La desaparición de especies animales domina los titulares, pero el declive de la diversidad vegetal también pone en peligro a los humanos. Investigadores y educadores explican cómo curar la “ceguera a las plantas” es esencial para salvar la biodiversidad y a nosotros mismos. Las plantas alimenticias parecen un buen punto de partida.

Desde nuestra perspectiva en la jungla urbana – o incluso en las partes más frondosas de los suburbios – a menudo nos cuesta nombrar la última planta que vimos. Incluso si acabamos de comer parte de ella. Esto es un síntoma de “ceguera a las plantas”, un término acuñado hace dos décadas por investigadores que demostraron que la civilización moderna está peligrosamente desconectada del reino vegetal. Desde entonces, nuestra ceguera ha progresado incluso más, hasta el punto que difícilmente reconocemos las plantas que nos alimentan a diario.

Esa amenaza se hizo evidente este mes cuando las Naciones Unidas reportaron que un millón de especies vegetales y animales están en peligro de extinción. Se centró una gran atención en la pérdida de animales – en particular en los rinocerontes y otros animales grandes y carismáticos. No obstante, el declive de las plantas debería ser igual de inquietante, aseguran investigadores en un artículo publicado el 24 de mayo en la revista Plants, People, Planet.

Si bien todas las especies tienen un valor “intrínseco”, las plantas brindan además beneficios ambientales, económicos y culturales. Incluso las plantas silvestres. Los fitomejoradores, por ejemplo, han usado tomates silvestres para aumentar la resiliencia frente a plagas y enfermedades de modo que el cultivo se pueda sembrar a gran escala. Otras plantas contribuyen a solucionar los suelos contaminados, o brindan a las personas materiales de construcción y medicamentos. Y todas las plantas limpian y regulan el aire que respiramos.

“Desafortunadamente, estamos perdiendo especies más rápido de lo que las podemos estudiar y explicar”, asegura Tara Moreau, Directora Asociada del Jardín Botánico de la Universidad de Columbia Británica, coautora del estudio. “La extinción de plantas no debe ser una opción, y la educación pública es clave”.

En tanto que personas en todo el mundo se urbanizan cada vez más, no es de sorprender que las plantas se vuelvan menos visibles en nuestras vidas. Lo que sorprende es que nos hayamos apartado de incluso conocer las plantas con las que interactuamos cada día, en cada comida. A medida que menos gente trabaja en la agricultura, y consumimos más alimentos empacados y procesados, estas plantas esenciales quedan ocultas para nosotros.

“La ceguera a las plantas existe incluso frente a las plantas alimenticias que consumimos a diario”, afirma Colin Khoury, coautor del estudio y científico del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), cuyo trabajo ha demostrado que 7.000 plantas útiles en todo el planeta se encuentran en riesgo. “Sin embargo, a pesar de la ceguera incluso frente a estas plantas alimenticias, ellas siguen siendo un excelente y particularmente poderoso medio para conectar a las personas con las plantas, la biodiversidad y la conservación”.

Khoury estudia la historia de las plantas y los animales que consumimos, y ha documentado cómo las personas alrededor del mundo consumimos cada vez más la misma “dieta estándar mundial”. Recientemente, llevó ese trabajo un paso más allá al examinar los orígenes mundiales de los ingredientes en alimentos favoritos como la pizza y la hamburguesa. Resulta ser que esta comida favorita típica americana – incluido el acompañamiento de papitas fritas – no tenía ni un solo ingrediente originario de Norteamérica, como lo demostró el estudio La no tan americana hamburguesa.

“Los alimentos son una forma magnífica de educarnos sobre nuestra propia historia, y de entender cómo las plantas nos conectan en todo el mundo”, dijo Khoury.

Los jardines no tan secretos

Si bien la conservación en estado silvestre es un pilar de la preservación de plantas, los jardines botánicos y los bancos de semillas de plantas vivas son también esenciales para asegurar que ninguna planta rara o amenazada se extinga. Los 3.500 jardines botánicos del mundo albergan cerca de un tercio de las especies vegetales conocidas y emplean a más de 60.000 expertos en horticultura, taxonomía, conservación y educación pública.

Visitados por más de 250 millones de personas cada año, los jardines botánicos son además aliados cruciales para abordar la ceguera a las plantas, afirman los investigadores.

Entretanto, los bancos de semillas de plantas preservan semillas y otros materiales vegetales en condiciones de frío que les dará la oportunidad de sobrevivir cientos o incluso miles de años a futuro, y son excelentes herramientas para propósitos de divulgación. El CIAT está construyendo un nuevo banco de germoplasma llamado Semillas del Futuro, que recibirá visitantes y albergará las 68.000 accesiones de fríjol, forrajes tropicales y yuca del Centro. Es parte de la red de bancos de germoplasma de CGIAR, que proporciona “copias de seguridad” de sus semillas a la Bóveda Mundial de Semillas de Svalbard en Noruega.

Reconociendo que los jardines botánicos, bancos de germoplasma y otras organizaciones que trabajan con plantas comparten su preocupación por su pérdida – y se preocupan por la falta de sensibilización al público sobre ellas – las organizaciones se están asociando para combatir la ceguera a las plantas.

Reconociendo que los jardines botánicos, bancos de germoplasma y otras organizaciones que trabajan con plantas comparten su preocupación por su pérdida – y se preocupan por la falta de sensibilización al público sobre ellas – las organizaciones se están asociando para combatir la ceguera a las plantas.

El estudio documenta una amplia variedad de historias de éxito educativo en donde los jardines botánicos y otras organizaciones se han reunido para brindar experiencias educativas formales e informales a niños, padres y capacitación vocacional similar al Programa Finca de Veteranos ofrecida por los Jardines Botánicos de Denver.

“En una era confrontada por muchos problemas mundiales como el cambio climático, la destrucción de hábitats, la extinción de plantas y animales, la explosión demográfica, el hambre y la pobreza, ya no podemos darnos el lujo de seguir ignorando la ceguera a las plantas”, dijo Sarada Krishnan, Directora de Horticultura y Centro para Iniciativas Globales en los Jardines Botánicos de Denver y una de las coautoras del estudio.

“Sin las plantas, no hay vida. Necesitamos reescribir las narrativas sobre las plantas para ponerlas en un primer plano. Para esto, debemos diseñar nuevos enfoques para atraer a la próxima generación hacia las ciencias vegetales”, aseguró Krishnan.

“Tomarse el tiempo para involucrar el público en el tema de las plantas alimenticias no solo es educativo, sino muy divertido”, dijo Ari Novy, presidente y director ejecutivo del Jardín Botánico de San Diego y coautor del estudio. “Resulta que a la mayoría de las personas les encanta comer y realmente disfrutan aprendiendo más sobre sus alimentos”.

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