Una olla de arroz caliente que le regaló la dueña de la tienda del barrio, sin ni siquiera pensarlo dos veces, y que calmó el hambre a su hermana, a su padre y a ella, fue razón suficiente para que Gisela Solano decidiera que lo suyo ‘cuando estuviera grande’ sería ayudar a los demás.

Tenía 8 años. Y hoy, a los 43, esta líder de amplia sonrisa puede decir con certeza que lo ha logrado. Es la directora de la Fundación Semilla Viva, que apoya a 120 mujeres afrodescendientes cabeza de familia de la vereda Mazamorrero, ubicada a más de una hora de Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca.

Desde su fundación, hace siete años, Gisela gestiona proyectos y busca recursos que le permitan a su comunidad cultivar la tierra: desde palas, picas y tijeras, hasta capacitaciones en manejo de cultivo, siembra y fertilizantes. En terrenos alquilados que no sobrepasan la media hectárea siembran piña, caña de azúcar y plátano. Además de conseguirles insumos agrícolas, Gisela les ha enseñado a estas mujeres a “sembrar esperanza en sus corazones”.

Pero Gisela quiere más. Por eso llegó al CIAT a conocer sobre fríjol, el cultivo que cree le dará la oportunidad de seguir con su misión en la vida. Fue una de los 70 invitados al Encuentro: El fríjol en Colombia: Una visión compartida entre la ciencia y el campo, que se llevó a cabo entre el 25 y 26 de agosto en la sede del Centro, en Palmira, Valle.

La actividad estuvo dividida en ponencias de científicos del CIAT quienes contaron sobre los  resultados del trabajo de investigación del Programa de Fríjol y de sus socios estratégicos HarvestPlus-LAC y de la Fundación para la Investigación y Desarrollo Agrícola (FIDAR); docentes de la Universidad de Nariño, Universidad Nacional de Colombia, Universidad Industrial de Santander y Universidad de la Amazonía también dieron a conocer sus avances en este cultivo.

Las experiencias exitosas de asociaciones representativas de las áreas productoras tuvieron su espacio en el encuentro, al igual que el papel de las empresas privadas de semilla, pero sin duda lo que marcó la pauta en este ejercicio de dos días fue la puesta en común de las apremiantes necesidades de los productores en temas como capacitación, comercialización, asociatividad y posconflicto.

El fríjol, un cultivo artesanal

Aunque no hay un censo nacional consolidado, (uno de los problemas identificados) se estima que en Colombia hay 120.000 pequeños productores de fríjol que en promedio siembran 130.465 hectáreas anuales, de acuerdo con la Red de Información y Comunicación del Sector Agropecuario, (AGRONET-Colombia).*

Según Jorge Pineda, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Pequeños Productores de Fríjol, (Asonapfrijol), la falta de capacitación técnica es el común denominador de los agricultores frijoleros colombianos, lo que impacta directamente en la producción: 141.000 toneladas al año, aproximadamente.

José Román, representante de la Asociación de Productores Agrícolas y Pecuarios de Santa Rosa, del Sur de Bolívar (Asocalima), agremiación conformada por 350 asociados, aseguró que “el cultivo de fríjol lo desarrollamos de manera empírica, artesanalmente, sin aplicación de paquetes tecnológicos. Y a esto le sumamos los costos de producción, los precios y las difíciles condiciones de las vías de acceso”.

José Román, representante de la Asociación de Productores Agrícolas y Pecuarios de Santa Rosa, del Sur de Bolívar (Asocalima)

Una de las acciones que los agricultores pusieron sobre la mesa está la de formar capacitadores locales, con base en las necesidades propias de cada región y asociación, incluyendo el uso de buenas prácticas agrícolas.

El celular, que se ha convertido en una necesidad en el campo, sería una de las apuestas del gremio para el uso de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC). A través del móvil podrían recibir información sobre pronósticos del clima y precios del mercado. También se buscará que cada asociación pueda tener su propia EPSAGRO, (entidades prestadoras del servicio de asistencia técnica directa rural).

Una de las prácticas más comunes de los productores de fríjol en el país es la utilización de semillas de costal, es decir, de su propio lote, o grano comercial del mercado sin ningún tipo de certificación o selección; también es frecuente el intercambio de semillas entre los agricultores.

Vitelmo Viscaíno, representante legal de la Asociación de Productores de Fríjol y Sagú de Gutiérrez, (Asofrisagut), Cundinamarca, con 479 asociados, hizo un llamado al que se le unieron sus colegas de tener semillas de mejor calidad. Aquí el consenso fue tener una investigación participativa que integre los conocimientos de los centros de investigación y las universidades con los saberes y necesidades puntuales de los agricultores, en su contexto territorial.

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de los productores utiliza semillas seleccionadas en el mercado, lo que conlleva a un aumento de la transmisión de insectos plaga, enfermedades y malezas, reduciendo los rendimientos e incrementando los controles fitosanitarios, según Asonapfrijol

El acompañamiento en la generación de capacidades locales para la provisión de semillas podría fortalecerse con el Plan Nacional para la Conservación y Producción de Semillas para Pequeños Productores, ‘Plan Semilla’, formulado por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica).

Dentro de la priorización, los agricultores sugirieron líneas con resistencia a enfermedades, tolerancia a sequía, biofortificadas y con altos rendimientos.

La intermediación, cuello de botella

Para el representante de la Corporación para el Fomento y Desarrollo Regional (Cofoder), de Santander, Gilberto Aparicio, urge establecer mercados directos para acabar con la red de intermediación.

“Es muy importante que nos especialicemos en la comercialización y que el beneficio llegue directamente a los productores”, dijo.

Para la financiación, según el gremio, la clave será la consolidación de fondos rotatorios ante la poca oferta de líneas de crédito en el área rural.

El contrabando y las importaciones sin ninguna regulación de precios de parte del Gobierno, según las asociaciones, son otras de las piedras en el zapato para los agricultores. De acuerdo con la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas, (Fenalce), en el año 2014 se importaron 13.438 toneladas de fríjol, provenientes de Bolivia, Ecuador, Estados Unidos y Perú.

“Cuando el Gobierno permite traer fríjol más económico de mala calidad de otros países, baja el precio en Colombia. Hay pérdidas incalculables y como consecuencias los trabajadores se van a los cultivos ilícitos, porque no les damos las garantías para tener un jornal”,

Jesús Erazo

Gerente de la Cooperativa de Agricultores y Cultivadores de Fríjol del Putumayo, una de las más grandes asociaciones del país, con 4.703 agricultores vinculados.

“Debemos apuntarle al fortalecimiento de los mercados locales, atender el menudeo, la venta al detal. Tener una estrategia para la red de tiendas locales y regionales, colegios, hogares de bienestar familiar. Pero este modelo de comercialización debe ir acompañado de un desarrollo en la producción de semillas para que haya disponibilidad en las zonas de producción”.

Henry Vanegas

Gerente general de Fenalce.

Como escudo protector el gremio buscará estrategias para ampliar el acceso a mercados minoristas y almacenes de cadena con valor agregado, que les permita llegar a otros segmentos y aumentar el consumo per cápita en el país que actualmente alcanza los 3.1 kilos anuales.

La unión hace la fuerza

Durante los dos días de debate sobre la situación actual del gremio frijolero del país hubo una palabra clave: asociatividad, sin embargo, según Jorge Pineda, de Asonapfrijol, en los últimos 21 meses han desaparecido en el país 152.000 organizaciones, ocupando el primer lugar las asociaciones agropecuarias y campesinas, que pasaron de estar activas 9.008 en septiembre de 2014 a 2.151 en junio de 2016, es decir, hubo una reducción del 76%.

“De nada valen las iniciativas gubernamentales si no encuentran eco entre los productores. Tenemos que tener asociaciones que vean el campo como empresa. Debemos unirnos para ponerle la cara al problema y lograr inversiones públicas y privadas que nos permitan desarrollar una economía rural de alto impacto”.

Jorge Pineda

Asonapfrijol

Oportunidad en el posconflicto

Según cifras de Agronet, en la zona andina colombiana se concentra el mayor número de áreas sembradas de fríjol, con un 73,9% del total nacional, y el 80% de la producción nacional sale de esta misma área.

El departamento del Huila con el 17.9%, encabeza la lista de los mayores productores, seguido por Tolima con el 15.3%; Antioquia con el 14.2%; Nariño y Cundinamarca cada uno con el 9.8%; Norte de Santander con el 7.6%, Santander con el 5.5% y los demás departamentos suman en total el 20% de la producción nacional.

  • Huila 17%
  • Tolima 15.3%
  • Antioquia 14.2%
  • Nariño y Cundinamarca 9.8%
  • Norte de Santander 7.6%
  • Santander 5.5%

Aunque hay desconocimiento entre el gremio de las acciones puntuales que se llevarían a cabo en la zura rural en una eventual etapa del posconflicto en Colombia, sí están seguros de que las regiones productoras de fríjol, golpeadas por el conflicto armado, pueden llegar a jugar un rol importante.

“Es una etapa esperanzadora para que se fortalezca el cultivo de fríjol en el país, pero se necesita de una política agroalimentaria y un mayor apoyo en aspectos de acompañamiento y asistencia técnica de uno de los cultivos básicos para la seguridad alimentaria”, recalcó Henry Vanegas.

Y entró en escena nuevamente la importancia de la capacitación en asistencia técnica, agroempresa y liderazgo a capacitadores locales que podrían apoyar las iniciativas agropecuarias de los productores que ya están en la zona y aquellos quienes dejaron las armas y quieren retornar al campo.

Los invitados a este encuentro de carácter nacional organizado por el CIAT, en el marco del Año Internacional de las Legumbres, identificaron los actores clave con el que buscarán darle el papel protagónico al fríjol, considerado uno de los productos básicos de la economía campesina.

Son ellos: el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR); Fenalce, el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco); la Asociación Colombiana de Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi); el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN); ICA, Corpoica, CIAT, universidades y asociaciones y agremiaciones.

“Estamos viviendo un tiempo único para el fríjol en Colombia. Hay dos instituciones que tienen el liderazgo en este campo, como lo son Corpoica, aliado con el ICA, y Fenalce, que tienen la responsabilidad de promover tecnologías entre los productores. Ahora agregamos a ellos, las asociaciones de productores. Nosotros desde CIAT haremos lo posible para apoyarlos con nuevas y mejores semillas”. 

Steve Beebe

Líder del Programa de Fríjol del CIAT.

En el segundo día del encuentro, los productores visitaron los campos experimentales de fríjol del CIAT. Gisela Solano identificó, con el apoyo de los investigadores, que los fríjoles tipo cargamanto son propios para la zona del norte del Cauca. Muy pronto llegarán a la vereda Mazamorreros las semillas de origen CIAT con las que Gisela seguirá sembrando esperanza en los corazones de su comunidad.

*Las cifras fueron extraídas de un documento del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR) que se encuentra en proceso de publicación.

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