Por: Ruben Echeverría, Director General – Centro Internacional de Agricultura Tropical.

Al escuchar la noticia de la jubilación de Daniel Debouck, sentí como si sobre mí se desplomara un saco de 100 kilos de frijol de los que se encuentran apilados en el almacén. Luego de cuatro décadas al frente de la administración de la colección más grande de frijol que existe en el mundo, unas 38.000 variedades diferentes, la partida de Daniel dejará una vacante casi imposible de cubrir. Como colector, curador e investigador, su trabajo en una de las fuentes de proteína vegetal más importantes del mundo permitió a los científicos mejorar el nivel de vida de millones de personas en docenas de países.

Nos encontrábamos en una especie de aprieto. ¿Quién llevaría a cabo esta labor?

Desde que Daniel comenzó a explorar las laderas andinas de Sudamérica en busca de los ancestros silvestres del frijol en 1970, el mundo ha cambiado en maneras que jamás imaginamos. Para cuando él concluyó su última expedición a los cerros costarricenses en 2018, mucho de lo que él mismo había recolectado había desaparecido en estado silvestre o de las fincas tradicionales, donde la gente había estado desarrollando nuevas variedades de frijol por miles de años.

Este tipo de pérdida no se está dando únicamente en frijol: durante el último siglo, hemos perdido miles de variedades de cultivos importantes para la alimentación y la agricultura.

Esto ocurre en una época en que la diversidad de los cultivos es más fundamental que nunca para el futuro de la humanidad, que ha pasado de 4 millardos de personas en el momento en que Daniel comenzó su carrera, a 7,6 millardos el día de hoy. Y aunque hemos logrado grandes avances en cuanto a la erradicación del hambre, todavía queda mucho por hacer, sobre todo en términos de mejorar la nutrición, que ha empeorado a pesar de la habilidad de la parte del mundo en situación de riqueza de producir cantidades abundantes de alimento, mucho de lo cual se desperdicia.

Alrededor de un tercio de la población padece problemas relacionados con la alimentación, ampliando la variedad desde una absoluta hambre crónica hasta la obesidad.

Creo que estos problemas, la interrogante sobre quién dará continuidad al legado de Daniel, la crisis mundial en materia de nutrición y resolver la cuestión de la diversidad de cultivos, todos ellos derivan de una misma causa: la gente, en general, conoce muy poco sobre los alimentos que consume. Esta es una de las razones por las que los expertos a menudo dicen que nuestros sistemas alimentarios se han “roto”. Pero me parece que muchos de nosotros, “los expertos”, tenemos parte de culpa en ello.

Corregir los sistemas alimentarios va a ser uno de los mayores desafíos de este siglo. Para lograrlo, necesitamos apartar nuestros conocimientos de las anquilosadas revistas científicas y de los lugares donde (literalmente) mantenemos nuestros secretos guardados bajo llave o al menos fuera de la vista de la mayoría de personas. Uno de estos lugares es el banco de germoplasma que Daniel y sus colegas construyeron durante los últimos cincuenta años. Aunque el banco de germoplasma existe para conservar bienes públicos (las semillas) y ponerlos a disposición de todo el mundo, no se conoce lo suficiente fuera de los círculos de especialistas.

Una colección viva

Escondido dentro de un mar de caña de azúcar en el suroccidente de Colombia, el banco de germoplasma, que salvaguarda la colección de frijol que Daniel ayudó a desarrollar, también alberga una asombrosa colección de forrajes tropicales (las plantas que come el ganado) y de yuca, un alimento básico en gran parte del trópico, que también se utiliza en una amplia variedad de productos industriales.

Esta no es una colección que languidece juntando polvo, como una de las que se podría encontrar en la bodega abandonada de un museo. No. Esta colección está viva.

Docenas de especialistas trabajan en ella todos los días para que las semillas se mantengan viables. Incluso con las mejores técnicas, es necesario probar las semillas de manera regular, regenerarlas y sustituirlas cuando es necesario, y así garantizar que germinen en el momento en que se necesiten. Las variedades de yuca, que permanecen vivas como pequeñas plántulas en tubos de ensayo, necesitan sustituirse con mucha mayor frecuencia, todas ellas, las 6.600 variedades.

Los investigadores, mediante las tecnologías  más avanzadas de ADN, exploran la colección buscando genes que hacen que las plantas sean más resistentes a enfermedades, plagas y al cambio climático. También encuentran maneras de hacer que los cultivos sean más nutritivos y que los forrajes sean mejores para el ganado, así como para recuperar tierras agrícolas degradadas.

Los agricultores alrededor del mundo reciben muestras de nuestra colección, con lo cual mejoran sus campos, productividad y medios de subsistencia. Además, las dietas de millones de personas han mejorado gracias a los cultivos y forrajes mejorados que hemos desarrollado en colaboración con nuestros socios.

Me siento especialmente orgulloso de las variedades de frijol biofortificadas que se crearon gracias a la colección del banco de germoplasma. Se están volviendo alimentos indispensables en partes de Kenia y Uganda, donde forman parte esencial de alimentos ligeramente procesados y muy nutritivos para familias de bajos ingresos que enfrentan problemas nutricionales. Estos productos, que se obtienen de campos locales y que son procesados por pequeñas empresas locales, constituyen ejemplos convincentes de cómo se puede comenzar a “corregir” un sistema alimentario.

Semillas del Futuro

Si queremos responder a las necesidades de sistemas alimentarios más sanos y sostenibles, es necesario dar continuidad a los logros de Daniel en cuanto a la colección y conservación de germoplasma.

Esto quedó claro cuando, en 2015, las Naciones Unidas redactaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Dentro del marco del objetivo de Hambre Cero, se encuentra la meta 2,5: para 2020, conservar la diversidad genética agropecuaria (cultivos, especies pecuarias y sus parientes silvestres, incluidos los de los bancos de germoplasma).

Como parte de nuestras actividades para respaldar el ODS 2,5, comenzamos a construir un nuevo banco de germoplasma a finales del año pasado. Una vez terminado, Semillas del Futuro, como le llamamos, aumentará considerablemente nuestra capacidad de salvaguardar variedades de cultivos en peligro. También proporcionará a nuestros investigadores las instalaciones modernas que necesitan para estudiar en su totalidad los cultivos que ya conservamos. Las instalaciones actuales ya no dan abasto.

Pero es una cuestión que va más allá de los ladrillos y morteros. ¿Qué hay de la nueva generación de Danieles Debouck?

Queremos ayudar a encontrarlos y orientarlos. Algo esencial para develar los secretos genéticos que permitirán a nuestros cultivos prosperar, además de brindar nutrición a un mundo con 10 billones de habitantes en 2050, es encontrar y capacitar a sus herederos profesionales. Creo que la búsqueda de esta nueva generación de científicos comienza con abrir nuestras puertas más generosamente que nunca. Es por ello que Semillas del Futuro será más que un banco de germoplasma y centro de investigación. Está siendo construido como muy pocos otros bancos de germoplasma, con paredes de vidrio y espacios abiertos para público visitante en general. Es posible que al acercar a las personas a los componentes básicos de los alimentos que consumen, estas comiencen a comprender mejor la nutrición, a compartir nuestra pasión por entender qué hace que funcione un sistema alimentario e incluso a ayudarnos a hacerlo realidad.

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