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Sara Rankin, la caleña que promueve la agricultura urbana como mucho más que producción de alimentos

por Sylvia Pineda | Oct 15, 2019

Sara Rankin es caleña e investigadora del equipo de Sistemas Alimentarios Sostenibles del CIAT. Esta campeona ha trabajado en la comprensión del sistema alimentario de Cali para, entre otras metas, lograr la construcción de una política pública municipal de seguridad y soberanía alimentaria que responda a las necesidades específicas de este territorio. En ese proceso, ha podido conocer una de las perlas escondidas de las iniciativas de alimentación existentes en Cali, las huertas urbanas, que cada día ganan más atención y seguidores.

Las “huertas urbanas” o la agricultura urbana”, se refieren al cultivo de alimentos dentro de la ciudad, principalmente para consumo del hogar, ofreciendo para quienes lo practican, disponibilidad y acceso a alimentos sanos y nutritivos. Sin embargo, otras actividades se empiezan a desarrollar alrededor del cultivo de alimentos y para esta caleña, descubrirlas ha sido uno de los principales atractivos de las investigaciones que se llevan a cabo en Cali.

Sembrar se ha convertido en una excusa para que la comunidad se hable, se reconcilie, recuperen territorios comunes, los niños entiendan de dónde vienen los alimentos, se creen actividades en comunidad y se recuperen alimentos como la papa china que solía ser un ingrediente de la dieta caleña tradicional. Sembrando, se entrelazan los saberes de diferentes generaciones y de algunos antiguos pobladores del campo que ahora habitan en la ciudad. En ese espacio converge: la familia, los vecinos, la naturaleza, el trabajo comunitario, los saberes tradicionales, la seguridad y la soberanía alimentaria. La agricultura urbana se ha convertido en un vehículo para nuevas interacciones en la ciudad.

Sara Rankin

Asistente de Investigación del CIAT

Los resultados de las huertas urbanas son diversos. No solo alimentarse mejor, sino contribuir al medio ambiente con la reutilización de elementos en el espacio, aprovechamiento del agua lluvia, la reducción de islas de calor, la generación de nuevos modelos de gobernanza alimentaria que actúan como una herramienta educativa para fortalecer el respeto y amor por el campo. El trabajo conjunto que se realiza en este tipo de espacios, las relaciones comunitarias que se comienzan a formar y los resultados directos del proceso, inciden sobre la comunidad y generan una mayor solidaridad, el aumento de la cohesión y el empoderamiento para lograr metas comunes.

Algunas políticas gubernamentales, organizaciones y actores sociales asumen la agricultura urbana como una opción para producir alimentos sanos y, a la vez, fortalecer las relaciones con el medio ambiente, recomponer el tejido social y propiciar nuevas perspectivas de planificación territorial, a eso deberá apuntarle Cali también.

Para que continúen creciendo estás iniciativas requieren de un marco legal/político que trascienda los gobiernos temporales y reconozca la alimentación como motor de desarrollo social y económico dentro del espacio de ciudad-región. Determinar el tipo de políticas que se requieren para asegurar la alimentación como un derecho respaldado por la soberanía sin que esto se convierta en una amenaza para los principales sectores productivos y económicos, representa un reto enorme para las ciudades, así como lo es para los investigadores determinar cómo proveer mejores herramientas para enfrentar eficientemente los retos de la construcción de las nuevas sociedades.

Es fundamental en el mejoramiento alimentario el desarrollo de estos proyectos que permitan a la población vulnerable acceder a alternativas de producción, consumo y comercialización de productos frescos y sanos. Logrando en el tiempo mejorar las condiciones de vida de las personas, de manera continua, disminuyendo así el impacto des nutricional.

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