Durante toda su vida escolar, Christine Chege estaba convencida de que estudiaría Economía y Finanzas. Estaba segura de que esto sería la solución para ver crecer la economía de Kenia. Naturalmente, para sus estudios de pregrado, se inscribió en el programa de Economía Agrícola en la Universidad Egerton en Kenia.

En 2008, recibió una beca para su maestría y estudió Economía Agrícola y Agroempresas en la Universidad de Pretoria en Sudáfrica. Fue estudiante de proyecto en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en el proyecto de Maíz de Proteína de Alta Calidad (QPM). Fue mientras trabajaba en el proyecto que observó que la mayoría de los consumidores no estaban muy interesados en el valor nutricional de los alimentos que consumían, sino que sus compras se guiaban por la disponibilidad de los productos y sus precios. Adicionalmente, también notó que la información nutricional de los productos no estaba fácilmente disponible y, en consecuencia, los consumidores se perdían información importante, y esto tenía efectos negativos en su estatus de nutrición y salud.

Darse cuenta de ello fue un momento revelador. Al fin y al cabo, el dinero no lo es todo. Uno podría tener mucho dinero, pero no contar con acceso a alimentos nutritivos y de calidad. Curiosa de descubrirlo, les preguntó a algunos de sus compañeros de clase si pagarían un poco más de dinero para comprar alimentos nutritivos, y la respuesta fundamentó su tema de investigación. Estaba ansiosa de estudiar comportamiento del consumidor hacia el consumo de alimentos nutritivos, específicamente la aceptabilidad y la disposición para pagar.

A su supervisor en la universidad le preocupaba que el tema apuntaba más a un ángulo de nutrición y no su área de estudio – la economía. Afortunadamente, el supervisor en CIMMYT no tuvo inconvenientes con el tema y la instó a proceder. El reto era convencer a su profesor de la universidad sobre el tema y mostrar de qué manera se relacionaba con sistemas alimentarios y economía. Con un poco de trabajo de convencimiento por parte del supervisor del CIMMYT y Christine, el profesor finalmente fue persuadido y el tema se convirtió en el primero para la comunidad de investigación en el departamento de Economía Agrícola en la universidad. Se había hecho bastante en biofortificación y otros productos básicos mejorados a nivel nutricional, pero había un vacío en aceptabilidad y disposición para pagar por maíz de proteína de alta calidad (QPM).

Tras su graduación, Christine estaba ansiosa de aportar en su país el conocimiento adquirido. Regresó a Kenia y se vinculó al Centro Internacional de la Papa (CIP) en el proyecto de Acción en Batata para la Seguridad y Salud en África (SASHA). Una de las áreas foco del proyecto se centraba en cómo se podía usar la batata para mejorar la seguridad alimentaria, la salud y la nutrición en África, especialmente para mujeres y niños de corta edad. Trabajó como asociada de investigación primordialmente apoyando el proyecto Mama SASHA en el occidente de Kenia. En un punto, el líder del proyecto del proyecto Mama SASHA se desvinculó de la organización y, como la mejor candidata para el cargo, fue asignada a Bungoma en Kenia para desempeñarse como líder del proyecto.

Trabajar sobre el terreno fue la mejor experiencia para ella en ese momento. Le brindó la oportunidad de observar de primera mano la diferencia que se lograba cuando niños que sufrían desnutrición se transformaban en personas saludables y alegres al cambiar sus dietas. Los numerosos testimonios que recibió de madres cuyos niños habían pasado por la transformación fue suficiente evidencia de que el trabajo que estaban haciendo estaba teniendo un impacto positivo.

Recuerda haberse sentido afligida por los niños desnutridos que conoció en el hospital cuando llegó por primera vez a Bungoma. Al darse cuenta de que la batata de pulpa naranja podría evitar estas situaciones y en algunos casos incluso revertir la situación, supo que se dedicaría a descubrir el rol que la agricultura jugaba en el mejoramiento de la nutrición. Después de todo, el 90% de la población rural keniana está vinculada a alguna forma de actividad agrícola.

Un año más tarde y con muchas ganas de hacer su doctorado, tuvo la suerte de recibir una beca para proseguir con sus estudios en la línea de los nexos entre la Agricultura y la Nutrición en la Universidad de Göttingen en Alemania en el Departamento de Economía Agrícola y Desarrollo Rural. Además, el profesor al que fue asignada estaba abierto a su interés en nutrición y complacido de orientarla en la investigación.

Emprendió su investigación en Kenia, trabajando con productores de verduras de Kiambu para descubrir cómo la producción de verduras podría mejorar la nutrición de los consumidores urbanos y rurales. Los resultados fueron prometedores y mostraron un nexo positivo entre la nutrición y la producción de verduras a través de dos vías de impacto principales: consumo de producción propia e ingresos mejorados por la venta de verduras, que se invertían en la compra de alimentos nutritivos. Sin embargo, notó que el efecto de la nutrición era más fuerte si las mujeres eran empoderadas, especialmente en la toma de decisiones en el hogar. Este ángulo generó un interés en el empoderamiento de género.

Se presentaron más estudios para mostrar vías de impacto mediante las cuales la agricultura mejora la nutrición, como el empoderamiento de las mujeres, la producción para consumo, el mercado y los ingresos.

Al graduarse, quiso trabajar sobre el nexo de la agricultura y la nutrición para brindar mayor evidencia científica de que la agricultura podría jugar un rol vital en el mejoramiento de la nutrición de los consumidores. Su sueño se hizo realidad cuando fue contratada por el CIAT para trabajar en cadenas de valor para proyectos sobre nutrición.

Resultados tangibles

En su tiempo en el CIAT, uno de sus mayores logros ha sido poder ver el desarrollo real y lanzamiento de las harinas para papilla nutritiva Toto Tosha, Jamii Tosha y Super Kawomera, que fueron el resultado de una alianza entre el CIAT, el Ministerio Federal Alemán para la Cooperación Económica y el Desarrollo/Agencia Alemana de Cooperación Internacional (BMZ/GIZ), socios nacionales y sector privado para prevenir la desnutrición en Kenia y Uganda. Estas harinas han dado lugar a la disponibilidad de papilla nutritiva asequible, especialmente para los consumidores de escasos recursos en los dos países.

Desde una perspectiva económica, la asequibilidad era un componente clave del proyecto para asegurar que las personas de escasos recursos pudieran también tener acceso a los productos nutritivos. Según recuerda, la investigación en las zonas pobres era similar a otras áreas urbanas, solo que en las primeras los resultados eran peores. Los niños menores de cinco años eran alimentados en gran parte con papilla de harina de maíz después del destete hasta por un año. Tristemente, estos niños no fueron amamantados exclusivamente. Estos malos hábitos de alimentación combinados con otros factores dieron como resultado el hambre oculta a pesar de recibir una dosis excesiva de carbohidratos.

“Estos productos contribuirán finalmente a poner fin al panorama de desnutrición que presencié en Bungoma cuando me comprometí para hacer algo en la agricultura para resolver el problema”, comentó.

Entretanto el proyecto llega a su cierre este año, existen algunos vacíos que deben abordarse en la siguiente fase. Estos incluyen la información nutricional inadecuada entre los consumidores; el 90% de la población pobre principal en Nairobi y Uganda consume harina de maíz y mijo, que en su mayoría contiene un mínimo valor nutricional, especialmente si agregan un componente proteínico como la “omena” (Silver Cyprimid) argumentando que es menos costoso.

Toto Tosha y Jamii Tosha tienen seis ingredientes (batata de pulpa naranja, sorgo, mijo, amaranto, maíz y fríjoles precocidos) por diez chelines kenianos adicionales (US$0.1), que a propósito una vez las personas en las zonas pobres se dan cuenta del valor nutritivo de la harina, están dispuestas a pagar por ella.

Apuntándole a la nutrición

Christine no tarda en notar que la sensibilización frente a la nutrición no es un problema en la población pobre únicamente, sino que afecta a consumidores de todos los estratos en la población urbana. La sobrenutrición (sobrepeso y obesidad) es un tipo de desnutrición que se encuentra principalmente entre los consumidores pudientes en las zonas urbanas ya que los problemas de desnutrición son más comunes entre los consumidores pobres. Educar a la gente sobre cuáles alimentos son nutritivos, por qué necesitamos consumirlos, cómo ingerirlos y cómo prepararlos sin que pierdan su valor nutricional es clave.

Christine busca oportunidades de financiación para la próxima fase para aumentar la sensibilización en el tema de nutrición y la adopción de productos nutritivos por parte de consumidores vulnerables. “Consideramos que existe una brecha que estos productos pueden llenar en la población”, dice.

Alianzas para el desarrollo

Trabajar en este proyecto ayudó a clarificar la importancia de colaborar con el sector privado para enfrentar la malnutrición. “En términos de desarrollo de productos y sostenibilidad y uso de tecnología de secado, sin la participación del sector privado, la investigación bien podría haberse quedado en mi repisa como artículos de investigación”.

La tecnología de secado que fue introducida en el proyecto fue un secador solar eficiente que puede usarse para diversos productos básicos agrícolas. “Ha funcionado muy bien con productos evaluados como fríjol, maíz, yuca, amaranto, verduras y frutas, y puede asumir un rol importante en reducir la pérdida poscosecha y la contaminación en los productos básicos agrícolas”, concluye.

Además de su fascinante trabajo de investigación en el CIAT, Christine está casada y es madre de dos niñas. Admite que balancear su labor como madre y su carrera profesional no es una tarea fácil, pero vive según el mantra “Aprovecha al máximo el tiempo que tienes para la tarea específica que tienes entre manos”.

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