Miembros del equipo del Proyecto SLUS – Dr. Augusto Castro Núñez (segundo de izq. a der.), Jhon Jairo Hurtado (tercero de der. a izq.), Miguel Romero Sánchez (segundo de der. a izq.) y Grey Yohana Lozano (a la derecha) – hablaron con cacaoteros y un asesor técnico de Fedecacao en Caquetá y Cesar durante una visita reciente a los dos departamentos, ambos están dejando atrás el conflicto (Foto: Luis Solarte / CIPAV).

Si hay una palabra que sintetiza a Colombia, es diversidad. Eso se puede ver en su gente, en su clima e incluso se nota en la forma en que los productores cultivan el cacao.

Como lo menciona un análisis realizado por el CIAT y la Universidad de Purdue sobre las oportunidades que surgen de la producción de cacao para contribuir a la paz, los productores de cacao en Colombia vienen en formas diferentes. Algunos miembros del Proyecto de Sistemas Sostenibles de Uso de la Tierra (SLUS), financiado por la Iniciativa Internacional por el Clima (IKI) pudieron apreciar esta realidad ellos mismos cuando recientemente visitaron zonas cacaoteras en los departamentos de Caquetá y Cesar.

“Existen muchos tipos distintos de productores de cacao en Colombia, y cuando se dice ‘tipos’, se podría relacionar con el tamaño de sus fincas y los recursos que poseen, incluso la mano de obra. Y eso de seguro tendría un impacto en si adoptarían o no usos de la tierra que contribuyan en la producción sostenible de cacao para la mitigación del cambio climático y la construcción de paz”, dijo Augusto Castro Núñez, quien lidera el Proyecto SLUS y fue parte de la delegación de la visita a campo.

La visita busca ayudar al equipo del proyecto a determinar sistemas sostenibles de uso de la tierra promisorios en los dos departamentos colombianos. Ambos afectados por el conflicto, Caquetá y Cesar se encuentran en donde el gobierno y sus socios de desarrollo están promoviendo el cultivo de cacao como una apuesta para poner fin a la siembra de hoja de coca, que se presume, según evidencias, que tiene nexos con el conflicto y la deforestación en el país.

Tanto en Caquetá como en Cesar, la delegación del equipo del proyecto encontró que los productores de cacao practican una agricultura diversificada: siembran varios cultivos y poseen ganado; el cacao, por tanto, es solo una de sus fuentes de ingresos.

Lo que esto quiere decir es que los productores tienen que decidir cómo repartir su tiempo y recursos entre sus cultivos, de modo que la intensificación y adopción de la producción sostenible de cacao no es necesariamente una opción obvia, a pesar de la promesa de apoyo del gobierno y sus socios de desarrollo.

“Un productor nos dijo que más mano de obra invertida en un cultivo significa menos productividad para los otros cultivos, así que allí hay que entrar a sopesar lo que se gana vs. lo que se pierde”, afirmó Castro Núñez, a lo que se agrega que algunos de los agricultores prefieren además participar activamente e incluso asumir roles de liderazgo en las asociaciones de productores.

Aparte de la preferencia de los productores por una agricultura diversificada, las condiciones en los dos departamentos contrastan.

En Caquetá, es nublado y llueve la mayor parte del año. De modo que la sombra, que es necesaria para que las plantas de cacao se desarrollen, abunda. Incluso así, hay un esfuerzo por sembrar más árboles de sombra, lo que está generando una preocupación de que posiblemente se genere demasiada sombra – una situación que conduce a una mayor humedad y posteriormente a una mayor vulnerabilidad de las plantas de cacao frente a plagas y enfermedades.

“Es importante tener en cuenta las condiciones biofísicas de la localidad. Muchas investigaciones aseguran que ‘no, se debe tener bastante sombra’, a pesar de que hay suficiente sombra disponible a nivel local”, comentó Miguel Romero Sánchez, asociado de investigación para el área de investigación en Agroecosistemas y Paisajes Sostenibles y quien también formó parte de la visita de campo.

Algunos productores de cacao en Caquetá practican la agricultura orgánica y, como tal, usan fertilizantes obtenidos de sus propias fincas. Esto lo hacen para lograr certificarse, que en teoría generaría mayores ingresos debido a los precios más altos que los granos certificados de cacao logran en comparación con sus contrapartes no certificadas. Además, buscan vender sus granos de cacao en el exterior.

El proceso de lograr la certificación, con su larga lista de requisitos, puede sin embargo ser tedioso, lo que hace que los productores abandonen este esfuerzo. Adicionalmente, usar fertilizante orgánico significa que los rendimientos disminuirán en el corto plazo. Eso podría hacer que la adopción generalizada del cultivo de cacao orgánico sea un reto, según Romero.

Soleado en Cesar

Entretanto, en Cesar, hay más sol, y las lluvias no son tan frecuentes en comparación con Caquetá. De modo que el gobierno local y Fedecacao, la Federación Nacional de Cacaoteros, están apoyando esfuerzos para impulsar el riego y asegurar que todas las áreas cacaoteras tengan suficiente agua para aumentar la producción en estas zonas.

Aunque son conscientes del impacto ambiental de usar fertilizantes sintéticos, la mayoría de productores en Cesar los prefieren porque su objetivo es aumentar los rendimientos, señaló Romero. Agregó que la presencia de Fedecacao indica que la producción de cacao en Cesar es más organizada en comparación con Caquetá.

La mayoría de productores en Cesar, observó Castro Núñez, buscan producir cacao para el mercado nacional, que tiene menos requerimientos en términos de calidad que el mercado extranjero. Los colombianos son consumidores masivos de bebidas y barras de chocolate, y la demanda nacional es fuerte y constante. Eso se traduce en un mercado seguro para los granos de cacao.

Las diferentes preferencias de los productores y las condiciones que enfrentan requieren mayor estudio para determinar qué sistema de uso de tierra sostenible se adecúa mejor a los cacaoteros en los dos departamentos colombianos. Castro Núñez afirmó que ya existe una metodología para entender los factores por los cuales los productores adoptan ciertas prácticas y no otras. Lo que hará el equipo del Proyecto SLUS es desarrollar un modelo conceptual a partir de esa metodología y realizar una encuesta para validar ese modelo. Y con base en esos factores, desarrollar estrategias de actualización de cadenas de valor y modelos de negocio para facilitar la adopción de sistemas de producción de cacao que contribuyan a la mitigación del cambio climático y la construcción de paz.

“La lección que me queda es que no todo es para todos: si estamos buscando promover el cacao orgánico o cualquier sistema agrícola en particular para todos, no va a funcionar”, aseguró Castro Núñez. “No existe tal cosa que se ajuste a las necesidades de todos por igual cuando se trata de sistemas sostenibles de uso de la tierra; todavía depende del contexto”.

Información adicional:

El Proyecto SLUS busca contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, conservar los bosques, restaurar paisajes degradados y mejorar los medios de vida rurales, al tiempo que se estimula la construcción de paz en las zonas rurales de Colombia. Es parte de la Iniciativa Climática Internacional (IKI). El Ministerio Federal para el Ambiente, la Conservación de la Naturaleza y la Seguridad Nuclear (BMU) apoya esta iniciativa con base en una decisión adoptada por el Bundestag Alemán. El Proyecto SLUS es implementado por el CIAT, junto con el Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (CIPAV), el Centro Leibniz de Investigación en Paisajes Agrícolas y el Instituto Thünen.

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