Durante la Semana de la Agricultura y la Alimentación, el Programa de Investigación del CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria – CCAFS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, y el Centro Internacional de Agricultura Tropical – CIAT, apoyaron la II Reunión Internacional de Ministros y altas autoridades de agricultura sobre agricultura sostenible y cambio climático con un documento base y su presentación sobre los retos que representa el cambio climático para la agricultura en  Latino América y el Caribe.

 

Son nueve los retos que deberán enfrentar la agricultura de  la región  para ser más sostenible y adaptada al clima en medio de fuertes impactos en la productividad provocados por el incremento de emisiones de CO2, el aumento de la temperatura que ha incitado cambios en los regímenes de precipitaciones, frecuencia e intensidad de eventos meteorológicos extremos, la limitante de los recursos hídricos y el aumento de la dispersión de plagas y agentes patógenos. Pero, ¿en qué contexto se intenta poner en marcha la Agricultura Sostenible Adaptada al Clima (ASAC)?

De acuerdo con la FAO, el potencial agrícola de América Latina podría superar el de Estados Unidos en la siguiente década. Las exportaciones mundiales de productos agrícolas en la región alcanzan un 16%, siendo según las cifras soya, café, maíz, arroz y trigo los más importantes. De esta manera, la región cobra un papel cada vez más relevante en la seguridad alimentaria y nutricional mundial, al mismo tiempo que lucha contra los impactos del cambio climático en el rendimiento de los cultivos de maíz, arroz y frijol, en los suelos áridos y en áreas cultivables.

En el mismo sentido, el impacto de la variabilidad climática y los eventos extremos, representarán para América Latina y el Caribe reducciones en la productividad de los cultivos de maíz, soja, trigo y arroz, disminución de las exportaciones agrícolas, adopción de áreas no aptas, entre otras. Igualmente, los precios de los alimentos, la seguridad alimentaria y el valor de la tierra, sufrirán diferentes efectos debido al cambio climático.

Pero, ¿a qué se deberán enfrentar los campesinos, instituciones agropecuarias, gobiernos y el sector privado en América Latina y el Caribe para poner en marcha una agricultura sostenible y adaptada al clima?

1. Agricultura Recurso-Eficiente:

La diversidad biológica de América Latina la favorece medioambientalmente para desarrollar en ella diferentes prácticas de adaptación y mitigación al cambio climático en la agricultura. El propósito es lograr una transformación de la agricultura de manera que los recursos hídricos y el suelo sean utilizados de una manera sostenible y adaptada al clima para garantizar la productividad y competitividad de los sistemas productivos.

2. Intensificación Sostenible de los Sistemas Agropecuarios:

La Intensificación Sostenible de los Sistemas Agropecuarios ofrece una vía hacia la producción de más alimentos con menos impacto sobre el medio ambiente en América Latina, un punto neurálgico para sostener la agricultura familiar. En este punto, la ASAC aporta sostenibilidad a la intensificación, combinando el aumento de la productividad con la búsqueda de resultados en términos de adaptación y mitigación al cambio climático, pero la clave para que funcione correctamente es facilitar a los pequeños agricultores una agricultura más sostenible productiva y competitiva.

3. Seguridad alimentaria y nutrición:

Los desafíos de la seguridad alimentaria se asocian a diferentes factores. En primer lugar, los desastres o fenómenos naturales que afectan a la producción agrícola, la seguridad en la cadena de suministros y los impactos nutricionales de los alimentos. Es por ello que los alimentos biofortificados se presentan como una estrategia costo-efectiva y sustentable para abordar deficiencias nutricionales. De esta manera, se podrá enfrentar el problema de la seguridad alimentaria desde los tres pilares de la sostenibilidad: económico, social y ambiental.

4. Sinergias en materia de adaptación, mitigación y productividad / seguridad alimentaria:

La integración entre y mitigación puede aumentar el potencial de las acciones en cambio climático y generar múltiples beneficios. Estas sinergias entre adaptación y mitigación (SAM), responden a las interrelaciones entre la adaptación y la mitigación del cambio climático, y para reconocerlas, es necesario conocer las características del contexto, los intereses institucionales, las prioridades de las comunidades y las perspectivas y naturaleza de los actores. Un ejemplo del aprovechamiento de las SAM es la ASAC, pues busca alcanzar objetivos en términos de productividad, resiliencia y mitigación potencializando sus sinergias y reconociendo las disyuntivas alrededor de los tres pilares.

5. Transferencia y conocimiento en tecnología:

La transferencia de conocimiento y tecnología es imprescindible para que los agricultores se informen y tomen las medidas necesarias frente a los efectos del cambio climático. Se hace necesario crear más proyecto, programas, estrategias y mayor voluntad política que aproveche más y de mejor manera a los actores alrededor de las transferencias tecnológicas. Esfuerzos de colaboración sur-sur juegan un papel fundamental para lograr intercambios de conocimiento que lleven a la adaptación y adopción de tecnologías sostenibles y adaptadas al clima.

6. Resiliencia socio – ecológica para hacer frente al Cambio Climático:

No basta con trabajar en la gestión del riesgo y los procesos de adaptación al cambio climático, también es necesario preparar a las comunidades en el conocimiento de su entorno, hacer de la agricultura una actividad sostenible adaptada al clima, fomentar la participación en los procesos locales, empoderar a la mujer para liderar procesos, entre otros factores que contribuyan a aumentar la resiliencia socio-ecológica, entendiendo esta última como la relación de las personas, las comunidades, las economías, las sociedades y las culturas con la biosfera y como está a su vez configura estos procesos.

7. Reducción y Gestión del Riesgo Agroclimático:

Los desastres naturales y la variabilidad climática tienen efectos en la seguridad alimentaria de un país, por ello se han creado iniciativas como la Estrategia Regional para la Gestión del Riesgo de Desastres en el Sector Agrícola y la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2018-2030 y Agroclimas. Este último combina herramientas de información climática para proveer de información confiable y oportuna a agricultores y tomadores de decisión para protegerse y anticiparse a los diferentes eventos climáticos que los afectan (Ej. Mesas Técnicas Agroclimáticas). El reto es generar, transferir, traducir y usar información agroclimática útil para la toma de decisiones, es decir, información oportuna a la escala precisa y en el lenguaje adecuado y así, contribuir a la prevención del riesgo y aumentar su capacidad de resiliencia.

8. Migración:

El cambio climático ha influido significativamente en las migraciones que se han presentado en América Latina y el Caribe en los últimos años. Las inundaciones y sequías y sus efectos en los cultivos, la repercusión en el precio de los alimentos, entre otros, han impulsado las migraciones en la región trayendo consecuencias a las economías familiares. Es por ello que, las acciones deben enfocarse en las familias rurales explorando alternativas de diversificación, formación de capacidad de resiliencia, apoyo y financiación, entre otras herramientas, y así disminuir la necesidad de emigrar de sus territorios debido a las alteraciones ambientales.

9. Género inclusivo y medios de vida mejorados:

La contribución de las mujeres frente a los efectos del cambio climático es vital para las comunidades rurales, en la que representan el 43% de la mano de obra agrícola en los países en desarrollo y producen entre el 60 y 80% de los alimentos. La perspectiva de género podría fortalecer los proyectos, programas, iniciativas, estrategias y políticas de desarrollo rural para reducir la desigualdad y mejorar el acceso de la mujer a la información y a la toma de decisiones, lo anterior considerando que la mujer tiene gran potencial para promover acciones en términos de manejo eficiente de los recursos, redes de comunicación, innovación, uso de información agroclimática, entre otros.

Finalmente, es importante tener en cuenta que para superar estos retos es vital que los diferentes actores involucrados en el cambio climático construyan procesos participativos, a múltiples escalas, de manera holística y que los procesos público-privados y la formulación de políticas públicas promuevan la planificación e implementación de medidas de adaptación y mitigación al cambio climático para el desarrollo rural sostenible.

Vea la presentación:

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