima, se realizan actividades de seguimiento de la producción agrícola de las comunidades, observando y analizando factores como fisiología, prácticas de cultivo, plagas, enfermedades y datos de producción a nivel de parcela. Este componente alimenta una plataforma de información que desplega datos históricos y en tiempo real de las estaciones meteorológicas, caracterización climática, datos de eventos productivos y plagas y enfermedades, datos de suelos, las predicciones agroclimáticas más recientes y los boletines agroclimáticos.

A través de una aplicación para móvil, las familias productoras y los técnicos de las organizaciones extensionistas reciben información relevante sobre las condiciones climáticas de sus comunidades. Esto incluye datos del clima de los últimos 10 días, las condiciones climáticas actuales y las condiciones pronosticadas para los próximos 10 días.

Con base en esta información, los técnicos visitan las parcelas con los productores a fin de tomar decisiones en conjunto sobre elementos como recomendaciones de fechas de siembra, variedades de semillas a sembrar y medidas agroecológicas de mitigación y adaptación que se deben aplicar, según los pronósticos climáticos a corto plazo que pueden afectar los rendimientos de las cosechas. De esta manera, tanto productores como técnicos están aprendiendo a establecer relaciones entre los datos climáticos y cómo esta información se manifiesta en las parcelas, combinando efectivamente conocimientos locales y científicos.

“Estos elementos sirven de insumos para generar recomendaciones agroclimáticas específicas para cada sitio, considerando la amplia variabilidad climática que existe entre cada comunidad del Corredor Seco”, explicó Zelaya. “A la vez, la metodología promueve el empoderamiento de las familias productoras como actores clave que deben conocer las condiciones climáticas a las cuales son propensas sus comunidades y capaces de tomar decisiones estratégicas en respuesta a esta información”.

Escalamiento de familias beneficiadas por la herramienta

2016

2017

2018

Enfrentando el cambio climático con semillas mejoradas

Utilizando la toma de decisiones basada en la interpretación de datos meteorológicos, los objetivos a largo plazo del proyecto incluyen fortalecer los bancos comunitarios de semillas criollas, e introducir semillas mejoradas adaptadas a las condiciones específicas de cada comunidad; promover prácticas de producción agroecológicas; fortalecer el sistema de información agroclimática a nivel nacional; y establecer una alianza entre los sectores público y privado para fortalecer las cadenas de valor de maíz y frijol en la región.

“El fortalecimiento de la asistencia técnica que nuestros socios extensionistas pueden brindar a las comunidades del Corredor Seco, es una de las principales contribuciones de este proyecto a la productividad de granos básicos y cultivos comerciales en la región”, expresó María Eugenia Baltodano, representante del CIAT en Nicaragua.

Los beneficios de este proyecto se complementarán a través de la producción y el mejoramiento del acceso a semillas criollas y mejoradas. Esta actividad se reforzará por el manejo de buenas prácticas y la información agroclimática generada, que facilita la toma de decisiones precisas y oportunas. Este proyecto brinda insumos para responder a la necesidad de un amplio rango de soluciones en materia de políticas, cimentando efectivamente un marco de protección y apoyo para familias de pequeños productores enfrentando el cambio climático en el Corredor Seco de Centroamérica.

Próximos pasos

Este proyecto es financiado por el BID a través de FONTAGRO y ejecutado de la mano con UNAG, Heifer International y ARSAGRO.

– Una vez completado el pilotaje del proyecto, la siguiente fase consiste en escalar el uso de esta herramienta a nivel nacional y regional, creando alianzas para la diseminación de información.

– El proyecto buscará apoyo en el mejoramiento genético de semillas resistentes a la sequía, con el fin de introducir variedades mejoradas a los bancos comunitarios con base a las necesidades climáticas de cada comunidad.

– Finalmente, será necesario realizar un análisis de costo-beneficio de las mejores prácticas agroclimáticas identificadas, a fin de validar las mejores prácticas para cada sitio.

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