Largas distancias (a veces kilómetros) recorridas por jóvenes, niños y mujeres en busca de agua; exposición al uso de aguas sucias o contaminadas; falta de este precioso recurso para el riego en los cultivos, y su consecuente impacto en la alimentación, son solo algunas pinceladas que recrean el paisaje de los habitantes del Corredor Seco Centroamericano y del Golfo de Fonseca que se encuentra ‘sumergido’ dentro de él.

La dimensión de las problemáticas que se viven allí y el recrudecimiento de ellas a causa de fenómenos naturales como El Niño, y el Cambio climático, claman con tal ímpetu, que es imposible no reconocer las ayudas humanitarias de emergencia como una necesidad: si alguien requiere urgentemente nuestra ayuda hoy, ¿cómo le diremos que vuelva mañana?. En julio de 2015, por ejemplo, Honduras vivió una sequía tan grande que afectó al menos a 250 mil habitantes del Corredor seco, quienes requerían alimentos, nutrición, cuidados en salud, agua, saneamiento e higiene, y protección de sus medios de vida.

Sin embargo, las ayudas de emergencia no son ni mínimamente suficientes para resolver todos estos problemas de manera estructural. El desarrollo de capacidades en las personas es fundamental cuando se busca la sostenibilidad de los procesos. Así que para el Corredor seco son indispensables también este tipo de iniciativas.

Región Golfo de Fonseca

La extensión territorial de esta región es de 8.716 km2, lo que representa el 7.75% del territorio nacional. Está integrada por 8 cuencas y 5 subregiones: 16 municipios del departamento de Choluteca, 7 municipios del sur el departamento de La Paz, 6 municipios del sur del departamento de El Paraíso, 9 municipios del departamento de Valle, y 7 municipios del sur del departamento de Francisco Morazán.

CIAT contribuirá a un nuevo proyecto en el Golfo de Fonseca

El proyecto Oportunidades Rurales, implementado por Swisscontact con fondos del Gobierno de Canadá, tiene como objetivo incrementar la fuerza económica de los productores y de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en el Golfo de Fonseca, Honduras; y para lograrlo, contará con el apoyo del CIAT en tres temáticas principales:

Modelos incluyentes

Dos de los componentes del proyecto son emprendimiento y cadenas de valor. Desde el primero, Oportunidades Rurales espera seleccionar y apoyar el desarrollo de 450 mipymes existentes y 450 nuevos emprendimientos; mientras que en lo que respecta a cadenas, aspira apoyar 3: lácteos, turismo y marañón. Ahora, si bien las 900 iniciativas que se apoyarán no necesariamente van a estar enmarcadas en alguna de las 3 cadenas seleccionadas, sí hay un punto común a ambos componentes: en ambos se aplicará la metodología LINK.

En aplicaciones pasadas de LINK el CIAT siempre ha jugado dos roles: uno como entrenador y asesor del personal técnico encargado de implementar la metodología (organizaciones no gubernamentales como Swisscontact, CRS, Heifer International, Rikolto, el IICA; y empresas privadas como Unilever, Walmart y Colruyt); y otro como mejorador de la misma metodología, a partir de las lecciones aprendidas durante las aplicaciones. Parte de este mejoramiento fue la revisión de LINK, a finales de 2016, con un enfoque sensible a las necesidades de género, que se realizó de la mano de Rikolto y con el apoyo de la FAO, dentro de cuatro casos en Honduras y Nicaragua.

Género

Desde entonces, LINK no solo quiere lograr relaciones comerciales (y mipymes) más competitivas y duraderas, cuyo impacto ­final se perciba en un aumento de ingresos y reducción de la pobreza, sino que también busca que esas relaciones comerciales que ayude a construir reduzcan brechas de género y reconozcan y valoren el trabajo que hacen las mujeres dentro de las cadenas o las mipymes, y que normalmente pasa desapercibido o no es remunerado.

Por esta razón, del 9 al 13 de abril un equipo del CIAT conformado por un especialista en cadenas de valor y negocios inclusivos y una experta en género, desarrolló el primer taller con asesores del Proyecto Oportunidades Rurales que trabajarán tanto en el componente de emprendimiento como en el componente de cadenas. Este primer acercamiento permitió presentarles la metodología LINK, reconocer que tienen una buena comprensión del concepto de género, y empezar a desarrollar con ellos capacidades tanto para facilitar la aplicación del LINK como para facilitar las discusiones sobre género e inclusión social. Dentro de 4 meses se espera un nuevo encuentro entre los asesores del proyecto y los facilitadores del CIAT, para acompañar algunas experiencias iniciales de implementación de la metodología en campo.

Sin embargo, el acompañamiento del CIAT a este proyecto en el tema de género irá más allá de su vínculo con modelos de negocio incluyentes y cubrirá todos los componentes mediante la asesoría a la líder de esta temática transversal.

Agricultura climáticamente sostenible

Honduras tiene la mayor vulnerabilidad al cambio climático en Centroamérica, según un Policy Brief del Programa de Investigación del CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS). El país está en la región tropical donde se prevén los mayores cambios en el clima, parte de los cuales ya se han percibido en la última mitad del siglo pasado. Se estima que para el año 2030 el promedio anual de temperatura del país habrá aumentado 1.4 °C. Este aumento de temperatura, acompañado de la intensificación de los periodos secos y de calor y la reducción de las lluvias, provocará un déficit de agua y consecuentemente, un cambio en las zonas aptas para los diferentes cultivos.

Por esta razones, y las mencionadas al inicio, la agricultura climáticamente sostenible o agricultura adaptada al clima (conocida en inglés como agricultura climáticamente inteligente), es fundamental para el proyecto Oportunidades Rurales, que buscará facilitar la adaptación de la población rural a los cambios que está enfrentando y se prevé va a enfrentar.

Parte de la agenda es evaluar sistemas de tecnologías agrícolas existentes, identificar las opciones más prometedoras por sector y aplicar un análisis costo/beneficio, elaborar un portafolio con opciones de agricultura climáticamente sostenible, y estructurar un programa de capacitación a proveedores de servicios técnicos agrícolas, puesto que la  capacidad de la población rural para adaptarse a los cambios depende de su acceso a servicios básicos, a información, a recursos para la innovación y a ecosistemas saludables.

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